PACTO DE AMOR – Capítulo 2

Aquella noche, Dámaris y Mildred se encontraron a las diez en el Kilómetro 0 como habían acordado y esperaron a que llegaran Elio y Veva, que había sido avisada por Mildred para salir de marcha el día antes de comenzar su carrera de Periodismo. También se presentaron Scarlet y Topacio. Fueron todos juntos en dirección a la Discoteca Club Mito, a donde casualmente también se dirigían los Bustamante. Como eran las 22: 45 y la discoteca no abría sus puertas hasta las 23:30, se fueron al Bar Truco, situado en la Plaza de Chueca, donde coincidieron sin conocerse, cada cual por su lado.

            Mientras, en Buenos Aires, Regina y Cynthia estaban en la tienda Modas Quintana Bustamante, donde trabajaban a las órdenes de su hermana Esmeralda. Como apenas no tenían clientela a esas horas, conversaban sobre sus sobrinos y el temor de los Bustamante a volver a cruzarse con los Monteblanco. Al llegar, Esmeralda les oyó hablar del tema, por lo que no dudó en meter baza hablando del mismo asunto.

            Ismayá Bustamante fue acompañado al aeropuerto de Buenos Aires por sus hermanos Mauri, Chechu, Aquiles y Moidani, que lo invitaron a cenar en el restaurante que había en el aeropuerto. Ismayá tenía ganas de llegar a Madrid cuanto antes para así desconectar por una temporada de su vida en Argentina.

África Villarreal estaba en su tienda, donde pensaba en su soñada publicación de la novela que estaba escribiendo, una bonita historia de amor titulada “Ave de Amor”, basada en su última pero frustrada historia de amor con Jeremy Monteblanco, primo de Dámaris.

            En Madrid, Rubén, Rocío y Samuel se fueron a la Discoteca Club Mito, lo mismo que hicieron quienes iban con Dámaris Monteblanco; mientras, al llegar a la discoteca, Rubén, Samuel y Rocío escucharon que estaba sonando la canción Mi tierra, de Gloria Estefan y subieron a la pista a bailar, llenos de alegría por bailar esa canción en España, aunque les recordara a su Argentina, su tierra natal, a la que volverían tras pasar unos días más. Lejos estaba Rubén de imaginar que pronto cambiaría de opinión y querría quedarse en Madrid para siempre. Por su parte, Rocío pensó que esa noche tenía que ligar, por lo que se puso a mirar con ojos de loba al acecho para cazar algún tío bueno que se le pusiera por delante.

            Mientras, Esmeralda Quintana de Bustamante oyó una noticia por televisión que la dejó de una pieza: René Monteblanco, el multimillonario petrolero de Buenos Aires se había mudado a la capital de España con toda su familia, lo que corrió a contar a sus hermanas Regina y Cynthia, que estaban colocando ropa nueva en los escaparates de la tienda.

REGINA: Es terrible. Ahora sí que no pienso que exagerabas al temer que tus hijos conozcan por casualidad a alguno de los monstruitos del estúpido matrimonio Monteblanco.

CYNTHIA: Pero ahora sí que tenés que hacer algo, Esmeralda. Bajo ningún concepto debés permitir que esa familia se vuelva a cruzar en nuestras vidas…

ESMERALDA: ¡Por supuesto que no pienso permitirlo! Quédense en la tienda. Voy a platicarle esto a Zafiro. Es muy grave.

REGINA: Aunque te digo una cosa, Esmeralda: Madrid es muy grande. No es tan fácil coincidir en un mismo lugar.

ESMERALDA: Queridita, eso ya lo sé yo. Pero basta que sea difícil, como para que, por una de esas malditas casualidades de la vida, vayan a coincidir en la misma zona.

REGINA: En eso no te falta razón, che.

ESMERALDA: Claro. Yo siempre tengo razón en lo que digo. Bueno, lo dicho, chicas. Me voy a hablar con mi marido. Hasta luego…

CYNTHIA Y REGINA: Hasta luego.

            Ismayá estaba en el avión leyendo el periódico español El Mundo, en el que leyó la noticia que tanto había alarmado a su madre, pero al ignorar las guerras del pasado entre su familia y la de los Monteblanco, no le prestó mucha atención y le pasó desapercibida como una más.

Dámaris Monteblanco llegó con sus acompañantes a la Discoteca Club Mito, donde en esos momentos sonaba la canción Bamboleo cantada por Julio Iglesias, que se pusieron a bailar nada más dejar las chicas sus bolsos junto al de Rocío Bustamante, que, al ver a Elio, se fijó en él de arriba abajo; le pareció muy guapo, de modo que decidió presentarse. El hermano de Mildred no supo qué decir a tan escultural belleza, pero se presentó y le dio dos besos.

ELIO: ¿Qué hace una chica tan guapa como tú en un sitio como éste?

ROCÍO: Lo mismo te pregunto yo a ti, tío bueno.

ELIO: Vaya, muchas gracias. Tú tampoco estás nada mal, pero es que mira, no quiero ser descortés, pero yo estoy enamorado de otra muchacha. Te la voy a presentar.

ROCÍO: ¿Pero quién habló de enamoramiento?, ¿acaso es tu novia?

ELIO: No, pero como si lo fuera, porque la amo…

ROCÍO: ¿Y si no te corresponde, qué?

ELIO: Pues lucharé por ella…

ROCÍO: Vale papito, pero déjate de querer presentármela hoy. Esta noche me gustaría pasarla contigo…

ELIO: ¡Vaya, qué directa!, ¿no crees que deberíamos conocernos un poco más?

ROCÍO: Okey, pues si quieres, vente conmigo y hablamos, bailamos, tomamos algo y si surge algo más, pues ya se verá.

ELIO: Muy bien. Eso ya me parece mejor plan. ¿Has venido sola?

ROCÍO: No, vine con mis primos Rubén y Samuel, pero estarán buscando compañía para esta noche…

ELIO: Uy, pues si quieres yo les puedo buscar compañía; vengo con algunas chicas. A menos que…

ROCÍO: ¿A menos que qué?

ELIO: A menos que tus primos sean gais…

ROCÍO: ¡Uy, qué va, chico! ¿Lo dices porque estamos en Chueca?

ELIO: Pues sinceramente sí.

ROCÍO: Pues no, mis primos son heteros ambos, que yo sepa.

ELIO: Entonces ve a buscarlos si quieres, yo te espero aquí y mientras pido algo de beber, que me parece muy feo no consumir en un sitio tan agradable como éste. ¿Qué quieres tomar, guapa?

ROCÍO: Okey, guapo. Voy a buscarles. Pídeme un cubata de lo que sea. Me fío de tu buen gusto.

ELIO: Como quieras. No te arrepentirás. Tengo buen gusto.

ROCÍO: No lo dudo.

Esmeralda Quintana De Bustamante llegó hecha una furia al despacho de su esposo, que la recibió, ya enterado de la noticia por el canal internacional de Televisión Española.

ESMERALDA: ¿Lo sabías?, ¿desde cuándo?

ZAFIRO: Calmate, que te da un ataque, mujer. Me acabo de enterar ahora mismo… Es más, estaba por llamarte…

ESMERALDA: ¿Y qué pensás hacer?

ZAFIRO: ¿Vos qué me propones?

ESMERALDA: Por lo pronto, que los chicos vuelvan hoy mismo…

ZAFIRO: Cariño, exageras. Además, Ismayá va de camino a Madrid para pasar unos días con Rubén y Samuel.

ESMERALDA: Bueno, es cierto. Que se queden hasta la semana que viene. Pero después ni un día más, a no ser que vayamos nosotros o que tengan que ir por trabajo, que si es así, irás vos.

ZAFIRO: Okey, yo mañana llamo a Rubén.

            Elio vio como llegaban Dámaris, Mildred, Veva, Scarlet y Topacio, quienes pidieron un cubata cada una a Jeremy Monteblanco, que había resultado ser uno de los camareros de la Discoteca Club Mito. Al ir con sus bebidas a la pista, Elio les contó que había conocido a una bella joven de ojos verdes que le había propuesto pasar esa noche juntos, lo que hizo reírse a las chicas.

Por su parte, Rocío vio como sus primos salían del aseo y les miró con extrañeza, pues le parecía raro que en tanto rato buscándoles no les hubiera encontrado.

ROCÍO: ¿Se puede saber qué hacían tanto tiempo en el excusado?

RUBÉN: Lo que pasa Rociíto, es que estaban llenos y tuvimos que esperar un buen rato a entrar…

SAMUEL: A ver si vas a pensar que nosotros somos gais, que no es así…

ROCÍO: Okey. Cambiando de tema, ¿ustedes quieren compañía para esta noche?

SAMUEL: Pues sí, ¿por qué no?

RUBÉN: ¿Pero por qué lo preguntas? ¿Acaso vos ya encontraste un pibe para esta noche?

ROCÍO: Sí. Se llama Elio Vega y me dijo que ha venido con unas amigas suyas…

RUBÉN: Pues vamos, ¿dónde están?

ROCÍO: Quedé en verlo en la barra, pero ahorita no lo veo…

Pero no tardó en dar con él, ya que a esa hora había poca gente en Mito. Tras llamarle, Elio acudió con Topacio al encuentro de Rocío, Rubén y Samuel.

ROCÍO: Buenas noches de nuevo, Elio. ¿Me presentas a tu amiga?

ELIO: Buenas… Pues no es mi amiga. Es mi hermana Topacio, pero es como si fuera una buena amiga, porque nos llevamos genial. ¿Y tú no me presentas a tus primos?

ROCÍO: Claro, Elio. Te presento a mis primos Rubén y Samuel. Él es Elio y ella, Topacio.

RUBÉN: Encantado. Topacio, qué bonito nombre…

TOPACIO: Gracias…

SAMUEL: Lo mismo digo. Un placer conocerlos, che.

ROCÍO: Te habrán dicho alguna vez que tienes nombre de telenovela…

TOPACIO: Sí, tantas veces que ya perdí la cuenta.

ROCÍO: “Topacio” era el título de una telenovela un poco antigua…

TOPACIO: Sí, y la verdad es que me encanta esa novela. Es más, mi mamá me puso el nombre por la telenovela que protagonizó Grecia Colmenares.

ROCÍO: Anda, qué gracia. Elio, voy a pedir algo pa’ nosotros y ahorita vamos con ustedes…

ELIO: Okey, nos vemos ahora.

Dámaris preguntó quiénes eran Rubén y Samuel, a lo que Elio respondió que en ese momento estaban en la barra. Dámaris vio a Rubén a lo lejos y le pareció un chico muy atractivo, por lo que fue a él, que en ese momento estaba pidiendo un mini de Kalimotxo para él. Samuel también pidió otro y se fueron hacia donde estaban los Monteblanco. Dámaris había ido al aseo, pues al acercársele Rubén, le dio corte saludarle. Él, como no la conocía, aunque también se le quedó mirando, se fue hacia la pista con Samuel y Rocío, que al llegar donde estaban Elio y los demás, se presentaron los que no se conocían. A los pocos segundos volvió Dámaris, que al mirar a Rubén sintió algo muy bello en su interior cuando él la miró, un intenso flechazo.

DÁMARIS: Hola, me llamo Dámaris Monteblanco Morenis, encantada. Soy argentina, de Buenos Aires, ¿y vos?

RUBÉN: Lo mismo digo. Yo soy Rubén Bustamante Quintana. Y también soy bonaerense.

