LA MUSA DE NUESTRA VIDA

(Novela escrita en 2003)

El destino cruza los caminos de Dafne, Naím y Marcos envueltos en un triángulo amoroso que pondrá en peligro la amistad de los dos chicos, a quienes Dafne cree amar de la misma manera.
Los tres protagonistas tendrán que lidiar con sus conflictos personales y familiares, mientras a su alrededor una familia americana llega a la costa levantina cambiando su vida para siempre un día de visita en un zoo, donde los animales se rebelan dando poderes a los hijos del matrimonio Lovers Scream.

(Se trata de la única novela en que he usado la Fantasía en el caso de la familia cuyos hijos adquieren poderes)

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«DIME QUE NO ES VERDAD»- Capítulo 1

CAPÍTULO 1

“Cuando llega el calor, fiebre de amor;

Cuando llega el calor, se enamora el corazón

El calor no tardó en llegar en mayo, justo un mes antes del verano a la costa levantina. Los días de playa eran apetecibles para cualquiera que viviera o pasara las vacaciones estivales en Torrevieja, provincia de Alicante.

Esmeralda Rojas Marcos era una joven venezolana que llevaba cinco años viviendo en Torrevieja. Era bella, bella como el mar; su cabello era de un color castaño de belleza exquisita, ondulado y largo. Ese verano se había quedado sin trabajo, pues había perdido su puesto como teleoperadora en una empresa de taxis. La empresa decidió que por falta de más taxis no podían seguir manteniendo el personal de la central de Taxicom.

Esmeralda estaba muy contenta con ese trabajo cuando empezó en el mes de abril. Pero tal alegría le duró solo treinta días.

Topacio Rojas Marcos era una de las hermanas de Esmeralda, que tenía 24 años; Topacio tenía uno más, había cumplido 25 en mayo; había trabajado con sus hermanos Esmeralda y Ezequiel en la misma empresa de taxis. Topacio tenía el cabello negro azabache pero lo que más destacaba en ella eran sus preciosos ojos verde esperanza. Su sonrisa era tan bella como la de su hermana Esmeralda.

Ezequiel era el hermano menor, tenía 21 años. Era castaño, de ojos marrones, su estatura era 1,70; en lo cual le ganaban sus hermanas, que medían 1,80. Ezequiel era llamado familiarmente “Zequi”.  Tenía problemas con sus padres, pues estos no comprendían que el joven no quisiera pertenecer a su religión, ya que eran Testigos de Jehová.

Esmeralda y Topacio habían estudiado la Biblia para ser Testigos de Jehová, pero solo Topacio había llegado a bautizarse como tal. Era la única de los tres hijos que formaba parte de tal confesión religiosa.

Mauricio Alberto Rojas era el padre de Esmeralda, Topacio y Ezequiel; era un hombre algo severo y estricto que no soportaba mucho a Zequi. Amatista Rojas de Marcos era la esposa de Mauricio Alberto, al que, para acortarle el nombre, llamaba “Mauberto”. La mujer, de 46 años amaba a sus tres hijos por igual, pero por desgracia su marido le hacía la vida un poco difícil cuando criticaba con dureza los defectos de Ezequiel, a quien parecía tener manía y animadversión, pese a que se suponía que debía tratarle con cariño y respeto. Amatista era morena, pero estaba teñida de rubia. Tenía unos bonitos ojos castaños, de nariz ovalada y labios gruesos muy pronunciados. Años atrás había acogido en su casa a su sobrina Paola Rojas Marcos, que se había quedado huérfana tras morir sus padres en los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York.

Paola era una morena muy sensual de ojos negros que respetaba las creencias de sus tíos, pero iba por su camino, como Zequi, que era una víctima del maltrato psicológico de su padre, pero estaba acostumbrado, lo cual odiaba Topacio, quien muy dentro de sí deseaba llevarse a su hermano a vivir a otro lugar; cuando tuviera dinero para alquilar un piso para los hermanos Rojas Marcos junto a Paola, a quien Mauricio Alberto despreciaba por no ser Testigo de Jehová como toda la familia.

Topacio respetaba a su padre, pero opinaba igual que Zequi, la mayoría de las veces no parecía ni la sombra del “intachable cristiano” al que conocían, respetaban y hasta admiraban sus compañeros de creencias.

Zequi era un gran aficionado a las telenovelas que no se perdía ni una, las veía todas y lo sabía todo sobre el tema. Su favorita era La Usurpadora, producción mexicana que había visto entera como treinta veces y nunca se cansaba.

Esmeralda era también aficionada a las telenovelas y odiaba a la gente que las llamaba despectivamente “culebrones”, pues tal adjetivo le parecía hasta un insulto al género que durante años disfrutaba en las sobremesas de Televisión Española. Su telenovela favorita la había visto precisamente por ese canal; se titulaba Cristal, la cual batió récords de audiencia en España, éxito que después se repitió con una producción protagonizada por los mismos actores de Cristal; se trataba de La Dama de Rosa.

Rocío Gala Prieto era la mejor amiga de Esmeralda, que también se había visto afectada por el despido de Taxicom, pues también trabajaba con los hermanos Rojas Marcos.

En Madrid, un guapísimo joven americano llamado Andrew Stevenson King, que trabajaba como teleoperador en Taximad, una empresa de taxis de Madrid en la que llevaba trabajando un año a las órdenes de su padre, que hasta hacía poco era un humilde taxista. George David Stevenson Willem era un hombre humilde que a pesar del éxito de la empresa seguía viviendo en el barrio de siempre, en La Latina.

Aunque nacido en Nueva York, Andrew siempre había vivido en Madrid desde que cumplió los 10 años, por lo cual hablaba español perfectamente. Andrew tenía un hermano gemelo idéntico a él. Sus rostros eran como dos gotas de agua; estaban muy unidos, lo sabían todo el uno del otro. Alexander James también se crió en Madrid al igual que su hermano Andrew, quien para acortarle el nombre le llamaba Alexei.

Jeremy Williams Thomas era el mejor amigo de Andrew. Era el típico guaperas rubio de ojos azules que volvía locas a todas las féminas a su alrededor.

Yolanda Rojo Abreu era otra de las amigas de Esmeralda que salía mucho con ella y con Rocío Gala, a quien conocía desde niña, pues fueron al mismo colegio en México. Compartían piso en el centro de Torrevieja, muy cerca de la Playa del Cura.

Andrew fue llamado por su padre, quien le preguntó dónde querían ir de vacaciones de verano su gemelo y él; lo tenían muy claro, ambos querían ir a Torrevieja.