DÁMARIS: ¡Qué casualidad, che!

RUBÉN: La verdad que sí, mirá, dejame presentarte a mi hermano Samuel y mi prima Rocío.

En ese momento comenzó a sonar en la discoteca la canción Sí, señor de Gloria Estefan. Rubén también sintió ese flechazo y estuvo casi toda la noche bailando con Dámaris y hablando con todo el grupo. Samuel, por su parte, congenió muy bien con Topacio, a quien le gustó el hermano de Rubén desde el primer momento en que lo vio.

             Esmeralda no podía siquiera imaginar que su deseo de que los Monteblanco no se cruzaran en el camino de su familia se acababa de hacer trizas, ya que uno de sus hijos se estaba enamorando de una de las hijas de René y Laura, quienes, en Cádiz, conversaban mirando al mar sobre sus hijos y el futuro que les aguardaba tras la mudanza, que esperaban fuera beneficiosa para todos.

Isaías y América se despidieron de su abuela Alfonsina, tras de lo cual se fueron a Mito, donde se encontraron con Dámaris y su grupo, que le presentaron a los primos Bustamante cuando en la discoteca sonaba la popular canción Bailando, popularizada por Alaska y los Pegamoides.

            Ismayá recibió una llamada en su móvil. Era su madre, que le reveló el odio que sentían los Bustamante hacia la familia Monteblanco desde siempre. Ismayá prometió a su madre alejarse de tal familia si se cruzaban con ellos. Ni se podía imaginar que ya era demasiado tarde, pues Rubén le estaba pidiendo a Dámaris en ese momento que saliera con él como novia, lo que la bella joven prometió pensar, aunque sentía quererlo desde esa noche.

            Isaías entabló en pocos minutos una animada conversación con Rocío y Mildred, que se maravillaron al saber que el hermano de Dámaris iba a grabar un anuncio de televisión; todo gracias a Veva Vega, que al darse cuenta de que habían coincidido quiso hablar más con él a fin de contratarle en la agencia.

VEVA: ¿Sabes?… Tienes un haz de luz peculiar como persona. Me caes muy bien. He decidido algo que te va a encantar.

ISAÍAS: Gracias por el cumplido, che. Nunca me dijeron algo tan lindo. Pero decime, por favor, ¿de qué se trata?

VEVA: Quiero contratarte en mi agencia de modelos.

ISAÍAS: ¿De veras? Eso suena fantástico

VEVA: Y tanto. Por supuesto, el spot ya lo tienes asegurado. Sólo queda esperar a que nos den el guion.

ISAÍAS: ¿Y qué tipo de contrato es?

VEVA: Incluye varios campos: por ejemplo, para ser imagen de revistas de moda conocidas en España y en todo el mundo. Firmás mañana si podés.

ISAÍAS: Por supuesto… ¿A qué hora?

VEVA: Pasate a las cinco de la tarde, así no tenés que madrugar.

ISAÍAS: Okey, pues allá estaré. Muchas gracias por darme esta oportunidad.

VEVA: No lo agradezcas. Vos te lo merecés.

            América preguntó a Rubén si de verdad quería ser novio formal de Dámaris.

RUBÉN: Pues claro, che. Fue un flechazo… Yo la quiero y la haré muy feliz si acepta ser mi novia.

AMÉRICA: Me caes muy bien. Voy a animar a mi hermana para que te acepte, porque te veo muy seguro de lo que dices, aunque sea algo precipitado, se acaban de conocer y ya decís que la querés…

RUBÉN: Lo entiendo… Muchas gracias por tu confianza.

AMÉRICA: De nada.

Dicho y hecho. América animó a Dámaris a aceptar a Rubén Bustamante como novio, lo que la enamoradiza joven aceptó, pues a causa de la actitud insistente del hermano de Samuel, demostraba que hablaba en serio cuando le había pedido ser su novia.

DÁMARIS: Me convenciste, voy a hablar con Rubén para decirle que lo acepto como novio formal.

AMÉRICA: Adelante, podés contar con mi apoyo.

DÁMARIS: Gracias, América.

Acto seguido, Dámaris buscó a Rubén por la discoteca, pero no lo encontraba, pues el joven había ido al aseo, lo que le informó América cuando preguntó de nuevo por el apuesto galán.

Samuel llamó por teléfono a Ismayá para saber cómo le iba en el viaje, lo que éste aprovechó para hablarle a Samuel del odio de los Bustamante hacia la familia Monteblanco, lo que dejó al atractivo Samuel sin poder dar crédito; Samuel le comunicó a un sorprendido Ismayá que habían conocido a los hijos de René y Raquel Monteblanco y que hasta se estaban haciendo buenos amigos. Ismayá no sabía cómo reaccionar, teniendo en cuenta las advertencias de su madre poco antes; no podía creer aún lo que había oído sobre el cruce del destino entre los Bustamante y los Monteblanco, por lo que llamó a su primo Felipe, que era gay, residente en Chueca. Cuando éste supo de tal cruce de destinos, no lo podía creer y le juró a su primo que intentaría advertir a los Bustamante de que por generaciones habían odiado a los Monteblanco. Por esto, Felipe, que era hermano de Rocío, fue a Mito para actuar en defensa de su familia.

            Rubén salió de acicalarse en el aseo y Dámaris le abordó para decirle que aceptaba ser su novia, lo que hizo muy feliz al hermano de Ismayá, quien en ese momento estaba hablando con su madre sobre lo sucedido en Madrid, lo que hizo gritar de rabia a Esmeralda, que acto seguido llamó a Felipe para rogarle que alejara a los Monteblanco de sus hijos; el hermano de Rocío añadió que en ese momento se encaminaba a la discoteca donde estaban sus primos, lo que al esposa de Zafiro agradeció, más tranquila al saber que su sobrino defendería el honor de su clan. La mujer no tardó en contarle lo sucedido a su esposo, que enardeció de cólera al saber el lío que había tenido lugar en Madrid. Era muy exagerado, por lo que propuso a su esposa marchar toda la familia a Madrid a fin de enfrentarse a los Monteblanco, lo que la hermana de Regina y Cynthia ni se paró a pensar, aceptando en ese mismo momento.

            Rubén y Dámaris, muy felices, comunicaron a sus amigos y familiares una noticia: “Somos novios”, lo que alegró a todos, menos a Samuel, que se preocupó en gran manera al recordar lo que Ismayá le había comunicado, pero no quiso enturbiar tal emotivo momento. Pero sintió que debía actuar de otro modo al llamar a Ismayá para comunicarle que Rubén se acababa de hacer novio de una Monteblanco, lo que impactó aún más a Ismayá, que no tardó nada en informárselo a su madre, que se desmayó al saberlo; mientras, Isaías felicitó a su hermana, lo mismo que hizo América, quien también pidió a Rubén por segunda vez que la hiciera muy feliz.

RUBÉN: Descuida, juro por Dios que nunca la haré sufrir.

Zafiro encontró a su esposa desmayada y pidió a Mari Lupe que le llevara agua para echársela por encima, lo que la mucama no tardó en obedecer. Zafiro mojó a su mujer en la cara, que volvió en sí repitiendo sin cesar el nombre de Rubén.

ZAFIRO: ¿Se puede saber qué pasó con Rubén?

ESMERALDA: Pues que se hizo novio de una Monteblanco. Con Dámaris Monteblanco, hija de René y Raquel.

Tal noticia cayó al patriarca como un jarro de agua fría, más bien helada, mientras Felipe llegó a Mito y fue informado por Samuel de la relación entre Rubén y Dámaris, lo que enfureció al sobrino de Esmeralda.

Ismael Villanueva guardaba un secreto para sí que no se atrevía a revelar; mucho menos a Andrés David, que le odiaría aún más si supiera que Ismael era homosexual; mientras, Margamariana no podía dormirse. Tenía oculto el secreto de la paternidad de Andrés David y sentía que debía revelarlo. Se propuso decirle a su hijo que su padre era un rico banquero, lo que consultó con Soledad Villanueva, que le aconsejó a su hija que no lo hiciera, pues Andrés David estaba últimamente muy agresivo, por lo que Margamariana aceptó callar de momento.

Felipe pasó a la acción al ver a Rubén con Dámaris Monteblanco y pidió a su primo hablar con él en privado, lo que éste aceptó, intrigado; cuando se alejaron, Dámaris preguntó a Samuel quién era el individuo que no la había saludado y se había llevado a su novio tan misteriosamente. El hermano de Rubén le confesó la verdad, lo que entristeció el alegre corazón de la joven Monteblanco, que corrió llorando a contárselo a Elio, que no podía creer lo que Dámaris le contaba muy nerviosa. Por su parte, ya a solas, Felipe le contó a Rubén el tema del enfrentamiento entre las familias Bustamante y Monteblanco, dejando a su primo sin palabras.

RUBÉN: ¿Puedo saber qué pretendés vos decirme con eso de que las dos familias están enfrentadas desde hace años? Eso yo lo sé…

FELIPE: Tenés que terminar con esa relación con Dámaris, tan sencillo como eso… Si lo sabés, con mayor razón…

RUBÉN: ¿Vos estás loco? ¡Para nada pienso cortarla con Dámaris Monteblanco por enfrentamientos familiares del pasado! No se me pega la gana, che…

FELIPE: Pues si no lo haces, me temo que tendrás a tu familia en contra tuya para siempre…

RUBÉN: Me importa un carajo. Aunque el mundo entero se oponga, no sólo voy a seguir con Dámaris Monteblanco, sino que me casaré con ella en un futuro si ella quiere.

FELIPE: Bueno primo, ya estás avisado. Yo te dejo. Haz lo que quieras. Sólo te aviso de que tus viejos vienen a España. Creo que ya se enteraron por Ismayá de tu nuevo romance, loco. Me voy, ciao.

RUBÉN: Hasta luego, primo.

Pero Felipe no se fue, pues Rocío le cogió por banda.

ROCÍO: No te había visto antes, hermanito… ¿Con quién viniste?

FELIPE: Vine solo… Resulta que a nuestro primo Rubén se le cruzaron los cables al hacerse novio de la tal Dámaris Monteblanco…

ROCÍO: ¿Y eso por qué?

Felipe le reveló lo sucedido hace años y todo sobre el enfrentamiento de ambas familias, lo que a Rocío pareció una soberana estupidez.

ROCÍO: Pero eso pasó hace muchos años… Yo le daré todo mi apoyo a Rubén.

FELIPE: Pues olvídate entonces de que soy tu hermano…

Dicho esto, se marchó dejando a su hermana sin dar crédito mientras Dámaris contaba a América lo que le había dicho Samuel. La atractiva rubia se quedó de una pieza; tampoco tardaron en enterarse Isaías, Mildred, Topacio y Veva, que aconsejaron a Dámaris que luchara por su amor.

            Felipe llamó a Esmeralda para comunicarle que Rubén se había opuesto rotundamente a dejar a Dámaris Monteblanco, lo que enfureció a la esposa de Zafiro, que le aseguró que ellos iban a armar un escándalo al llegar a Madrid.

ESMERALDA: Voy a armar la de Troya en Madrid. Eso te lo juro.

FELIPE: Sabes que podés contar con todo mi apoyo, tía.

ESMERALDA: Gracias, queridito. Vos sí que sabés lo que es defender el apellido de la familia y no como el pelotudo de mi hijo.

            Dámaris vio como Rubén se acercó a ella y la besó apasionadamente, tras de lo cual, su novia le contó que Samuel le había dicho todo sobre el enfrentamiento entre sus familias.

RUBÉN: Pero no nos van a separar. Eso si vos querés seguir conmigo, claro está.

DÁMARIS: Yo no pienso cortarla con vos… Te amo, Rubén, y estoy dispuesta a luchar por tu amor contra viento y marea…

RUBÉN: Qué preciosa sos. Hagamos un pacto de amor, Dámaris…

DÁMARIS: Qué lindo suena…

RUBÉN: Sí… Un pacto de amor que te juro ahora mismo por mi vida. Pase lo que pase jamás te dejaré. Siempre te amaré. Lucharé contra quien se oponga a nuestro amor, te lo juro mi Dámaris… Aunque el mundo entero se oponga, estaremos juntos. ¿Pactado?

DÁMARIS: Pactado, mi Rubén. Pase lo que pase siempre estaremos juntos a pesar del odio de nuestras familias.

Estas palabras las oyó Rocío, que les apoyó en su pacto.

Por su parte, Isaías llamó a su abuela para contarle del noviazgo de Dámaris con Rubén Bustamante, pues sabía que estaba aún despierta. La mujer no podía creer lo que oía al escuchar el apellido Bustamante; mucho más perpleja se quedó cuando se enteró de que no ignoraban el odio entre las dos familias y que aun así habían jurado amarse, aunque el mundo entero se opusiera. Ahora sí que Alfonsina Sevilla no dormiría en toda la noche; Isaías no fue el único en informar a la abuela, pues Zafiro llamó a su madre para darle la noticia del noviazgo entre su nieto Rubén y una Monteblanco, lo que preocupó mucho a Sevilla Puerto.

            Al día siguiente, Zafiro y Esmeralda llegaron a la Mansión Bustamante madrileña junto con toda su prole. Ni Mauri se quedó en Argentina, saliendo de allá a las cuatro de la tarde, cuatro horas después de que llegara Ismayá, que se había enfrentado a Rubén para que dejara a Dámaris sin conseguir nada. Mucho menos consiguió Zafiro, que exigió a Rubén dejar a su novia.

RUBÉN: ¡¡¡Ni lo sueñes!!!, esa guerra entre familias está injustificada. Han pasado muchos años desde aquellos enfrentamientos.

ZAFIRO: Pues yo me opongo rotundamente a esa relación.

RUBÉN: Me importa un carajo, che. Yo voy a seguir con Dámaris quieras o no.

ZAFIRO: Muy bien. Pues ya podés irte despidiendo de tu trabajo en el banco, lo acabás de perder.

RUBÉN: Haz lo que se te venga en gana, viejo. Yo tengo bienes que vos no conocés.

ZAFIRO: Pues haz con ellos lo que se te venga en gana, porque yo no pienso permitir que vos pises esta casa mientras no dejes a esa tipa.

RUBÉN: Ni te atrevas a insultar a Dámaris porque ni siquiera la conocés.

Esmeralda irrumpió furiosa en la conversación dándole de bofetadas a Rubén, que no podía dar crédito a la furia de su madre. Sevilla intercedió en favor de su nieto diciendo a su hijo que Rubén tenía razón en lo que decía, ya que el enfrentamiento del que hablaban era cosa del pasado; Esmeralda, aún más agitada, mandó callar a su suegra. No conforme con tal falta de respeto, sacó un arma de su bolso y amenazó de muerte a la mujer. Zafiro, estupefacto, le quitó la pistola a su esposa, que arrepentida, pidió perdón horas después a su suegra, que juró vengar la amenaza de muerte.

            Por su parte, Rubén se reunió con sus hermanos para comunicarles su decisión de irse a vivir a su piso en el barrio castizo de La Latina, en pleno centro de Madrid, lo que todos criticaron, aunque al saber que era por amor, cambiaron de parecer y quisieron apoyarle; todos juraron no revelar el lugar donde viviría a partir de ese día. Rocío también juró no decir nada cuando le fue comunicado minutos después, lo que su primo le agradeció con un fuerte abrazo.

            Dámaris llamó a su amiga África para contarle que desde la noche anterior había comenzado a vivir un amor de telenovela, contando con detalle lo sucedido la noche anterior, lo que dejó estupefacta a la bella escritora.

Esmeralda llamó a Felipe para tramar juntos un plan cruel y despiadado: asesinar a Dámaris Monteblanco, lo que el malvado hermano de Rocío aceptó sin pensar. Zafiro escuchó la conversación y no dudó en apoyar a su esposa en planear un crimen por motivos tan injustificados.

Elio estaba ardiendo de indignación por lo sucedido la noche anterior entre Dámaris y Rubén; Mildred se lo notó y le pidió que no se lo tomara tan a la tremenda, pues no iba a conseguir nada.

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Buenos Aires, año 2000. Juan Carlos acoge a su amigo Lucas en su casa después de una tragedia familiar y le presta dinero para que comience de cero con la condición de que se lo devuelva trabajando en la agencia de detectives donde le acaban de ascender. Cuando Lucas comience a trabajar allí, deberán enfrentarse a retos que nunca hubieran imaginado, así como lidiar con las envidias e intrigas de Valeria, Dayana y Aurora, tres perversas mujeres que les harán la vida más difícil usando a su antojo las circunstancias del clan Pizzetti, los dueños de la agencia…

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PACTO DE AMOR -CAPÍTULO 1

CAPÍTULO 1

Dámaris Monteblanco tenía una gran ilusión dentro de sí, que pronto, se prometió dar a conocer ante su gran familia. Ella era una joven adolescente de 19 años de cabello y ojos castaños claro; de siempre había sido una magnífica estudiante, que destacaba entre sus compañeros, aunque no considerada como la típica empollona por antonomasia. Nació en Buenos Aires, capital de la República Argentina, donde últimamente no se sentía muy segura viviendo, pese a la violencia, que cada día aumentaba más. No sólo por la violencia sino por la crisis política y económica que por aquel entonces atravesaba el país andino. La gran ilusión que tenía dentro de sí era ser fotógrafa, una profesión que le había encantado desde que tenía 11 años; su vocación fue más evidente aun cuando a esa edad hizo un magnífico reportaje en la boda de unos amigos de la familia, que al ver las fotos quedaron maravillados y hasta quisieron pagarles por el reportaje, pero ni Dámaris ni sus progenitores quisieron aceptarlo, pues era un regalo para los recién casados. Desde aquel momento, Dámaris decidió que lucharía por ser fotógrafa. Y estaba comenzando a cumplir su gran sueño, ya que sus padres habían decidido una semana atrás irse del país que había visto nacer a toda su descendencia. Los Monteblanco eran catorce en la casa. René Monteblanco era el patriarca, que había visto con gran orgullo y felicidad nacer y crecer a sus doce hijos, de quienes estaba muy orgulloso. Raquel Morenis era su feliz esposa, la matriarca del clan. Era una irreprochable mujer como esposa y madre, que amaba a sus doce hijos con toda el alma, a todos por igual. No tenía ningún favorito. Los hijos de René y Raquel se llamaban: Dámaris, América, Esmerdis, Tiziano, Ricky, Lisandro, Asahel, Víctor Elías, Lucas, Mateo, Isaías y Nino. Corría el año 2000, como corren todos los años, que se pasan volando. Y así era, pues ya era el mes de abril. El día 9, que caía en domingo, la familia Monteblanco visitó la ciudad de Rosario, una de las ciudades más cercanas a Buenos Aires. Y es que iban a darles la noticia de su mudanza a una gran amiga de la familia: África Villarreal, una joven de 24 años que tenía unos preciosos ojos verdes; África trabajaba como dependienta en una tienda de comestibles a media jornada; el resto de su tiempo lo dedicaba a escribir su primera novela, pues desde muy joven sintió la llamada de las letras y había sido desde siempre una apasionada de la literatura. Su gran sueño era publicar su novela y trabajar en la oficina de una prestigiosa editorial de su ciudad: Editorial Villarreal, que había sido presidida por sus tíos hacía muchos años. Al saber de la mudanza de los Monteblanco, les deseó suerte, asegurando que les echaría mucho de menos.

DÁMARIS: Pero bueno, si querés nos podemos escribir, amiga.

ÁFRICA: Es verdad, che, por correo electrónico, por carta o como sea, pero seguiremos en contacto. Nuestra amistad es para siempre.

DÁMARIS: Ni lo dudes, che.

RAQUEL: Para despedirnos, queremos cenar contigo esta noche. Mañana nos marchamos a España.

ÁFRICA: Por supuesto. Esta noche vamos a cenar al Restaurante “Peña Rocas”. Nos vemos allá, ¿okey?

RENÉ: Buena elección. Ciao, preciosa. Hasta la noche.

René era hombre de pocas palabras, lo que siempre se notaba en sus relaciones interpersonales.

            Mildred Vega era una bella joven de 24 años. Era la mejor amiga de Dámaris y su ilusión era estudiar Periodismo en España; su sueño no tardaría en hacerse realidad, pues en una semana viajaría a la capital española con sus hermanos Elio y Hércules, y con sus hermanas Veva, Scarlet y Topacio; se alojarían en casa de su prima Ámbar Vega, que vivía en el madrileño barrio de Oporto, cerca de la Plaza Elíptica. Los hermanos Vega eran huérfanos de padre desde hacía cuatro años en un accidente de tráfico en el que también fallecieron los padres de Ámbar y los abuelos de ambos. Fue una tragedia horrible, pero el tiempo pasó y lo fueron superando. Ahora era tiempo de que los hermanos Vega se reunieran con su prima y dejaran su casa de Buenos Aires.

Mildred recibió una llamada telefónica de su prima, quien le pidió que adelantaran el viaje, pues tenía muchas ganas de verlos, a lo que Mildred respondió que así sería, pues un año separados era mucho. Y es que, aunque los hermanos Vega amaban mucho su tierra argentina, les resultaba un poco difícil marcharse, pero sabían que era lo mejor para no sufrir, pues de seguir viviendo en aquella casa llena de recuerdos, podrían volver a deprimirse. La muerte de sus padres había sido traumática para el menor de ellos, el pequeño Hércules, que era muy rebelde y no hacía ningún caso a ninguno de sus hermanos, aunque con quien mejor se llevaba era con Elio. Ámbar Vega trabajaba como teleoperadora en MoviStar. Se quedó sola cuando murieron sus padres junto a los de sus primos, que eran la única familia que le quedaba. Elio Vega era un apasionado de la música, que se llevaba a las mil maravillas con Hércules, su hermano pequeño pese a que era un rebelde que parecía incorregible. Minutos más tarde, Mildred llamó a Ámbar de nuevo para informarle que estaba confirmado: adelantaban el viaje, lo que alegró mucho a su prima española.

La familia Monteblanco dio un largo paseo por la ciudad de Rosario. A las nueve de la noche llegaron al Restaurante “Peña Rocas”, donde habían quedado con África Villarreal, que tardó cinco minutos en llegar al lugar. Cuando ya estaban todos, se sentaron a la mesa para quince que habían reservado. La cena transcurrió tranquila y agradable. La escritora les aseguró que cuando visitara Madrid les avisaría sin lugar a dudas.

Elio comentó con Scarlet la posibilidad de presentar su maqueta en una discográfica, lo que a Scarlet pareció muy buena idea, ya que su hermano tenía una buena voz para cantar. No le cabía duda de que podría llegar a ser muy famoso por sus canciones, ya que también componía.