Por tierras del levante, Esmeralda dijo a sus hermanos que no pensaba buscar trabajo en todo el verano, pues tenía la esperanza de que volvieran a contratarlos en Taxicom cuando tuvieran más socios. A sus hermanos les pareció bien y pensaban lo mismo, pero cuando Mauricio Alberto oyó la conversación le gritó a Zequi que se olvidara de esa idea, pues no soportaba que estuviera desempleado; quería a toda costa meterle en una empresa de construcción, lo cual Ezequiel odiaba. Amatista impidió que eso sucediera e impulsó a Zequi a buscar empleo en los supermercados de Torrevieja, lo que no gustó nada a Mauberto, que quería ver a su hijo trabajar muy duro; y es que veía el trabajo de supermercado como un empleo de maricas. Zequi no deseaba trabajar de albañil, pues lo consideraba una “bajeza”. En ocasiones se daba aires de grandeza, lo que su madre no soportaba; debido a tal manera de comportarse las discusiones eran en la casa como el pan nuestro de cada día.

El mejor amigo de Zequi era un atractivo joven que trabajaba como comercial en una inmobiliaria del centro de Torrevieja. Se llamaba Iñaki Obradoiro y tenía 25 años. A Mauberto no le gustaba nada tal amistad, puesto que sabía que Iñaki era homosexual.

Zequi era gay; lo sabían todos, pero sólo era respetado por Esmeralda y Paola, pues los Testigos de Jehová no aceptan a los homosexuales, ya que, según su interpretación, la Biblia condena a tales personas.

Alexander James era gay, lo que a su hermano le gustaba mucho, pues así no se pelearían por chicas. Andrew decidió que se iría con su hermano a Torrevieja en cuanto les dieran las vacaciones de verano. George David se las dio el primer día del mes de junio, cuando se fueron en coche a Torrevieja los dos solos, pues el resto de la familia llegaría a partir de julio.

Alexei era más serio y tímido que Andrew, quien era más extrovertido que su gemelo, al que amaba más que a nadie de su familia. Melanie Kingship Scott era una bella joven irlandesa de 22 años, y era la mejor amiga de Alexei.

Andrew y Alexei llegaron a Torrevieja de madrugada y se fueron a dormir al Hotel Masa para no molestar a sus parientes que vivían en la ciudad costeña.

Paloma Durán era una joven que había sido asignada para trabajar de socorrista en la Playa de Los Locos, donde iban mucho Esmeralda y sus amigas, que conocían a Paloma de salir de marcha por los pubs de Torrevieja y de discotecas por pueblos como Los Montesinos, Catral y Crevillente.

Paloma llamó a Esmeralda para decirle donde iba a trabajar ese verano, lo que alegró a la hermana de Zequi, quien se llevaba muy bien con la camarera del Pub Tirachinas. Y es que Paloma no pensaba dejar su trabajo de fin de semana.

Topacio estaba encantada con su grupo de amigos en su religión y no envidiaba las amistades “mundanas” según ella, de Zequi, Esmeralda y Paola.

Sandro Anselmi era un joven que estaba luchando contra las drogas, pues quería salir del vicio que le había hecho perder toda su fortuna; Alexei era muy amigo suyo y le tuvo un tiempo alojado en la casa familiar, con el consentimiento de Chantal King, la madre de los atractivos gemelos.

Como una marioneta. Así se sentía Ezequiel en muchas ocasiones. Como una marioneta en manos de sus padres, a los que Esmeralda criticaba con dureza por la mediocridad de su déspota y tirano progenitor.

Kristofer Stevenson era uno de los primos de Andrew y Alexei que vivía en Torrevieja; a su casa llegaron los gemelos a las doce del mediodía. Kristofer era un atractivo joven de 28 años, de pelo castaño y ojos marrón verdoso; estaba casado con una francesa llamada Marie Estevé. Marie era rubia y esbelta; tenía unos preciosos ojos negros. Era muy elegante; procedía de una familia venida a menos en el siglo XIX, por lo cual vestía conforme a la época de sus familiares. Este hecho llamaba mucho la atención de sus amigos y conocidos.

La primavera pasó y el esperado verano llegó; los informativos de televisión, así como varios medios de comunicación alertaban a la sociedad española de que sería un verano muy caluroso. No tardó en llegar la primera ola de calor, que provocó una masiva afluencia a las playas, gente sencilla y de toda clase con sus toallas, sombrillas, colchonetas, raquetas y neveras para disfrutar a lo grande en la playa.

Los gemelos Stevenson King acordaron ir todos los días a la conocida Playa de Los Locos, pues llevaban medio mes yendo a las playas de El Campello, San Juan, Salvaje, La Marina, Guardamar del Segura, Santa Pola y La Mata. Además, la Playa de Los Locos tendría plataforma desde agosto, por lo que les encantaba esa playa por mucho que se llenara. Y es que, en agosto en la Playa de Los Locos es casi misión imposible poner una toalla a menos que se llegue a las ocho de la mañana.

Paola defendió con valentía a los homosexuales cuando su tío Mauberto dijo que “todos los maricones deberían morir”, comentario que ofendió sobremanera a Topacio y Esmeralda, quienes criticaron a su padre que ofendiera a Zequi cuando él no estaba presente.

Marie Estevé propuso a su esposo que se fueran ese fin de semana a su residencia de verano en Alicante para dejarles la casa libre a los gemelos, a lo cual Kristofer accedió.

Zequi estaba en la playa con Iñaki, quien había cogido vacaciones ese mes de junio y en julio también, pues además de disfrutar de la costa cerca de casa se iría a Roma con su amigo Oskitxu Hodeiuxu, que era vasco. A Iñaki le irritaba sobremanera que Mauberto fuera tan homófobo como le describía Zequi; y es que Iñaki había dejado de ser Testigo de Jehová por ser gay. Por tal razón era un “expulsado” y la familia de Ezequiel excepto Paola y Esmeralda no le hablaban, ya que los Testigos no tienen trato y ni siquiera cruzan un saludo con quienes han sido removidos de tal confesión religiosa organizada.

Rocío Gala había estado enamorada de Iñaki, pero comenzó a olvidarle cuando supo que él no podría corresponderla debido a su homosexualidad; pero entre ellos surgió una bonita amistad que consideraban muy especial.

Topacio y Paola discutieron a causa de la homofobia de su padre; era inconcebible que siguiera atacando a Zequi siempre con lo mismo; por esto, Topacio pasó de un extremo a otro; de ser una joven devota en sus creencias a dejar todo de lado pese al mal ejemplo de su progenitor. Topacio no quería que se le contagiara el injusto desprecio de su padre hacia su hermano gay, al que quería más que a su hermana Esmeralda por ser el único hermano varón. Cuando Paola y Esmeralda oyeron de sus labios la frase “¡Voy a dejar la verdad!”, comprendieron que Topacio ya no sería más la favorita de Mauricio Alberto, pues este la odiaría nada más saber que no pertenecería más a su religión. Paola y Esmeralda apoyaron su decisión y animaron a la futura ex Testigo a no darle vueltas a la reacción de su padre, pues no merecía la pena.

Topacio urdió un plan para hacer más daño a su padre: provocar ser expulsada de la congregación; para esto buscó un ligue aquella tarde en la Playa de La Mata, una tarde en la que fue a bañarse con Paola y Rocío, con quienes ni corta ni perezosa se puso a fumar, práctica que los Testigos de Jehová condenan basándose en un pasaje bíblico que comienza diciendo: “límpiense de toda contaminación de la carne y del espíritu” en la Segunda Carta del Apóstol Pablo A Los Corintios.

La casualidad hizo que precisamente una Testigo de Jehová viera a Topacio fumando. Se trataba de Margamariana Rojo Abreu, prima de Yoli, que no dudó en reprochar con dureza el comportamiento “mundano” de Topacio, quien con altanería y soberbia –cualidades poco habituales en ella hasta entonces-, le echó el humo a la cara…

TOPACIO: Hago lo que me da la gana….

MARGAMARIANA: ¿Pero qué dices, desvergonzada?

TOPACIO: ¡¡¡ Lo que oyes!!!, ya estoy harta de que me digan lo que puedo o no puedo hacer

MARGAMARIANA: Vaya, entonces no te arrepientes de lo que estás haciendo

TOPACIO: De ninguna manera. Mi vida es mía; soy dueña de mi destino, puedo hacer lo que me plazca.

MARGAMARIANA: Ten en cuenta que cada uno rendirá cuentas a Dios por sus actos, lo dijo el Apóstol Pablo en su Carta a los Romanos.

TOPACIO: ¿Ah, sí?, pues la Biblia también dice que no se debe uno entrometer en asuntos ajenos

MARGAMARIANA: Esto no es como dices tú, estoy intentando que recapacites y abandones esa conducta mundana que sólo te echará a perder. El mundo de Satanás no te va a ofrecer nada bueno

TOPACIO: ¡¡¡Basta!!!, ¡vete, fuera de mi vista!…

MARGAMARIANA: Me voy sí, pero tarde o temprano tendrás que hablar con los ancianos.

TOPACIO: Me trae sin cuidado si se enteran o no esos charlatanes que parecen loros repitiendo siempre las mismas chorradas en la plataforma.

MARGAMARIANA: ¡¡¡Basta!!!, vete al mundo si quieres, pero no te permito que ofendas así a los hermanos que tanto se esfuerzan y trabajan por la organización

TOPACIO: ¡Que me da igual!, chívate tú si quieres.

MARGAMARIANA: De verdad chica que yo te desconozco; no pareces la misma. Si es que no sé de que me extraño; porque tus malas compañías lo dicen todo ¡así como no vas a violar los principios bíblicos!…

TOPACIO: No me hables de lo que tu Dios condena, si tienes un mínimo porcentaje de inteligencia habrás percibido que nada de lo que has soltado por esa bocaza me interesa, así que lárgate, me da asco verte la cara de amargada que tienes

MARGAMARIANA: Adiós, Topacio. Un día te arrepentirás de lo que estás haciendo y diciendo.

Margamariana se marchó llorando desconsoladamente por lo que le había dicho la hija de Mauberto.

Oskitxu se quedó sin palabras cuando Topacio le pidió que se acostara con ella para que la expulsaran de su religión; mas a pesar de que le sorprendió tal petición, accedió a los deseos de la lujuriosa joven; le hizo el amor con pasión y frenesí.

Mauberto se dejó llevar por una ira incontrolada pegándole una brutal paliza a Zequi cuando vio que estaba en la cama viendo la telenovela de sobremesa Amor Real.

         Oskitxu le pidió a Topacio que fuera su novia, pero ella le rechazó, dejando claro que sólo quería placer de cama con él; por esto, él chantajeó a la hija de Amatista confesando que había grabado el acto sexual, por lo cual Topacio, acorralada, aceptó salir con él.

Zequi e Iñaki comentaron la brutal paliza que le había pegado Mauberto, lo cual había indignado a Iñaki cuando Ezequiel, llorando a lágrima viva, se lo contó. Cuando se encontraron con Esmeralda y se lo dijeron, la joven se puso furiosa y sugirió denunciar a su progenitor, a lo cual el agente inmobiliario le dio la razón diciéndole: “Tu padre es un cerdo, esto no puede quedar así”.

ESMERALDA: Claro que no quedará así, yo no pienso permitir ninguna injusticia, y mucho menos tales agresiones…

IÑAKI: (Tras pensar unos segundos) Yo creo que en vez de denunciarle tendríamos que hablar con un anciano y contarle lo que ha pasado, así van a descubrir qué clase de padre es Mauricio Alberto Rojas.

ESMERALDA: Eso no es mala idea, así se le caerá la máscara a ese hipócrita. ¿Tú qué opinas, Zequi?…

ZEQUI: Pues que Iñaki ha dado en la diana con su idea, estoy totalmente de acuerdo.

IÑAKI: Es lo que se merece el hipócrita tu padre.

         Ajenos a tantos problemas, Andrew y Alexei disfrutaban de un caluroso día de playa en compañía de Jeremy Williams, con quien al final se habían marchado a compartir un apartamento para no causar gastos ni molestar a su primo Kristofer.

Margamariana no tardó en hablar con Mauberto y Amatista sobre el pecado de Topacio: verla fumar; Mauberto montó en cólera y al ver a la joven “mundana”, la echó de casa tras abofetearla. La lujuriosa joven juró para sí vengarse y se encaminó hacia la casa de Oskitxu, quien recibió encantado a su novia, quien viviría con él a partir de entonces; pensando para sí: “Ay zorrita, no te me vas a escapar, guarra, te voy a hacer lo que yo quiera, te tengo en mis manos”.

Esmeralda, Rocío y Yoli fueron solas a la Playa de Los Locos una mañana de finales de junio, mientras Andrew y su gemelo también se dirigían al mismo lugar.

Iñaki comentó que él no hablaría con los ancianos pese a ser un expulsado, por lo que Paola, decidida a defender la dignidad y honra de su primo Ezequiel, decidió intervenir ella y hablar con quien correspondiera de tan espinoso asunto.

Andrew creyó estar en el cielo cuando vio la belleza de Esmeralda por primera vez; ella creyó que un ángel había caído del cielo al verle. Sus corazones comenzaron a latir más deprisa a medida que se acercaban más el uno al otro.

Alexei emprendió la retirada; su “intuición gay” –como él decía-, le avisó de que su hermano había visto a una bella joven de la que se había quedado prendado nada más ver su bello rostro angelical.