            Scarlet estaba muy unida a la familia Monteblanco desde que, hacía ya cuatro años, era novia de uno de los hijos varones de René, el apuesto Mateo, con quien se había comprometido en enero de ese mismo año; estaban tan enamorados como el primer día. Ella misma puso fecha de boda: el 15 de agosto de 2000 en Buenos Aires. Aunque se iban a ir a España en breve, no tenía miedo de que su amor se fuera a enfriar, pues la familia Monteblanco también se mudaría a la capital española.

Al día siguiente, Dámaris llamó a Mildred para comunicarle su viaje ese mismo día; su mejor amiga le sorprendió al contarle lo mismo.

MILDRED: Te me adelantaste, queridita…

DÁMARIS: Qué casualidad, che. Pues vámonos todos juntos. Al fin y al cabo, somos una gran familia, ya que pronto se casarán Mateo y Scarlet.

MILDRED: Eso mismo pensé yo. Está bien. Nos vemos en el aeropuerto de Buenos Aires a las once de la mañana, justo a la entrada. Chao, guapa. Nos vemos.

DÁMARIS: Pa’ guapa, vos, reina. Ciao, nos vemos en breve.

Dámaris estaba radiante de ilusión por emprender el viaje a Europa.

Elio estaba deseando volver a Madrid; para él era una ciudad en la que le gustaría casarse y formar una familia en un futuro. Su gran pasión era la música e intentaría hacerse un hueco en el mundillo de la canción, donde a veces tan sólo se apreciaba el físico de las personas y no el talento, como por desgracia pasaba en algunas ocasiones.

Las familias Monteblanco y Vega se reunieron como habían acordado previamente en el Aeropuerto de Buenos Aires, donde a las dos de la tarde comieron, y una hora después, el avión despegó rumbo a España.

Rubén Bustamante se sentía un poco agobiado con tanto trabajo. Apenas podía dedicarle tiempo a sus padres y hermanos. Los Bustamante eran una bonita y numerosa familia argentina. Tenía diez hermanos, todos ellos varones, por lo que su madre, una bella mujer de nombre Esmeralda Quintana, soñaba con tener una hija, deseo compartido por su flamante esposo, un banquero afortunado del que su nombre indicaba ser un hombre de éxito: Zafiro Bustamante. Había sido padre de diez varones. Se llamaban: Rubén, Ismayá, Mauri, Aquiles, Samuel, Álex, Julián -alias “Chechu”-, Guillermo José –alias “Williche”-, Cristian, Flavio y Moisés Daniel -alias “Moidani”-.

            A Rubén le gustaría estar en Madrid, lo que comentó con su padre, que le dio una buena noticia: en pocos días le enviaría a la capital de España por negocios del banco, añadiendo que, si era su deseo, podría quedarse tras resolver las gestiones correspondientes. Esto alegró en gran manera a Rubén, que preguntó a su progenitor con quién iría, a lo que éste contestó que iría con Samuel, lo que alegró al emprendedor muchacho, pues Samuel era el hermano con quien mejor se llevaba. Justo en ese momento entró Samuel, informando de que Mari Lupe, Marisela y Eliana ya habían preparado la comida.

ZAFIRO: Está bien, vamos a comer. Marcharán a Madrid mañana mismo…

RUBÉN: Como vos quieras, papá. ¡¡¡Que nos vamos pa’ Madrid, Samuelete!

SAMUEL: Por mí encantado de viajar con vos, hermanazo.

Las mujeres mencionadas por Samuel eran Mari Lupe Gálvez, Marisela López y Eliana, las mucamas de la familia Bustamante.

            En el avión rumbo a España, Isaías y Elio hablaban de su pasión en común: la música. Isaías auguró al hermano de Mildred un gran futuro brillante en la música, lo que el chico agradeció.

            América Monteblanco era la primera que se había marchado a Madrid pues ya tenía trabajo. Era una peluquera titulada. Tenía 26 años y se fue a España en el mes de marzo. Vivía en un apartamento pequeño en el barrio de Fuencarral. Prefirió eso a irse a la mansión ella sola, lógicamente, ya que era muy grande para ella irse sola allá. La mansión madrileña de los Monteblanco estaba situada en Torrejón de Ardoz.

            Rocío Bustamante, prima de Rubén y sus hermanos, vivía en Loranca, una urbanización cercana a Fuenlabrada, Tenía 26 años y vivía de las rentas. Estaba esperando sin impacientarse la herencia que le había dejado su abuela, Catalina Luarca de Bustamante. Pero no tenía prisa. Como tenía bastante tiempo, lo dedicaba a estudiar idiomas como el italiano, que le apasionaba. Se había propuesto irse a Italia en verano aprovechando los meses de calor. Era morena, de estatura media -1,72-, tenía el pelo liso y unos preciosos ojos verdes. Se parecía físicamente a África Villarreal, a quien conocía, ya que su tía Esmeralda era hermana de unas amigas suyas llamadas Regina y Cynthia.

            Durante la comida de los Bustamante, Zafiro comunicó a la familia que Rubén y Samuel se iban a Madrid al día siguiente.

ISMAYÁ: ¿Van a la mansión de Loranca o al departamento del Retiro?

RUBÉN: Vamos a la mansión los primeros días, porque así estaremos más cerca del banco, pero la semana que viene iremos al departamento del Retiro para estar más cerca del centro.

SAMUEL: Sí, así estaremos más cerca del centro y podremos salir de boliches por Huertas, Sol, Gran Vía… (En tono divertido)

ISMAYÁ: Hay que ver Samuel, cómo te va la marcha. Sos de lo más divertido. Con vos Rubén no se va a aburrir.

RUBÉN: Che, Ismayá, ¿por qué no te venís con nosotros? Al fin y al cabo, vos también trabajás en el banco. Papá, ¿podría venir?

ZAFIRO: Eso como vos quieras, Rubén, si ves que lo van a necesitar, que se vaya si quiere. Tiene mi permiso. Si vos querés, claro, Ismayá.

ISMAYÁ: Yo quisiera, pero tengo asuntos pendientes que atender. Quizá vaya, pero no mañana. Pero sí tengo ganas de estar allá y poder ver a Rocío y a la abuela, eso sin lugar a dudas.

            Sevilla Puerto De Bustamante era la abuela de Rubén y sus hermanos. Era la madre de Zafiro. Vivía en Madrid, en Loranca, cerca de la bella Rocío. Sevilla era vivaracha y alegre. Tenía una gran pasión: jugar al ajedrez con su nieta Rocío, quien ese mismo día fue a jugar con ella, llevando unas gafas negras que usaba sólo en algunas ocasiones puntuales.

            En el avión, Dámaris expresó a Mildred su deseo de encontrar novio en España.

DÁMARIS: ¿Sabés?, me gustaría vivir un amor de telenovela: con enredos, pasiones desatadas, celos, intrigas… Pero eso sí, con final feliz.

MILDRED: ¿Y cómo te gustaría que fuera él? Tu prototipo de hombre, me refiero…

DÁMARIS: Me gustaría un pibe alto, delgado, de ojos negros que electricen al mirar, no sé, romántico, cariñoso…

MILDRED: Ya deja de soñar. Si encontrás un hombre así, será porque el destino te querrá premiar… ¿Crees en el amor a primera vista?, es decir, ¿crees que podrías vivir un flechazo?

DÁMARIS: Pues sí. Pero eso nunca se sabe.

Por la noche, Rocío recibió la llamada de su primo Samuel, quien le informó que al día siguiente partirían a Madrid, lo que alegró a la bella joven, que le preguntó a su atractivo primo dónde se alojarían.

SAMUEL: En la mansión de Loranca, evidentemente para estar cerca de vos y de la abuela.

ROCÍO: Qué bueno, qué bueno. Cuando lleguen me llaman para vernos, ¿okey?

SAMUEL: Claro prima. Nosotros te marcamos. Besitos, preciosa.

Después de hablar con su primo favorito, Rocío llamó a su abuela, que se alegró mucho al saber que Rubén y Samuel iban a pasar una temporada en Madrid.

            Al día siguiente, los Monteblanco llegaron a Madrid después de doce largas horas de vuelo. Se fueron directamente a la mansión, que se hallaba en Torrejón de Ardoz; los hermanos Vega se fueron a casa de su prima Ámbar, donde vivirían desde ese día. Al volver a verlos, la bella Ámbar se emocionó y se dieron un gran abrazo colectivo. Al entrar en la casa, Ámbar les dijo que tenían que repartirse las habitaciones como pudieran, ya que la casa no era muy grande, por lo que Mildred propuso a todos irse al piso de arriba, que era propiedad de la familia. Ámbar replicó que a ella no le molestaba, pero que subirían todos juntos, ya que habían estado bastante tiempo separados.

ÁMBAR: Pues vamos a trasladar las cosas al piso. Yo recojo lo mío.

SCARLET: Te ayudamos, prima.

ÁMBAR: Gracias.

            Rubén y Samuel llegaron a España un día después que los Monteblanco, que ya se habían visto con los familiares que llevaban tiempo sin ver. Entre tanto, René comentó a su esposa que en unos días se iría a trabajar a Cádiz. Mientras, los chicos comenzarían su nueva vida en la península ibérica. Raquel consultó a su suegra, Alfonsina Sevilla Viuda De Monteblanco si se podía quedar con sus hijos para que no estuvieran solos, lo que la vivaracha y alegre mujer aceptó encantada, pues desde siempre había adorado a sus nietos.

            Dámaris fue con su amiga Mildred al Corte Inglés de Callao una semana después de llegar a Madrid, es decir, el 19 de abril. Allí se encontraron con Elio, que desde hacía mucho tiempo estaba enamorado de Dámaris, pero no se atrevía a decírselo. Elio iba con Scarlet y Mateo, que estaban por la Gran Vía, echando currículums y rellenando solicitudes de trabajo donde así les era requerido.

Rubén resolvió en pocos días las transacciones bancarias que le había encomendado su progenitor, tras de lo cual se fue con Samuel y Rocío al piso que se encontraba cerca del Retiro, a fin de estar más cerca del centro de Madrid, como habían planeado previamente. Rocío se quedó con ellos para pasar una temporada con sus primos.

Alfonsina Sevilla fue acompañada al médico por América, quien se había empeñado en acompañar a su abuela, que estaba algo delicada de salud, pues padecía migrañas a diario; mientras, Mildred y Dámaris regresaron pronto a sus casas, pues al día siguiente, la hija de René comenzaría a estudiar Fotografía como era su sueño; Mildred, por su parte, comenzaría a estudiar Periodismo en la Universidad de Getafe.

Esmeralda Quintana De Bustamante se encontraba nerviosa. Deseaba que el destino jamás les volviera a cruzar con la familia Monteblanco, a cuyos miembros despreciaba por problemas en un pasado remoto que habían tenido entre las dos familias. Habían tenido enfrentamientos muy duros por la muerte de un tatarabuelo de la familia Monteblanco, razón por la que Esmeralda no quería saber nada de tal familia.

            Ismayá Bustamante comentó a Mauri que se iba a Madrid a pasar unos días, pues él no estuvo presente en la cena en que se habló el tema. Mauri, a su vez, le comentó que estaba un poco quemado, ya que su padre no entendía por qué no quería trabajar con él en el banco. Mauri trabajaba en una fábrica de muebles, lo que no gustaba nada a Zafiro Bustamante, que odiaba que uno de sus hijos trabajara en un oficio de clase obrera, y es que, al igual que su esposa, tenía mucho desprecio hacia la gente humilde. Era su gran defecto.