Aicardo Santiesteban recibió intrigado a Paola en su casa. Él era un anciano de la congregación de sus tíos; Paola se presentó con Zequi, de quien hablaría acerca de la paliza salvaje que había propinado Mauberto a su hijo cuando descubrió que este veía una telenovela, lo cual dejó al anciano de 37 años demasiado sorprendido y perturbado, pues nunca hubiera imaginado que Mauberto fuera un hombre violento.

Andrew se acercó a Esmeralda y se presentó, lo cual hizo ella a su vez y le presentó a sus amigas Rocío y Yoli, a quienes impresionó el físico del “tío cañón” que tenían frente a ellas y cómo no, su angelical sonrisa.

         Por su parte, Topacio escribió una carta a los ancianos de su congregación para expresar su renuncia a seguir siendo Testigo de Jehová, tras de lo cual se encaminó a casa de sus padres y dejó la misiva en el buzón.

Amatista salió de casa muy triste; echaba de menos a Topacio. Antes de salir a la calle abrió el buzón y allí encontró la decisiva carta, que rezaba así:

“Yo, Topacio Rojas Marcos, renuncio a seguir siendo reconocida como Testigo de Jehová, por esto es mi decisión ser desasociada de la organización”

Amatista subió a casa y entre sollozos, entregó la carta a su esposo, quien frío como el hielo, no mostró pesar ninguno por lo que su hija había escrito y se citó por teléfono con Aicardo para entregarle la carta de Topacio.

Paola intentó consolar a su tía cuando esta le contó sobre la desconcertante decisión de Topacio, pero Amatista no podía dejar de llorar, tal situación era demasiado triste para su sensible corazón.

         Oskitxu comenzó a presionar a Topacio para que le presentara oficialmente como su novio, mas ella le pidió paciencia, pues si lo decía en esos momentos, sus padres le verían como el culpable de que ella renunciara a ser Testigo de Jehová.

Rocío y Yolanda comprendieron que sobraban frente a Andrew y Esmeralda tras hablar un rato los cuatro, por lo cual se fueron a bañarse tras dejar sus toallas bajo la sombrilla de Coca-Cola que llevaban, dejando solos a los dos, mirándose con un amor que recién nacía.

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«DIME QUE NO ES VERDAD»

Las vidas de los gemelos Andrew y Alexei se cruzan durante unas vacaciones en Torrevieja con Esmeralda y sus hermanos en un verano que nadie olvidará. El fanatismo religioso de la familia de Esmeralda en lo que tiene que ver con la homosexualidad de Ezequiel dará lugar a acontecimientos que nadie hubiera imaginado. Mucho menos la trama de una cruel traición durante una boda…

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EL ENEMIGO EN TUS ENTRAÑAS

En plena Edad Media, se cruzan las vidas de Marlene, la Condesa del Salmón Ahumado y Natalio, el Duque de Agua de Rosas en una controvertida historia de amor por la cual tendrán que luchar contra viento y marea pese a la oposición de los condes, quienes desean casar a su hija con otro hombre al que en un principio no ama. Dispuesta a vivir su amor pese a la sociedad, Marlene se rebela, pero descubre un secreto de Natalio que nunca hubiera imaginado, un secreto que en aquellos tiempos era castigado con pena de muerte…

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Sejo, Imperdonable Traición. Capítulo 10: Deseando perder de vista a mi familia.

Deseando perder de vista a mi familia, así estaba yo pocos días después de que mi abuelo convenciera a mi padre de comprarme el móvil, pues por lo visto se había visto obligado a “pagar” el daño emocional que me estaba causando con su desprecio, con su rechazo.

Mi abuela se quedó perpleja cuando yo le contaba todo. Me daba la razón cuando yo le decía que deseaba cuanto antes irme lejos y perderles de vista, no solo a él, sino a mi madre y mi hermana, sin mencionar a mi hermano pequeño, el que menos culpa tenía de todo. Pablito se ponía muy triste al ver como me trataba mi padre, y más de una vez me dijo algo así como “yo creo que a papá le das asco por ser gay”. Y eso con menos de 10 años.

Mi madre luchaba entre la espada y la pared, pero ella nunca me ha odiado. Me quiere mucho y lo sé, por eso me defendía cuando mi padre se metía conmigo. Mi hermana también era una de las afectadas por los malos humos que a veces se gastaba mi padre. Por culpa de él, su amistad con Beli se había visto amenazada por lo mal que se comenzó a llevar con Junio Martín, el que fuera su gran amigo tiempo atrás, por asuntos de trabajo. María Eusebia, la madre de Belinda, estaba comenzando a presionar a su hija para que no se juntara tanto con mi hermana, y todo por culpa del que no hace falta nombrar.

Jacinta Domínguez es la abuela materna de mi prima Rubí; la madre de mi tía Paz. Fui a visitar a Jacinta, quien se quedó muda por lo que le contaba de mi padre, repitiendo mis palabras acerca de cómo siempre “se hace la víctima”. Puso verdes a los Testigos en general por culpa de su actitud pronunciando frases como: Eso desde luego no es propio de alguien que va hablando del reino de Dios predicando por las casas y las calles”.

Mi abuela Juani se escandalizó al oír lo que Jacinta me había contado sobre la mala imagen que tenía de los Testigos por culpa de la actitud que había visto en mi padre. Pero se echó a reír conmigo cuando le conté que nos habíamos reído un poco al recordar los buenos y divertidos momentos que había pasado con la prima Rubí, cuando estuve en su casa el pasado año.

Mi abuelo Florencio llegó del Caprabo cargado con bolsas y se alegró al verme allí, pues quería saber cómo iba mi búsqueda de trabajo.

YO: Pues, sigo en la búsqueda, pero la verdad no tengo ganas de trabajar aquí. Estoy deseando perderles de vista. No puedo más. Es que vivir en casa me supone una dura prueba, no exagero…

JUANI: Ya lo sabemos, hijo, es muy fuerte que tengas que pasar por algo así.

En casa la tensión cortaba de raíz el ambiente a lo bestia. Muchas veces incluso había tenido pesadillas con que mi padre me mataba o me daba tal paliza que acababa en la UVI. Esto puede parecer muy fuerte, pero por desgracia, fue así. Tuve mucho miedo. Sólo me consolaba que mi madre estuviera allí. Me daban arcadas solo de pensar en lo que hubiera sucedido si mi madre hubiera perdido la vida cuando dio a luz a Pablo por cesárea, y es que por casi no lo cuenta. No quería ni pensarlo, qué sería de mí, si yo estuviera en esta situación solo en casa con mi padre y mi hermana, ambos al parecer cortados del mismo molde. O mejor dicho: de tal palo, tal astilla. Seguro que hubiera tenido que irme a vivir con mis abuelos, porque la vida sin mi madre en casa sería un infierno eterno y sempiterno.

Días después, llamé a Sejo por teléfono y hablamos casi por media hora, durante la que me preguntó qué diantre pasaba en casa y yo se lo conté con todo detalle. Se quedó flipando. Nos tiramos hablando casi tres horas. Tuve que colgar, era obvio, antes de llegar a mi portal.

Empezaba el mes de mayo y yo estaba ya más que harto de estar en casa, por lo que comencé a planear la manera de regresar a Madrid, más aún cuando mi padre dijo que si seguía estando expulsado, no quería que viviera en casa. Mi madre no daba crédito a lo que estaba escuchando. A las claras, mi padre me estaba echando de casa. A mediados de mayo, mi amigo Jose Luis Ruiz, que tenía 47 años, me dijo que iba a ir uno de los fines de semana de ese mes a Torrevieja, lo que me alegró, pues así le hablaría de mis planes de irme a Madrid.

El día 12 de mayo fui a la biblioteca y allí conocí a una belleza escultural que se sentó a mi lado. Una rubia bellísima de nombre Alcira Arismendi. Su nombre me encantó. Conectamos muy rápido. Ese mismo día me invitó a tomar un café en el Casino de Torrevieja, un lugar que desde entonces, me encanta. Alcira se alegró mucho de que estuviera escribiendo una novela que llevaba su nombre.Me contó que venía de Venezuela y que llevaba tan solo dos meses en Torrevieja, pero que había vivido en Madrid un año muy cerca del barrio de mi prima Silvia, sólo que ella vivía en Plaza Elíptica, zona que yo conocía muy bien.

Alcira se quedó sorprendida al saber cómo me trataba mi padre, pues con el pasar de los días nos hicimos confidencias de todo tipo y ella llegó a convertirse en mi ángel de la guarda, mi mejor amiga.

Jose Luis llegó a Torrevieja el viernes 16, cuando yo le dije a Alcira que si tuviera la oportunidad me iría a Madrid sin pensarlo, pues ya estaba harto de todo y deseaba perder de vista a mi familia.

ALCIRA: La verdad que me daría mucha pena que te fueras, me caes muy bien.

YO: No te preocupes, no me puedo ir todavía por falta de dinero, primero tendré que encontrar un trabajo para poder irme a Madrid. Y cuando tenga un trabajo, pues tendré que ahorrar.

Jose Luis no vino sólo a Torrevieja, sino con su madre, que tenía 83 años y estaba enferma de reuma. El sábado planeamos vernos en el Boys, pub de ambiente gay de La Mata. Nos vimos a eso de las doce de la noche y me invitó a un cubata cuando llegué al Boys, en el que sólo había tíos mayores de 30 años. Como una hora después, salimos del Boys y me llevó a su coche, donde me regaló unos discos de música variada, lo que le agradecí. Después me llevó a El Moncayo, un paraje de ambiente cercano a la playa de Guardamar del Segura. El Moncayo era una especie de picadero donde algunis clientes del Boys llevaban a sus ligues de turno si no tenían sitio donde fornicar a gusto.

Ya en El Moncayo, me empezó a tocar y lo hicimos lentamente, pero sin penetración, ya que yo no tenía muchas ganas de ser penetrado. Poco después me llevó a casa, donde caí en la cuenta de que se me había olvidado preguntarle si podía irme con él a Madrid al día siguiente. Le mandé un mensaje al móvil preguntándoselo. Después, me acosté nervioso. “Si pudiera irme sería perfecto, pues al llegar a Madrid, me iría directamente a casa de la prima Silvia. Ojalá salga bien, porque lo tengo todo calculado. Si todo sale bien, este viaje será un éxito total y rotundo”, pensé. La última frase se me había pegado del divertido personaje de Vilma en la telenovela Secreto de Amor. Mi prima me había dicho que podría ir a su casa si me veía obligado a volver a irme de Madrid, por eso no tenía que preocuparme.

Al día siguiente, quedé con Alcira para ir juntos a la Playa del Cura, donde no dejábamos de hablar sobre el que podría ser mi próximo viaje a Madrid si Jose Luis no tenía ningún problema en llevarme en su coche.

Jose Luis leyó el mensaje que yo le había enviado por la noche cuando se levantó y me llamó para darme la respuesta: “Claro que te puedes venir en mi coche, pero sólo te voy a pedir una cosa: tenemos que ser discretos, pues no iremos solos. Viene mi madre, que como ya sabes vino conmigo”.

Su madre se llamaba Vicenta Dicenta. Yo le prometí a Jose Luis que sería discreto.

JOSE LUIS: De acuerdo. Entonces te recojo a las tres de la tarde en la Estación de Autobuses de Torrevieja. ¿Te viene bien a las tres?

YO: Sí, a esa misma hora.

JOSE LUIS: De acuerdo, pues allí nos vemos.

Llamé a mi madre para avisarle de que me iba a Madrid ese mismo día, pidiéndole que me preparase algunas cosas. No estaba muy de acuerdo en que me fuera. Escuché por detrás cómo mi padre decía que me fuera sin nada, es decir, con lo puesto.

ESTA OBRA ESTÁ PROTEGIDA POR COPYRIGHT. ORIGINAL DE ISMAEL GOMEZÍA, PUBLICADA CON PSEUDÓNIMO GATO SOL RUBIO EN ABRIL DE 2012. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.

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Sejo, Imperdonable Traición. Capítulo 9: Amor a 450 kilómetros de distancia.

Pero me llegó un amor como caído del cielo, aunque a distancia. Le conocí el 17 de marzo cuando chateaba en la biblioteca y nos caímos muy bien. A los dos días ya éramos novios. Fue muy rápido. Se llamaba Wenceslao Jimenado, pero siempre le llamaba Wences, que era como se había presentado. Cuando se lo conté a Sejo, se quedó sin saber qué decir, pero me felicitó y Ricardo reaccionó igual, contento de que yo me sintiera feliz.

Wences era de Maracaibo –Venezuela-. Me gustó mucho cuando me envió su foto. Era moreno, alto y muy guapo. Ganó a mi imaginación la imagen que me había formado de él tal como en el chat y por teléfono se había descrito (alguna vez yo lo llamé a su casa desde un locutorio, pues me había dado su número). Yo le envié también una foto mía por correo y también le gustó mucho.

Se me ocurrió presentar a Sejo a Ricardo y viceversa, pues a ambos les había hablado al uno del otro. Y se cayeron muy bien, lo que me alegró mucho. Yo me sentía muy feliz por estar con Wences, aunque fuera en la distancia. Lo amaba, sí, esto fue lo que me dio ganas de regresar a Madrid. Si antes lo había deseado para conocer a Sejo y Ricardo, mucho más teniendo a mi novio viviendo a 450 kilómetros de mí en la localidad madrileña de San Sebastián de los Reyes.