Andrés David Villanueva vivía solo en su piso del castizo barrio madrileño de La Latina. Tenía 20 años y trabajaba como reponedor en un supermercado cercano a su hogar por las mañanas; por las tardes estudiaba para ser administrativo. Era castaño, 1,71 de estatura, delgado y guapo. Tenía dos hermanos y una hermana. Se llamaban Alejandro, Ismael y Sol Estrella. Alejandro tenía 33 años, Ismael 24 y Sol Estrella 22. Ellos vivían con su abuela, Soledad Villanueva, que tenía en su casa a su hija Margamariana, quien guardaba un secreto muy grande: Andrés David era en realidad hijo de Zafiro Bustamante, lo que nadie sabía excepto Soledad y ella. Andrés David era muy egoísta, quería la casa para él solo, desde que amenazó de muerte a su abuela si no le cedía la casa, y así pasó a su nombre. Andrés David era fiero y despiadado, odiaba a sus hermanos y no podía querer a nadie que no fuera él mismo.

            Mauri Bustamante deseaba irse de la casa familiar, desaparecer, irse a vivir independientemente, donde sus padres no lo amargaran con sus prejuicios sociales y clasistas, lo cual le irritaba mucho. Tenía el apoyo de sus demás hermanos en cuanto a su oposición a trabajar en el banco, del que su padre era el director. Y se marcharía, tarde o temprano, pues ya no aguantaba la presión a la que le sometía su padre, que intentaba una y otra vez que dejara su empleo en lo que Esmeralda llamaba “barriobajera fábrica de muebles”; odiaba con todo su ser que uno de sus vástagos se mezclara con gente de clase inferior a la suya.

            Rocío se presentó en hora y media en el piso de sus primos Rubén y Samuel, que le propusieron salir de marcha esa noche, aunque fuera día de diario, lo que la nieta de Sevilla aceptó, no sin antes aclarar que iba a colocar su ropa en la habitación de huéspedes.

En ese mismo instante, Dámaris y Mildred llegaron a casa de Ámbar Vega y le comunicaron a Elio que iban a planear una quedada con todos sus amigos de Madrid y todos los primos que eran, lo que pareció muy bien a Elio, que les comentó que había ido a una discográfica en la cual le habían citado para una entrevista, por lo que su amiga y su hermana lo animaron y le desearon suerte, ya que sabían que su maqueta bien lo valía y estaban seguros de que triunfaría en los escenarios. Dentro de sí, Elio soñaba despierto que quizás en poco tiempo Dámaris fuera su novia, ya que era lo que más deseaba en la vida.

Mientras Rocío colocaba su ropa en el armario de su habitación provisional, Rubén recibió la llamada de su hermano Ismayá, que le llamaba para informar que esa misma noche saldría rumbo a Madrid.

RUBÉN: Estupendo. ¿Cuándo llegás a Madrid, hermanito?

ISMAYÁ: Pues seguramente a mediodía. Tenés que tener en cuenta que son doce horas. Salgo a las doce de la noche, hora de acá; lo que significa que a la hora de allá llegaré a sus doce del mediodía.

RUBÉN: ¿Te voy a buscar al aeropuerto entonces?

ISMAYÁ: Sí, yo te llamaré al celular cuando esté aterrizando.

RUBÉN: Okey, hermanito querido.

ISMAYÁ: Por cierto. ¿dónde están alojados?, ¿cerca de lo de la abuelita o en el centro?

RUBÉN: Estamos con Rocío en el departamento del Retiro.

ISMAYÁ: Ah, okey. Dale besos a Samuel y Rocío de mi parte. Nos vemos mañana. Besos a ti también.

RUBÉN: Ay mi hermanito besucón, cómo te quiero.

ISMAYÁ: Y yo a ti, loco. Te veo mañana. Ciao.

RUBÉN: Buen viaje. Cuídate.

ISMAYÁ: Gracias, hasta mañana.

RUBÉN: Chau.

Tras hablar con Ismayá, Rubén comunicó a Samuel y Rocío su llegada; Rocío se alegró mucho, pues era uno de los primos a los que más quería. Pero no solo eso. Rocío guardaba un gran secreto de mujer: amaba a su primo Ismayá como hombre desde hacía mucho tiempo.

            Por su parte, Isaías Monteblanco llevó un book personal de fotos a una agencia de modelos madrileña en la que tuvo mucho éxito, ya que Veva Vega le prometió llamarle para protagonizar un spot publicitario, lo que comunicó a su abuela, que se enorgulleció más que nunca de su nieto.

ISAÍAS: Aunque yo creo que ha sido un poco por enchufe, y eso que yo no quería que nadie conocido me ayudara…

ALFONSINA: Pero eso da igual, querido. El fin justifica los medios. Lo verdaderamente importante es que vas a trabajar en lo que has soñado siempre. ¿Y qué mejor que al lado de gente que te conoce desde que eras un renacuajo como es la familia Vega?

ISAÍAS: Tenés razón, abuela. Lo mejor es trabajar entre amigos.

ALFONSINA: Di que sí, chiquillo. Que los amigos verdaderos son los que siempre están ahí para ayudarte.

ISAÍAS: Claro, pero todos mis amigos no significan lo que vos para mí. Sabés que te considero mi mejor amiga.

ALFONSINA: Y tú sabes que yo te quiero mucho también, que, aunque seas mi nieto favorito, no menosprecio a ninguno de tus hermanos.

ISAÍAS: Es que eso estaría muy mal.

            Paralelamente, Dámaris le preguntó a Mildred si le apetecía salir esa noche.

DÁMARIS: Tengo ganas de salir por Huertas, por Chueca…

MILDRED: Mañana comienzas a ir a la Facultad para comenzar tu carrera de Imagen y Sonido; ¿y querés ir de juerga? Yo me apunto, pero mañana no habrá quien te levante, che.

DÁMARIS: No importa. Voy a mi casa y nos vemos a las diez de la noche en el Kilómetro 0, ¿okey?

MILDRED: Okey, nena. Nos vemos allá.

DÁMARIS: Ciao, reina.

Dámaris se fue tras despedirse por unas horas de Elio, Mildred y Ámbar, que acababa de llegar de su trabajo en Telefónica MoviStar.

            Por su parte, Rubén, Samuel y Rocío salieron del piso del centro y fueron en dirección hacia la boca de metro de la estación Retiro hablando sobre la familia Monteblanco, a la que tanto había odiado la familia Bustamante durante tantos años. En esos momentos no podían siquiera imaginar que los destinos de las dos familias se volverían a cruzar de manera irremediable.

SEJO, IMPERDONABLE TRAICIÓN. Capítulo 5: FALSAS APARIENCIAS

Por la tarde nos pusimos a ver un poco la tele y yo aproveché para escribir en mi diario mis propósitos y deseos para ese 2003 que recién había comenzado. Algunas de esas cosas que pedía o quería hacer era teñirme el pelo de rubio, volver a las reuniones de los Testigos, pero también tenía cosas en contra de eso, pues también deseaba tener novio, lo que iba -según me habían enseñado-, en contra de los principios bíblicos.

Mi padre llegó a Zarzaquemada sobre las siete de la tarde y comenzó a hablarle a mi tío exagerando sobre mi actitud rebelde y según él descontrolada y fuera de lugar. Patético. Hasta tuve que reconocer que había obrado muy mal y que quizá me había pasado mucho. Mi padre se volvió a pasar más de tres pueblos haciéndose la víctima de mis “ataques de rebeldía”, según él. ¿Cómo podía ser tan falso alguien que dice ser Testigo de Jehová? No me cabía en la cabeza. Pero lo que más me repateó fue lo que vino después, lo que me temía. Tras ponerse de víctima, en el camino de regreso a La Latina me reprochó con dureza haber tenido que hacer ese viaje aposta para venir a por mí. Una vez de nuevo en nuestro portal, me di cuenta de que en casa de su tío se había hecho la víctima a más no poder, pues por casi me pega cuando se puso muy furioso al hablar con la vecina del tercero, -Virginia Almendro-, de lo que supuestamente yo había provocado: el robo de unas prendas muy costosas de la tienda de ropa del edificio, Fajas Norby el día 31 de diciembre, pues según ella, yo dejé la puerta abierta del portal. “Pero yo no tengo la culpa, me cago en tó lo que se menea”, pensé. Viendo mi cara de disgusto por la conversación, Virginia dijo que se alegraba de que mi padre hubiera venido a por mí, admitiendo que, de no haberme ido a casa de mi tío esa noche, me hubiera podido quedar en su casa. La verdad que no sé si lo dijo por quedar bien con nosotros, pero yo tenía serias dudas sobre que eso hubiese sido cierto; pero claro, después de lo mal que me habían tratado en casa de Fede, era normal que desconfiara hasta de la buena voluntad de nuestros vecinos.

         Al subir a casa mi padre volvió a gritar como un descosido. No se calmó hasta que llegaron Marta y Belinda del Pan´s and Company, de donde trajeron la cena. Por fin pude ducharme y dormir tranquilamente esa noche.

A la mañana siguiente, cuando me desperté mi padre no estaba en casa y desayuné con mi hermana y Beli, de quien me extrañó que me hablara, pues era hija de Testigos de Jehová. Pero claro, al no estar bautizada sí podía hablarme pese a estar yo expulsado.

Mi padre se empeñó en regresar el día 3 por la tarde y no hizo caso a mi hermana cuando le pidió que nos quedáramos hasta el domingo, por lo que pusimos rumbo a Torrevieja sobre las siete u ocho y media de la tarde. Yo deseaba regresar, pero me hubiera gustado quedarme hasta el domingo. Pero pasó algo que hizo que mi padre se arrepintiera de no haberse quedado en Madrid. En el Hospital 12 de Octubre, Rubí Martínez López, mi prima hermana, hija de mi tío Venancio -hermano de mi madre-, y mi tía Paz, mandó un mensaje al móvil de mi hermana informando de que los médicos que atendían a nuestro bisabuelo, Bonifacio, habían determinado que no pasaría de esa noche, que le quedaban pocas horas de vida.

TASIO: Maldita sea, si no fuera porque ya estamos llegando a Alicante, daría la vuelta.

MARTA: Me tenías que haber hecho caso, papá…

TASIO: Pues sí…

Pero ya era tarde. Quedaban unos 40 kilómetros para llegar a Torrevieja.

Nos sentimos muy tristes por la noticia; queríamos mucho al bisabuelo Bonifacio, al que todos llamábamos “Abuelo Boni”. Poco después de llegar a Torrevieja, mi tía Benita, hermana de mi madre, llamó a nuestra casa y pidió hablar con ella.

SEJO, IMPERDONABLE TRAICIÓN. Capítulo 4: UN DESEO AL 2003

Solo quedaban tres minutos y mi tío echó champagne en las copas a fin de tomarlo tras las campanadas. El reloj de la Puerta del Sol ya daba los cuartos, y comencé a prepararme para recibir al 2003 con ansias de madurar más y a ser posible cambiar la actitud de mi padre hacia mí, lo que no sería cosa fácil. Y por fin se fue el 2002 y nació el 2003, un año en el que tenía fe, esperanzas, ilusiones, sueños por cumplir. Nos dimos besos y abrazos entre todos. Aunque nadie dijo “Feliz año”, yo se lo desee de todo corazón a todos, y por supuesto para mí también. Miré la copa de champagne y me concentré para pedir un deseo al 2003: VOLVER A SABER DE SEJO. Tras desearlo con mi mente y corazón, me bebí el champagne, pero no todo, ya que deseaba seguir picando el salmón y otras delicias que mi familia había servido. Pero cuando terminé de cenar ni ganas tenía de sentarme a ver la tele. Tenía sueño atrasado y necesitaba dormir. Me fui a la cama y me pareció raro, porque llevaba días durmiendo entre la calle y el metro. Y desperté a la mañana siguiente con el ánimo más equilibrado, con nuevos bríos en mente y corazón, esperanzas e ilusiones en el 2003, año que recién había comenzado.

El tío Adolfo me preparó el desayuno mientras me levantaba y aseaba. Tras desayunar, me llevó a su taller de mármol, una gran superficie cercana a Leganés, donde hace ya varios años se alza el taller de Mármoles Cortés, en el que hace varios años trabajó mi padre.

Nos tiramos en el taller casi dos horas durante las que Adolfo intentaba apelar a mi conciencia, por así decirlo. Quería hacerme reaccionar, me decía que no podía seguir dando quebraderos de cabeza a mi padre, que siempre quedaba como víctima y al final según él y a los ojos de todos yo quedaba como el malo de la película, o como digo yo, como el villano de la telenovela, que viene a ser lo mismo.

Yo le decía a mi tío que ese año me esforzaría por ser mejor, por no darles a mis padres quebraderos de cabeza, lo que yo decía para que se quedara tranquilo, pues yo por dentro pensaba que era al revés, no era yo el que les daba quebraderos de cabeza, sino ellos a mí. Aunque no niego que algunas veces los haya causado, pues todos cometemos errores, y muchas veces cuando estamos en la adolescencia -y a veces más allá de la adolescencia-, nos volvemos en contra de nuestros padres de una manera exagerada y eso es lo que me pasó a mí. Pero no era el único, lo sé. Eso quizá me consuela un poco.

A mediodía regresamos a casa y pude conversar un poco con mi prima Lucía.

LUCÍA: Qué pena que hayas dejado de ser Testigo. Con lo bien que lo pasamos en verano con los hermanos, ¿no echas de menos la congregación?.

YO: A veces.

LUCÍA: Tú sabes que si te lo propones puedes volver…

YO: Ya lo sé…

Las últimas palabras de mi prima me hicieron pensar mucho. Poco después, supe por el tío Adolfo que mi padre estaba de camino para venir a recogerme y me alegré, pues había decidido no negarme a regresar a Torrevieja. No tenía otra opción, de todas maneras.

Sejo, Imperdonable Traición. Capítulo 3: EL DESEO DE UN FIN DE AÑO

Aquella mañana me la pasé durmiendo en los trenes y recorriendo varias líneas de metro como ya había hecho semanas antes, el día que conocí a Sejo por el Chat. Yo seguía preguntándome que había sido de él, porqué me había plantado. Me juré averiguarlo cuando pudiera. Pensaba también en que si mi prima Silvia hubiera estado allí en Madrid, yo no estaría en la calle. La echaba de menos. Extrañaba sobremanera nuestras confidencias y demás cotorreos varios sobre cualquier tema.

Ese día yo estaba deseando que se acabara. Sobre todo, quería que se acabara cuanto antes 2002. De un lado a otro anduve y me vi en serios apuros el día 31, cuando los vecinos descubrieron que yo estaba en la buhardilla y me dijeron que debía irme de allí, pues ese no era sitio para quedarme. No quise hacer caso y amenazaron con llamar a la policía. Pero fue Virginia Almendro -la vecina del tercero-, la que llamó, no a la policía sino a mi padre. Me hizo entrar a su casa pacíficamente y habló conmigo. No podía quedarme allí, claro que no, lo que repitió Dámaso Ríos, el esposo de Virginia, que era farmacéutico.

Mi padre llamó a toda la familia para que alguien me recogiera en su casa unos días. Pero casi nadie estaba en Madrid. Solo mi tía Rufina -hermana de mi abuela Juani-, que no podría hacer nada pese a estar en el hospital junto a mi bisabuelo Bonifacio, que estaba ingresado de gravedad. Los médicos no daban casi esperanzas de que pudiera vivir por mucho tiempo más.

Mi padre llamó a casa de Virginia para decirle que mis tíos de Leganés me acogerían en su casa. Dámaso, su esposo, me llevó en coche a la Puerta de Toledo, pues estaba lloviendo a cántaros. Allá me recogerían, pero yo aún no sabía quien vendría, pues no me habían dicho nombres. Mi primo Justino Cortés no tardó en llegar. Justino era hijo de Adolfo, un tío de mi padre. Justino iba fumando, cosa que me pareció extraña, pese a saber que recién le habían expulsado de los Testigos de Jehová. Desconocía la razón y la desconozco, pero no tiene importancia. Cuando llegamos a Zarzaquemada, en Leganés, mi tío Adolfo y mi tía Valentina me recibieron contentos de verme, lo mismo que mi prima Lucía.

Faltaban pocos minutos para las doce campanadas. En el camino se me había ido casi media hora y llegaba el momento en que el deseo que había formulado se haría realidad: ya tocaba a su fin el 2002, en el que había llorado y reído -más lágrimas que sonrisas por desgracia-, me había divertido y había sufrido. En fin, un año de sonrisas y lágrimas.

Ayudé a mi tío y a mi primo a poner la mesa, que ya estaba casi servida. Cinco minutos después nos dispusimos a cenar, faltando tan solo diez minutos para que sonaran las tradicionales doce campanadas.

Di gracias a Dios mentalmente por no haber tenido que pasar el fin de año en la calle. Hubiera sido terrible.

El tío Adolfo llamó a mi padre para tranquilizarle, diciéndole que ya estaba bajo su techo, lo que alivió a mi madre, quien pensó que debían ir a recogerme a Madrid, lo que yo no supe en ese momento.

Sejo, Imperdonable Traición. Capítulo 2: FEDE

Yo vi como un joven entraba en el pub. Nuestras miradas se cruzaron y supe que algo estaba a punto de pasar. Él se dirigió a la barra y se pidió un cubata. No dejaba de mirarme, ni yo a él. Cuando me despisté un momento, pensé que le había perdido de vista, pero le vi cuando me preguntó si podía sentarse a mi lado, en la mesa donde yo estaba. Le dije que sí. Se quitó su anorak de color blanco con una raya roja en medio. No tardamos en comenzar a hablar. Me preguntó mi nombre y se presentó como Fede(apócope de Federico). Me gustó desde el primer momento. Yo a él también. No podíamos dejar de mirarnos. Fue todo muy rápido, pero bonito a la vez. Comenzamos a besarnos y a la media hora me pidió salir.

FEDE: Te dejo que lo pienses, si quieres.

YO: Vale, ahora te digo algo.

No lo pensé mucho y a los pocos minutos, acepté ser su novio. Salimos del Priscilla agarrados de la mano, mirándonos con ternura. Me estaba enamorando muy rápido, de una manera acelerada, pero era amor y eso nadie hubiera podido negarlo. Al día siguiente, yo estaba pletórico y esa felicidad se me notaba en la mirada, como dice la canción: “Se te nota en la mirada que vives enamorada”. Era muy bonito volver a tener novio. Alguien con quien compartir tu día a día, poco a poco. Estaba como en una nube. Nos vimos esa tarde y tomamos chocolate con churros en el Café Figueroa, situado en Chueca. Al día siguiente, también nos vimos y me regaló un christmas con una bonita dedicatoria. Esa noche le escribí yo unas palabras también. Le dí la carta el día 24, Nochebuena, que no podríamos celebrar juntos, por razones obvias, él con su familia y yo en casa de mis padres sin celebración por ser Testigos de Jehová, por lo que yo sufría. El miércoles 25 de diciembre no pudimos vernos, pues mi familia y yo estábamos invitados a comer en casa de la hermana de mi padre, donde pasamos parte de la tarde.

Nos echábamos mucho de menos. Al día siguiente, nos vimos y me llevó a su casa, cercana a la estación de Metro de Eugenia de Montijo. Al principio estábamos solos en su casa. Nos tumbamos en la cama y comenzamos a besarnos. Cuando iba a quitarle el jersey, le dieron ganas de entrar al baño y gracias a eso su padre no nos pilló en el tema, pues llegó en el momento en que salía del baño. Entonces me presentó a su padre, Basilio Bermúdez como a un amigo, pues sus padres no sabían de su homosexualidad. Me quedé a cuadro cuando Fede me dijo que su padre era comisario de policía. Al poco rato llegó su madre, Cruz Pozuelo, a quien me presentó. Esta se mostró más amable que su esposo. Fede me mosqueó cuando le dijo a su madre que yo era un compañero de la universidad, para evitar decirle que yo ni estudiaba ni trabajaba.

Al día siguiente, mis padres regresaron a Torrevieja y se repitió la historia: no me dejaron las llaves, por lo que me quedé en la buhardilla. Si regresaba a Torrevieja corría el riesgo de perder a Federico. Era algo que no deseaba. Ese día comí algo de lo que me había dejado mi madre, un bocadillo de chorizo y algo más de lo que no me acuerdo. A eso de las siete de la tarde me fui a Eugenia de Montijo; y al salir del Metro llamé a Fede desde una cabina. Me dijo que no estaba en casa, pues había salido con amigos.

FEDE: Cariño, de todas maneras espérame en mi casa.

YO: Vale.

Me dio a entender que estaríamos solos, por lo que a las nueve fui a la casa, pero no contestaba nadie. Aún no había llegado. Me quedé por los alrededores de su portal y pocos minutos después vi llegar a su madre, doña Cruz, quien me informó de que se iban de fin de semana para pasar el Fin de Año, lo que me extrañó mucho, pues mi novio no me había dicho nada de eso. Esperé un buen rato en la calle a que Fede llegara y volví a llamar al timbre, pero quien me abrió fue su madre, diciendo que él no estaba y empujándome al interior de la casa, donde me dijo que ya sabía todo sobre mí.

CRUZ: No tienes que seguir fingiendo que solo eres amigo de mi hijo cuando sé perfectamente y por desgracia que eres su novio, situación que no voy a permitir por más tiempo, muerto de hambre. Eres un maricón de mierda, ¿qué quieres tú con mi hijo?

YO: Yo le quiero, deseo seguir con él.

CRUZ: Pues tendrás que olvidarte de él, porque mi hijo no es un maricón. Está confundido y muy ciego tiene que estar para haberse fijado en ti que a simple vista se ve que eres un mariconazo. Si mi hijo es gay, que lo sea pero no le voy a permitir que esté con alguien tan vulgar y tan poca cosa como tú, sino con alguien de su clase.

Era evidente, se sentían superiores por ser su marido comisario de policía. Para colmo, llegó el padre, que no dudó en advertirme que dejara a su hijo pues de lo contrario me haría la vida imposible.

YO: No pienso irme de esta casa hasta que venga Fede y aclaremos esta situación cara a cara.

BASILIO: Mira, chaval, como no te vayas de aquí ya mismo, te juro que te mato tirándote a las vías del Metro como no dejes en paz a mi hijo, ¿está claro?

YO: Sí, despreocúpese que después de esto jamás volveré a ver a su querido hijo.