Poco después, Sejo me habló de lo mal que se sentía, pues su padre lo trataba muy mal y su madre no le quería. Ambos eran muy crueles con él. Leopoldo Barragán y Luisa Durán eran dos malvados hasta la médula que de padres solo tenían el título. Por suerte, Sejo tenía una amiga que le apoyaba en todo. Se trataba de Nastasia González. Aunque el apoyo era con ciertos límites, ya que Leopoldo sabía que era la mejor amiga de Sejo, y tan sólo por eso le tenía manía.

Sejo me contó que en una ocasión, su perversa madre había llegado hasta el triste y malvado extremo de amenazar de muerte a su propio hijo y a su amiga, que no le dio mucha importancia a la amenaza, porque pensaba que la furibunda madre de Sejo estaba enferma de los nervios y no sabía bien lo que había dicho. Cuando Sejo habló en privado con su gran amiga sobre tales amenazas, le propuso denunciar a su madre.

NASTASIA: No, Sejo, mejor que no hagamos eso.

SEJO: ¿Pero porqué?, es muy serio, se trata de amenazas de muerte…

NASTASIA: Ya lo sé, pero con eso sólo conseguiríamos empeorar la situación.

Poco después, Leopoldo Barragán le advirtió a Nastasia que no jugara con fuego, pues podría quemarse, lo que inquietó a la joven, que interpretó tal advertencia como una amenaza, y es que lo era.

Yo en Torrevieja me sentía mal por no estar en Madrid apoyando a Sejo junto a su amiga, a la que los padres de este parecían tenerle la guerra declarada sólo por defender a Sejo, que era maltratado por su madre, que le había clavado una estaca en un costado poco antes de conocernos por el chat de Chueca, y estaba vivo de puro milagro. “Esa mujer está loca, pero loca de remate. Y el padre tampoco se queda atrás”, pensaba yo.

Sejo me contó también que como su padre le pillara viendo telenovelas, que a Sejo le encantaban, le llamaba de todo y su madre le pegaba latigazos en la cara, dejándosela marcada en la mayoría de las ocasiones.

Mientras, Wenceslao se masturbó pensando en otro que no era yo. Y tuvo el descaro de decírmelo. Me sentó fatal que hubiera hecho eso. Pero por lo menos había sido sincero. Y tanto. Ahora pienso que enfadarme por eso fue bastante tóxico, porque tener pareja no quiere decir privarse de la masturbación.

Sejo y Ricardo querían conocer a Wences, por lo que les presenté por el Messenger y se agregaron sus direcciones para hablar entre ellos. Pero lo que me dijo Sejo días después me desconcertó. Me contó que Wences le había puesto la webcam y por casi se desnudó completamente ante él. Esto me pareció tan fuerte que, por supuesto no quise volver a saber nada más de mi novio a distancia y le mandé a la mierda; al saberlo, Ricardo me dijo que si Wences había hecho eso, yo había actuado de la mejor manera al cortar con él, añadiendo: “Yo hubiera hecho lo mismo. A mi juicio, un tío que le enseña su cuerpo a otro por webcam es un tío que te pone los cuernos, eso no me lo niega nadie”. No lo supe nunca pero nada me extrañaría enterarme de que me fue infiel. “Pues que le den por culo”, pensé. Así de claro.

Muchas veces he pensado que mi casa estaba embrujada. Sentía cómo si me hubieran echado mal de ojo, pues todo iba a peor. Era como si un espíritu diabólico me rondara para hacerme daño. Las nubes negras anidaban en mi corazón cuales amenazadoras señales de peligro y malestar; no sólo por haber terminado con Wenceslao, sino por la tensa situación que vivía en casa.

Un día estaba tan harto de mi padre, que para vengarme por su manera de tratarme, le cogí dinero de la cartera y me compré un móvil, pues quería poder hablar con Sejo y Ricardo. Fui a Vodafone y me compré un móvil, el Nokia 3410, que era el mismo que tenían mis padres. En casa pensaba decir que me habían tocado 100 € jugando a la ONCE, pero no coló. En cuanto mi padre vio que me había comprado el móvil, me lo quitó. Vaya bronca la de aquel día. Mi padre dijo que quería que me fuera de casa lo antes posible. Desde ese día dormiría en el comedor. Pero más fuerte fue sin duda lo que me dijo después: quería que desapareciera de sus vidas de una vez y para siempre. Nadie sabe cómo se te cae el alma al suelo al oír tales palabras. Yo sabía que me había pasado al coger ese dinero, pero consideraba que no era para tanto. Para colmo me había echado de casa y no podía volver hasta las once de la noche, y eso todos los días durante tres meses, lo que enfureció a Sejo cuando se lo conté. Juramos venganza, eso no quedaría así. Sejo me dijo que lo dejara todo en sus manos y así lo hice. Que la venganza fuera más cosa de él que mía, pues yo no sabía enfrentarme a mi padre sin que hubiera una paliza de por medio. Por esa parte, yo estaba tranquilo, porque sabía que tenía el apoyo de Sejo.

En el mes de abril, mi abuela decidió hacernos a cada nieto un regalo, por lo que yo pedí tener un móvil, con lo que al principio, mi padre, para variar, no estaba en absoluto de acuerdo. Pero a mi abuela eso no le importó. Es más, no sé lo que hizo mi abuelo que convenció a mi padre para que me comprara el móvil, pues me lo compró el sábado 12 de abril. Era un Nokia 3330, de los que se llevaban en 2003 con diferentes carcasas, pues eran todos del mismo color azul marino. Me hizo mucha ilusión y esa noche me puse a memorizar los números de teléfono como el de Sejo, Ricardo, y los que tenía apuntados en mi agenda y diario.

Al día siguiente, fui a la Playa de La Mata por la mañana y escuché por primera vez la voz de Ricardo, que me pareció muy varonil. Nos tiramos hablando bastante tiempo, como media hora, en la que me decía que tenía muchas ganas de conocerme en persona. Esto me animó mucho.

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SEJO, IMPERDONABLE TRAICIÓN. Capítulo 8: Sejo se enamora de un desconocido.

Todo iba muy bien, hasta que, el sábado 25 de enero, Sejo me dijo por Messenger que había conocido a un tal Raúl, de su misma edad y que se había enamorado perdidamente de él. Yo me alegré por Sejo y se lo dije pero, al salir del cyber, sentí que no me alegraba del todo. ¿Por qué? Me había enamorado de Sejo sin conocerle en persona y para más inri, estaba celoso.