Me fui corriendo, muerto de miedo por tremenda amenaza. Cruz salió corriendo detrás de mí para asegurarse de que en verdad me iba y quería acompañarme al Metro y me agarró del brazo, pero le juré que no volvería jamás por allí, me iba por mí mismo. Eché a correr velozmente y llegué a una cabina, desde donde llamé a ese malnacido por no haberse presentado en la casa. Me respondió que jamás quería volver a saber de mí, tras de lo cual le llamé de todo y colgué, maldiciendo el haberle conocido.

Me fui corriendo, llorando por lo que había pasado. ¿Cómo era posible?, ¿cómo había tenido que pasar por una situación así? Era espantoso. Quería desaparecer. Me arrepentí entonces de no haberme regresado a Torrevieja y comencé a angustiarme pensando qué sería de mí desde aquel entonces. Me fui a La Latina completamente derrotado y abatido. Llamé a mi prima Silvia, pero en su casa no estaba. Y es que se encontraba fuera de Madrid. Pensé que debía estar en el pueblo de Heliodoro celebrando las fiestas.

Yo estaba muy cansado. Había caminado por horas ese día, por lo que me fui a dormir bajo el Viaducto de Segovia, donde vi un colchón viejo y sucio en el que me acosté. Olía fatal, pero no tenía otra opción. Necesitaba descansar aunque conciliar el sueño no fue nada fácil. Lloré mi desdicha por largo rato recordando ese gran dolor que sentía por lo mal que me había tratado la madre de Fede, al que maldije y juré que el amor que sentía por él estaba muerto. Solo podía sentir desprecio, rencor y el odio más profundo hacia él.

Al día siguiente, me desperté destapado. Alguien había dormido a mi lado y yo ni cuenta me di. Lo supe porque el reloj que llevaba la noche anterior me lo habían robado, pues busqué entre mis cosas y no lo hallé. Me dio bastante rabia, pues se trataba del reloj que me regalaron mis padres cuando me bauticé el 9 de abril de 2000 como Testigo de Jehová.

Me fui del Viaducto de Segovia hasta el portal de nuestra casa con la esperanza de que algún vecino me abriera, porque para colmo también me había desaparecido la llave del portal.

Ese día, tras cambiarme de ropa en la buhardilla, me fui a un cyber de Chueca, prometiendo saldar la deuda lo más pronto posible. En el chat, un señor al que no conocía de nada me propuso sexo a cambio de pagarme 30 €, que no es nada, pero para mí después de lo vivido la noche anterior sería una bendición entre tanta desdicha. Y me prostituí. Sí, he de reconocerlo. Ese señor menos mal que no quiso penetración, pues hubiera sido un apuro, ya que ninguno de los dos llevaba preservativo. Decía llamarse Alfredo. Tras terminar, salimos de la Sauna Men, situada en la calle Pelayo y nos despedimos tras cobrar yo los 30 € acordados. Luego cada cual se fue por su lado. Yo me fui directo a una tienda para cambiar en monedas, pues quería llamar a Fede por teléfono para reprocharle el daño que me había hecho. Me cogió el teléfono furioso y al oír mi voz me llamó de todo: hijo de puta, maricón de mierda y soltó maldiciones como “ojalá te mueras” y “que te jodan, puto maricón”. El alma se me cayó al suelo. No podía más; me sentía incapaz de resistir tanto dolor, tanta angustia. El corazón me dolió al oír semejantes deseos de parte de aquel que días antes era mi novio. Por esto, quise olvidarle; arrancarlo de mi corazón, y no fue nada fácil porque una semana antes en el pub Priscilla se me declaró y me pidió salir. Pero debía olvidarlo. Rompí el christmas en pedazos, llorando a mares, bien cierto es, pero me quedé muy tranquilo al deshacerme de lo que me había regalado. Me fui a comer a un restaurante chino, pensando en lo que podría hacer para no volver a dormir en la calle.

Por suerte encontré las llaves del portal. Las tenía encima, en uno de los bolsillos de la chaqueta vaquera, pero no me había dado cuenta hasta que fui a pagar la comida. Pensé en pasar esos días en la buhardilla. No tenía otra opción. Esa noche me fui a la discoteca MITO. Bailé durante toda la noche. Me olvidaba por momentos de lo que estaba viviendo. Quise pensar que todo era un sueño, pero era la cruda realidad. Más aún me di cuenta cuando salí de la discoteca a las siete de la mañana. Cómo no iba a darme cuenta si no tenía siquiera donde recostar la cabeza. Horrible. Era horrible. Era una sensación que no quería haber experimentado nunca pero que yo mismo me había buscado, por mucho que le quisiera echar la culpa a mi padre. Tenía que reconocer que en parte era culpa mía. Estaba empezando a arrepentirme de haber dejado de pertenecer a la religión de mis padres, que eran Testigos de Jehová y lo siguen siendo.

Sejo, Imperdonable Traición. Capítulo 1: NOCHES DE INCERTIDUMBRE

Yo quería libertad. Independencia. Sin más rodeos, quería hacer lo que me diera la real gana. Y lo hice. Pero las consecuencias no fueron para nada halagüeñas.

Corría el año 2002 y a punto de terminar estaba. Por unos siete días sólo quedaba un mes para que finalizara un año que jamás podré olvidar. Era el año en que conocí a mi primer novio, pero ya eso había pasado y quería olvidarlo. Quería desterrar de mi mente, de mi corazón y de mi alma los malos recuerdos vividos meses atrás.

Era día 6 de diciembre de 2002 y mis padres estaban preparando el regreso a Torrevieja, donde después de todo ahora vivo. Yo no me quería ir de Madrid. Quería quedarme. Y aquí comienza la historia de lo que pasó. Aunque antes de todo, presentaré a mi familia, incluido yo mismo, claro está.

Yo me llamo Benjamín Cortés Martínez. Soy castaño y tengo los ojos del mismo color. No soy ni muy alto ni muy bajo, vamos, que soy normal; mido 1,71; peso unos 60 ó 63 kilos, es decir, estoy delgado pero no esquelético; vamos, que estoy bien, eso dicen. Familiares y amigos siempre me han llamado Benja, y a mí me gusta más que Benjamín, que me suena como muy serio.

No quería irme de Madrid. Solo de pensar en regresar a Torrevieja me ponía malo. No podía con esa idea. Tenía que quedarme. Era una idea que me rondaba por la cabeza. Le quité las llaves a mi madre, que se llama Primavera, pero todos la llaman Vera para acortarlo, a pesar de que su nombre es precioso y peculiar.

Se las cogí. Salí de casa. Me fui derecho a Tirso de Molina, donde hay un sitio para hacer copias de llaves y fui a hacerlas. Pero al regresar, la que me montaron en casa fue de campeonato. Mi padre, que se llama Tasio Cortés y de tonto no tiene un pelo, se percató de que las llaves de mi madre no estaban en su lugar y me empezó a gritar que se las devolviera de inmediato.

Perdí esa batalla, pues no tuve más remedio que devolver las llaves sin hacer copia, pues me mandaron al sitio al que había ido para recogerlas sin cumplir mi plan.

Ese día de veras fue borrascoso. Después de aguantar el sermón de mi padre, tuve que escuchar a mi hermana Marta, tres años menor que yo, diciéndome que como no dejara de hacer sufrir a mis padres me las vería con ella. Me resbaló aquello que me dijo y me reí de ella en su misma cara. “Qué miedo me das”, respondí con sarcasmo a su advertencia.

Pero me salí con la mía. Me quedé en Madrid, aunque la única llave que me dieron fue la del portal para dejar mis cosas junto a las buhardillas del séptimo piso. Ese día lo pasé en la calle, pensando en la manera de conseguir dinero como fuera. Pero tenía que inventarme algo para hacerles creer a todos que mi padre me había dejado tirado allí. Me inventé que mi padre me había mentido diciéndome que había ingresado dinero para que me quedara en una pensión pero que cuando fui al banco no había nada. Eso fue un plan trazado para dar lástima a mis ligues.

Al caer la noche, me fui a la buhardilla a dormir pero no pude pegar ojo, pues era muy incómodo, por lo que me fui a mi discoteca favorita de Chueca, MITO. Allí me tiré toda la noche bailando. A las siete de la mañana, me fui al metro y allí recorrí varias líneas durmiendo en los trenes. No tenía otra opción. Pero yo me lo había buscado. Era lo que había pedido: quedarme en Madrid, pues allí estaba. Comí algo de lo que tenía en la mochila y me quedé satisfecho. Me fui a Chueca. Tenía ganas de chatear gratis, y por todo el morro me fui a un cyber en el que me puse a chatear desde las cuatro de la tarde. En el chat de Chueca, rápido comencé una amena conversación con un chico que decía llamarse Sergio y aseguraba tener 18 años. Hablamos por largo rato y nos caímos bien, pero después se desconectó y nunca más volví a saber nada más de él. Después, a eso de las 18.30, un nick llamó poderosamente mi atención: Estabilidad-17. Pinché para iniciar un privado con tal persona, que me contestó rápidamente. En pocos minutos, iniciamos una animada conversación y después nos preguntamos los nombres y le dije que me llamaba Benjamín, pero que prefería que me llamase Benja. Él me contestó que se llamaba Jose pero que todos le llamaban Sejo, por lo que yo le llamé así también. Luego nos describimos físicamente. Él se describió así: “1,77. Alto, moreno, ojos marrones, delgado”. Yo me describí de esta manera: “1,70, castaño, delgado, ojos castaños. Ni guapo ni feo, normal”. Sejo me dijo que se veía de igual manera y escribí “Ya somos dos”. Me dio muy buena impresión. Cuando le conté lo que supuestamente me había hecho mi padre dejándome tirado en Madrid, Sejo no daba crédito a lo que leía. Pero no era todo mentira. En cierto modo, mi familia sí me había dejado tirado en Madrid, porque teniendo un piso deberían haberme dejado una copia de las llaves, pero no fue así.

Sejo me prometió que me ayudaría a vengarme de mi padre y quedamos en vernos el miércoles de la siguiente semana, 11 de diciembre de 2002.

Cuando salí del chat, tuve la sensación de que había conocido a alguien que cambiaría mi vida. Y no estaba en absoluto equivocado. Esa noche tuve una gran idea: ir a casa de mi prima Silvia Perales, para decirle que mi padre me había dejado tirado allí sin llaves.

Fui a la buhardilla a recoger algunas de mis pertenencias y cogí el metro. Hice transbordo en Oporto, y cogí dirección Opañel, donde me apeé. Al llegar a casa de mi prima, ella me abrió por el telefonillo y me recibió con sorpresa. Heliodoro Albertán era el esposo de mi prima, que no se opuso a que yo me quedara a dormir en la casa, lo que yo agradecí. Al día siguiente decidiríamos que hacer. Dormí tranquilo y sereno aquella fría noche de invierno. Di gracias a Dios por lo buena persona que era mi prima, que estaba indignada a causa de la actitud de mi padre hacia mí.

Al día siguiente, hablé con mi prima largo y tendido sobre lo sucedido y me dijo que recogiera todas las cosas que tuviera en la buhardilla y las llevara a su casa. “Tú te quedas aquí”, me dijo. “No voy a dejar que te quedes en la calle”, añadió. Hice tal y como me dijo y llegué a su casa con mis bártulos. Me instalé en la habitación en la que ya había descansado esa noche. Y no había sido la primera vez. Pero eso ya es otra historia.

Mi prima le contó a su madre, Prudencia, que yo estaba en su casa, pues mi padre no se había dignado a dejarme las llaves del piso de La Latina, lo que a mi tía pareció muy fuerte.