Ese día empezó mal ahí, pero para colmo comimos todos en casa de la abuela y para variar, mi padre armó un escándalo poniéndome verde. Y claro, mi abuela no se calló y me defendió con valor. Pero a mí lo que más me dolía era lo de Sejo. Deseaba su felicidad, sí. Pero quería que estuviera conmigo, no con ese tal Raúl al que cogí manía sin conocerle siquiera. Me había enamorado de alguien que no conocía en persona y no era la primera vez.

El lunes volví a hablar con Sejo y en mi interior no dejaban de rugir los celos que sentía cuando me hablaba de lo bien que se sentía con su chico, al que yo cogía cada vez más manía. Miento si digo que me alegré del todo por sentirle tan contento, me alegré algo, pero tenía envidia, sentía envidia de lo bien que se encontraba al lado de un chico y también estaba celoso, pues lo quería sólo para mí.

En esos días compartí más de mi tiempo con Ricardo, quien me fue de gran estímulo para olvidar un poco el dolor que me causaba no ser yo el afortunado que estaba con Sejo. Me acordé por aquel entonces del proverbio ese que dice algo así como “Existe un hermano nacido para el tiempo de angustia”. Fue de verdad un verdadero consuelo para mí el poder contar con su apoyo y amistad, pues me sentía muy mal por no estar en Madrid. Seguía odiando Torrevieja y les había dicho a Sejo y Ricardo que en poco tiempo regresaría a Madrid para nunca más regresar al “maldito pueblo de Torrevieja”, pues estar en ese lugar me había traído muchos disgustos y sinsabores. Lo de “maldito pueblo” lo decía muy a menudo. No solo estaba triste por Sejo, sino también porque en casa seguían haciéndome la vida imposible: mi padre con sus absurdeces y mi hermana con sus críticas destructivas cuando yo estaba viendo alguna telenovela.

Mi abuela estaba muy harta del comportamiento de mi padre y un día le dijo a mi madre que ojalá nos dejara un día y se largara por ahí. Mi madre a veces no hablaba por no pecar, por lo que no contestó nada a ese comentario que había hecho mi abuela. Pero tuvo que admitir que sin ese hombre en casa estaríamos más tranquilos. Más aún cuando sucedió lo que relataré a continuación. Esa noche habían llegado de la reunión de los Testigos, y yo llegué a casa poco después. En La Primera de Televisión Española se estaba emitiendo Ana y los 7, serie que siempre veíamos toda la familia. Pero mi padre tuvo la mala leche de quitar la serie y poner una película violenta de las que tanto le gustan. Como en la habitación de mis hermanos Pablo y Marta había tele, mi hermano y yo nos fuimos a ver Ana y los 7. Mi madre estaba haciendo la cena y mi padre cenando el primer plato, mientras mi madre se quejaba de que siempre veía películas violentas. Mi padre le pidió que se callara, por lo que ella se ofendió. Mi madre se dio cuenta de que mi hermana se había venido con Pablito y conmigo a ver Ana y los 7, por lo que se vino a verlo con nosotros. Mi padre se quedó sólo cenando y eso le jodió tanto que se levantó y al llegar a la habitación, nos echó fuera, a mí me empujó tirándome al suelo, lo que molestó a mi madre. Pero ahí no acabó la cosa: mi hermana cambió el canal quitándole a mi padre la película, lo que le enfureció tanto que cogió la televisión y la tiró al suelo con toda su mala leche. Mi madre se echó las manos a la cabeza y yo me quedé a cuadro, y es que si no llega a ser porque mi hermana lo impidió, me tira la televisión a mí. Eso ya fue demasiado fuerte. Mi padre se cabreó diciendo que yo tenía toda la culpa, que yo lo había provocado incitando a mi hermano a ir a ver la serie en la otra tele. Mi madre se enfrentó a él como llevaba tiempo sin hacerlo, poniéndole en su lugar, como se merecía, lo que le irritó tanto que quiso pegarme, pero mi hermana se puso por medio y me defendió. La verdad que de ella no me lo esperaba, pues siempre ha estado más de su parte al joderme y al disfrutar criticándome. Puede parecer exagerado, pero juro por mi abuelo Boni –que en paz descanse-, que lo que estoy contando es muy cierto.

Destinado a sufrir. Así me he visto muchas veces. Y todo por culpa de lo que me han humillado y maltratado psicológicamente. No es raro que haya necesitado mucho apoyo de mi abuela y los que de verdad se han interesado por mi bienestar, como por ejemplo, mi querida prima Silvia, a la que siempre le estaré eternamente agradecido. Muchas veces he pensado que he nacido para sufrir. El maltrato psicológico vivido en carne propia muchas veces me ha hecho desear morir, desaparecer para siempre. Cuando alguien te trata como lo hizo mi padre aquella vez, te hace sentir como una mierda, un cero a la izquierda.

Esa noche mi padre vociferó como él solía hacer cuando se comportaba como un loco. Le llegó a decir a mi madre que se iría de casa y ella respondió que no estaría mal que nos dejara un poco en paz. Después de eso, les oímos discutir acaloradamente en su alcoba, pero al rato se calmaron los ánimos. Tras la tormenta, la calma. Y así fue.

Al día siguiente, no dudé en contarle a Sejo el numerito que había montado mi padre por la noche, lo que le indignó, por lo que volvió a decirme que nuestra venganza contra él seguía en pie.

Mi abuela se quedó a cuadro cuando le conté el escándalo que había armado mi padre y lo nerviosa que se había puesto mi madre.

FLORENCIO: Tu padre está mal de la cabeza.

JUANI: Es que lo que hace tu padre no es de un Testigo de Jehová.

FLORENCIO: Claro que no, ¡lechuga!

El día 5 de febrero me quedé a cuadro al leer un e-mail que Sejo me había mandado: había cortado con su novio porque sólo quería sexo con él, sólo quería llevárselo a la cama. Como yo estaba en la biblioteca y no podía conectarme al Messenger, le escribí un e-mail como respuesta diciéndole que le esperaba en el chat por si podía conectarse. Y no tardó en entrar. Me contó que el tal Raúl era un gilipollas y un descerebrado que sólo había estado con él con la única intención de llevarle a la cama. “Pero se ha quedado con las ganas, pues al descubrir sus verdaderas intenciones conmigo, huí de él como alma que lleva el diablo”, me dijo.

YO: ¿Pero tú cómo te sientes?

SEJO: Bien. Sé que he hecho bien cortando. Se ha aprovechado de mi necesidad de sentirme querido y ha intentado forzarme a tener relaciones, para lo que yo no estaba preparado tan pronto. Lo veía muy precipitado.