PRUDENCIA: Pues has hecho bien llevándole a casa.

SILVIA: Es que si yo no lo hago, nadie lo hace. Recuerda que hace unos meses, llamó a toda la familia para que nadie le diera cobijo en su casa.

PRUDENCIA: Parece mentira que sean lo que son sus padres. Sobre todo el padre, porque yo sé que Primavera no es mala madre.

Mi prima no comprendía cómo mi padre siendo Testigo de Jehová me trataba de tal manera. Ella lo había sido y aún lo era, pero ya no iba a las reuniones, pues su marido no era muy amigo de que fuera y a ella le daba igual perdérselas con tal de no enfadarle.

El miércoles llegó y Sejo no apareció en la cita. Pensé que era yo el que le había plantado, puesto que llegué un poco tarde. Me fui a casa completamente desanimado.

Mi padre llegó a Madrid para llevarme de vuelta a Torrevieja, pero no le fue fácil. Descubrí que estaba allí cuando por casualidad fui a recoger unas bolsas que se me habían olvidado en la buhardilla. Pero no había venido solo, sino que le acompañaba quien por aquel entonces era su amigo del alma, por lo que se veía, pues estaban siempre con mi familia para un lado y para otro. Era también porque Junio Martín, que así se llamaba el que por aquel tiempo fue tan amigo de mi padre, era el padrastro de la mejor amiga de mi hermana Marta por aquel entonces, una bella joven de nombre Belinda Segovia, más conocida como Beli. Eran amigas desde que se conocieron en Torrevieja en el año 2000.

Mi padre me acusó delante de los vecinos de haberle robado dinero a la señora de la limpieza porque le había desaparecido dinero del monedero. No se cortó. Cuando se lo conté a mi prima, ésta se enfureció. Pensaba que mi padre cada día era peor persona. Decía que ella me daba lo que necesitara si estaba en su mano dármelo; que no tenía necesidad ninguna de robar. Heliodoro, su esposo, pensaba que mi padre no era buen cristiano, que se estaba pasando muchísimo conmigo. Mi prima Silvia era de la opinión que había que enfrentarse a él, pero Heliodoro dijo que eso sería mucho peor.

SILVIA: Te aconsejo que te vayas a ver si te da las llaves de La Latina.

YO: Tienes razón. A ver si de buenas maneras podemos llegar a un acuerdo.

Fui a casa y me quedé a dormir, pues Junio le dijo a mi padre que había que solucionar las cosas y él aceptó, aunque no muy dispuesto.Pero Junio planeaba otra cosa. Quería convencerme de que me volviera a Torrevieja con mis padres y desistiera de la idea de quedarme allí en Madrid. E intentó hacerlo. Aprovechó que mi padre le había dejado solo conmigo para que intentara convencerme. Pero yo tenia la idea muy metida en la cabeza y me horrorizaba regresar a Torrevieja. No quería volver. Me inventé que ese día me iría a casa de un amigo, pero en cuanto se fueron rumbo a Torrevieja, yo no dudé en regresar a casa de Silvia, que llamó a mi padre para decirle que yo estaba en su casa, culpándole de lo que me estaba pasando.Como llevaban poco de camino, dieron marcha atrás. Emprendieron el regreso de Madrid con la idea de obligarme a regresar al pueblo que tanto odiaba. Pero era más que eso. Querían llevarme a la fuerza a Torrevieja.

Mi prima me dijo llorando que venían a por mí, dispuestos a llamar a la policía en caso de que yo no accediera a irme por las buenas de regreso a Torrevieja.

Tras media hora de espera, Junio y mi padre llegaron. Su querido amigo vino hacia mí. Me agarró del cuello y me amenazó con hacerme mucho daño si no dejaba, según él, de hacerles daño a mis padres. Mi padre presenció la escena con gesto frío como el hielo, mirándome con severidad, implacable, sin impedir la agresión. Acto seguido, llamó al telefonillo de mi prima. Heliodoro abrió el portal y bajando las escaleras, exigió a Junio una explicación por haberme agarrado del cuello: “No me lo puedes negar, porque tanto mi esposa como yo lo hemos visto por la ventana y ya salíamos a defenderle cuando habéis tocado el timbre”. Mi padre se hizo la víctima ese día y a más no poder. Mi prima Silvia salió a defenderme cuando le oyó gritar.

SILVIA: Tasio, deberías aceptar a tu hijo como es en vez de tratarle mal. Un Testigo no trata así a un hijo…

TASIO: Yo no le trato mal, Silvia, guapa. Es él, que no cesa en su empeño de hacernos sufrir.

Total, que en resumidas cuentas, por mucho que mi prima me defendiera, él tenía que llevar la razón y me puso como el malo de la película. Nos despedimos de mi prima y su marido, tras de lo cual Junio me empujó con fuerza y me metió en el coche tirándome en el asiento trasero. Fue humillante, me sentí como si fuera una mierda en aquellos momentos. Mi padre metió mis pertenencias en el maletero. Se habían salido con la suya. Me llevaron obligado de regreso a Torrevieja. Lloré lágrimas amargas que de nada me sirvieron sino para que de tanto llorar, me provocaron una espantosa migraña. Mi madre se alegró mucho al oír que yo regresaba cuando en carretera, Junio se lo comunicó por teléfono. Por lo que pude percibir, María Eusebia Segovia -la esposa de Junio y madre de Belinda-, también se alegró de que me llevaran de regreso, pues eso significaba que mis padres estarían tranquilos al estar yo de regreso en mi odiada Torrevieja. A mi hermana le resbalaba que yo regresara o no. Estaba harta de verme ir y venir de Madrid. Al regresar a ese maldito pueblo, tuve una bronca monumental con mi señor padre, que me pegó de guantazos por haberle puesto en evidencia delante de mi querida prima Silvia y su esposo, a quien había conocido ese día en persona, pues no estuvo presente ni en su boda el 15 de diciembre de 2001 en el lujoso Hotel Ritz de Madrid.

Al día siguiente, fui a ver a mis abuelos Florencio y Juanita, más conocida familiarmente como La Juani. Se alegraron mucho de verme de nuevo allí. Mi abuela intentaba que me quitara de la cabeza la idea de trabajar en Madrid.

JUANI: Hijo, búscate un trabajito aquí.

YO: Ay abuela, odio Torrevieja, no quiero trabajar aquí.

JUANI: Ya veo que no te entra en la cabeza que para tus padres, sobre todo para tu pobre madre que tanto te quiere, es un trastorno que estés continuamente yendo y viniendo de Madrid.

Las palabras de mi abuela me hicieron pensar un poco. Pero era muy testarudo y cabezón. Lo que yo quisiera era lo que estaba dispuesto a hacer. Me salí con la mía como tantas otras veces cuando mis padres decidieron ir a Madrid el fin de semana siguiente. Mi plan era volver a quedarme allí. Ellos, por su parte, tenían pensado pasar unos días antes de fin de año. El día 21 de diciembre era sábado y llegamos a Madrid a eso de las ocho de la tarde. Se nos hicieron las nueve subiendo las maletas a casa y buscando aparcamiento en nuestro barrio, La Latina, que es algo para lo que se precisa tener mucha paciencia. Mi padre nos preguntó dónde queríamos ir a cenar. Mi hermanito pequeño, Pablo, no tardó en pedir que fuéramos a McDonald´s, para variar. Siempre quería McDonald´s, pero Marta y yo queríamos pizza, por lo que mi hermana y mi padre se fueron a Telepizza a coger la oferta de 2×1 y a McDonald´s para traerle el Happy Meal a Pablito.

Yo me quedé en casa con mi madre pensando que esa noche sin lugar a dudas iría a Chueca. Tenía ganas de salir por allí, aunque fuera solo, por lo que después de cenar me duché y me vestí para irme. Salí de casa a eso de las once de la noche, con lo que mi madre no estaba muy de acuerdo, pero igual salí.

Llegué a Chueca nervioso. No sabía lo que allí me esperaba. Desde la Plaza de Chueca subí por la calle Augusto Figueroa, y en una esquina de la calle San Marcos había un pub que llamó mi atención; era el pub Priscilla, del que tenía una tarjeta para tomar gratis un chupito y no dudé en entrar. En el pub había poca gente. El chupito me lo tomé de un trago como es lo normal y bailé un poco, solo, deseando que ojalá conociera a alguien especial y así estar acompañado. Cuando terminó de sonar la canción Estrella de mar de Amaral, me fui a sentar a un taburete, que había frente a una mesa. Esa noche comenzó siendo de incertidumbre, pero no fue tal. Ocurrió algo que lo cambió todo.

SEJO, IMPERDONABLE TRAICIÓN – PRÓLOGO

PRÓLOGO

“DICTADOS DEL CORAZÓN”

Esta es la primera novela que escribo basada en hechos reales. Ha transcurrido bastante tiempo desde que sucedió lo que voy a escribir, pero espero poder quedar tranquilo al fin al escribirlo. Llevo esta historia en el corazón. Es parte de mi vida, por lo que escribiré por primera vez en primera persona. Escribiré desde el corazón. Él me guiará. Él me dictará lo que voy a escribir durante los próximos meses. No me importa cuánto tiempo me lleve. Por razones obvias, la gran mayoría de los nombres han sido cambiados. Quiero hacerlo. Ahora es el tiempo. Voy a seguir los dictados de mi corazón. Quiero hacerlo bien. Todo cuánto contaré será real. En esta historia la ficción sólo será de un mínimo porcentaje. Todo lo que contaré será tan real como la vida misma; un canto a un tiempo feliz, una esperanza que aún llevo en el corazón y que yo mismo escribiré para desnudar mi alma.

Desnudar el alma y el corazón, poético suena,

mas es así; dictados del corazón seguiré

y la verdad relataré.

Es la historia de un amor singular,

un amor sin par.

Sejo… Ese nombre quizá suene poco común, claro, pues él es único. Sejo, fue único. Como pista transcribo a continuación un poema que yo envié vía SMS, sin respuesta, lo sé, mas con un amor puro que en mi corazón he logrado quebrar, aunque todavía duele…

“Nací para conocerte y amarte;

y moriré por tu amor,

por no poder tenerte junto a mí

a  consecuencia de una traición”.

¿Qué traición?. Esto lo descubrirá el lector. Esta historia la llevo en el interior. Hay quienes la conocen, pero no completa. Pero ahora quiero hacerlo. Quiero tener valor. Quiero matar esos fantasmas del pasado que me hacen dudar y por fin caminar con paso firme a la verdad. Por eso hoy día 10 de agosto de 2005 quiero comenzar a escribir esta historia.

Las fechas serán reales, según la cronología en que ocurrió todo.

Nada se esconderá. Nada se me puede escapar.

Desnudaré mi alma, mi corazón.

Seguiré los dictados del corazón.

DÉCIMO ANIVERSARIO DE LA PUBLICACIÓN DE “SEJO, IMPERDONABLE TRAICIÓN”

https://objetivotorrevieja.wordpress.com/2011/05/18/un-joven-torrevejense-publica-sejo-un-libro-sobre-la-homofobia-religiosa-hacia-la-homosexualidad/

El 4 de abril de 2011 veía la luz publicada una de mis novelas más especiales para mí, y esa fue una de las notas que se escribieron sobre ella. Desde la presente semana, colgaré los primeros capítulos de dicha novela, eso sí, con los nombres cambiados, como debió ser en un primer momento.