Yo me alegré un montón por esa ruptura, pues eso me dejaba el camino libre con él de nuevo y, además me alegré, de que no hubiera sido una ruptura traumática, pues Sejo no estaba deprimido ni triste, sino que parecía sereno al contarlo y se notaba en su manera de expresarse. Aunque me dolía mucho que se hubieran burlado de sus sentimientos. La empatía fue lo que me llevó a apoyarle aún más, pues sabía por lo que estaba pasando. Pero eso sí. El tal Raúl había pasado a la historia. No volvimos a hablar de él en aquellos días. Le amaba y eso sentía en mi corazón, pero yo mismo me prohibía ese amor, pues amar en la distancia es muy duro sobre todo si estás a 450 kilómetros de tu pareja, como me pasó en los meses siguientes. “Mi amor por Sejo no es tal, sino cariño fraternal”. Eso es lo que una parte de mí quería pensar, pero la realidad era bien distinta. Porque si yo sentía sólo “cariño fraternal”, ¿a qué vinieron los celos que me provocó el saber que Sejo tenía novio? Eso contesta una vez más a lo que ya he dicho: no era “cariño fraternal”, era un amor profundo que había nacido en mi corazón.

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SEJO, IMPERDONABLE TRAICIÓN. Capítulo 7: VUELVO A SABER DE SEJO.

Pasé el día de Reyes comiendo en casa de mis abuelos, que se alegraron mucho de que estuviera de nuevo en Torrevieja. Mi abuelo me dijo que si quería independizarme lo primero de todo tenía que tener un trabajo, por lo que les prometí que lo buscaría. Mi padre dijo que no quería un vago en casa, por lo que mi madre me defendió, diciendo que tenía que descansar, pues había pasado varias noches sin dormir. Si había algo que a mi padre le reventara, era que mi madre me defendiera siempre de sus ataques y paranoias verbales, que, en la mayoría de las ocasiones, acababan en discusiones que hacían mucho daño a la familia. Pero la cosa subía mucho más de tono si era la abuela la que me defendía. Entonces sí que no había quien le aguantara. Porque ahí sí que el papel de víctima no le vale, pues mi abuela le conocía muy bien y muchas veces se quejaba de que su hija tuviera que soportar a un hombre así.

Al día siguiente, me fui a chatear a la Biblioteca Municipal de Torrevieja, pues allí se podía usar Internet sin pagar una hora al día.

En el chat de Chueca conocí a un chico llamado Ricardo, que me cayó muy bien y tenía 18 años. Se describió así “alto, delgado, ojos marrones, ni muy guapo ni muy feo, normal, del montón”, dijo él. A mí me gustó que fuera tan sincero y yo me describí tal y como me había descrito cuando en ese mismo chat había conocido a Sejo. Por cierto, busqué su nick pero no le encontré, lo que me desanimó un poco. Pero para volver a saber de Sejo no tuvo que pasar mucho tiempo. El viernes 10 fui a un cyber de la calle Joaquín Chapaprieta y al abrir mi Messenger cuál fue mi sorpresa al encontrarme con Sejo, que pidió disculpas por haberme plantado, pues le dio corte lo de quedar para conocernos habiendo hablado tan sólo una vez por el chat. También se disculpó por no haberme avisado y es que tampoco sabía como localizarme para decirme que no iba a acudir a nuestra cita. Acepté sus disculpas, diciéndole que no pasaba nada, lo que agradeció. Se entristeció un poco al leer cómo me había visto obligado por las circunstancias a regresar a Torrevieja después de pasar tantas penurias en Madrid. Pero se sintió contento de haber vuelto a hablar conmigo, igual que yo, que se lo había pedido al 2003, y nueve días después de comenzar el año mi deseo se había cumplido.

Desde el día siguiente pasó casi un mes entero en el que yo sólo vivía para estar enganchado al Messenger, tanto hablando con Sejo como con Ricardo. Sejo y yo cada día nos caíamos mejor. Con Ricardo también congeniaba en muchas cosas, total, que nos estábamos haciendo muy amigos. Ricardo me caía muy bien. Era de Alcorcón, por él me hubiera ido de nuevo a Madrid, pero no quería volver a estar en la calle ni repetir las malas experiencias vividas dos veces en el mes de diciembre.

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SEJO, IMPERDONABLE TRAICIÓN. Capítulo 6: La muerte del Abuelo Boni.

La voz de mi tía lo dijo todo cuando le pasé el teléfono a mi madre: “El abuelo Boni acaba de morir”.Sabíamos que de esa noche no pasaba, ya nos lo habían avisado. Nos sentimos muy tristes.Mi padre volvió a admitir que había sido precipitado el volver ese día, pues hubiéramos podido ir al entierro.

Mi abuelo Florencio llamó a mi madre para decirle que esa misma noche saldrían para Madrid; mi madre dijo que se iba con ellos. Yo también quería irme y mis abuelos no pusieron ninguna pega, pero cuando bajé al coche me llevé un chasco tremendo: no podía ir con ellos, ya que a última hora, mi primo Felipín y su pareja, Bernardina, iban a ir a Madrid con mi madre y mis abuelos. Subí a casa llorando. No podría ir al entierro, pues no cabía en el coche, lo que también les dio rabia a mis abuelos.

Tuve que conformarme con que mi madre nos contara por teléfono como había transcurrido todo; al llegar el domingo nos contó cómo había sido el entierro. Dijo que había ido mucha gente del barrio de mi bisabuelo. Pero lo que más me chocó fue que mi prima Silvia se había peleado con su prima Dana. Por lo que nos contó mi madre, mi prima había dicho que nadie quería al abuelo más que ella. Por lo visto, Heliodoro flipaba al verla tan tensa y mi primo Esteban -hermano de Silvia-, tuvo que pedirle varias veces que se calmara, haciéndola salir de la sala del velatorio.

Supe también que mi prima Rubí había estado un rato en el tanatorio el sábado por la noche, que vio al abuelo Boni de cuerpo presente, lo que le causó mucha impresión. Era natural que le causara un hondo penar.

Mi madre se alegró de que esa tarde quisiera ir con mi padre a la reunión, pues había hablado con él sobre mi decisión, aunque con ciertas dudas, de volver a ser Testigo de Jehová.

Aunque en verdad lo dije para no correr el riesgo de que no me quisiera tener en casa por estar expulsado, como había sucedido antes y como volvería a suceder, como veremos más adelante.

La muerte del abuelo Boni había sido lo peor del comienzo de 2003, el acontecimiento familiar más triste acaecido ese año. Y de eso hablé con mis abuelos al ir a visitarles el día siguiente. Yo quería mucho a mi bisabuelo, quien siempre preguntaba por mí a mi abuela.

PACTO DE AMOR – Capítulo 2

Aquella noche, Dámaris y Mildred se encontraron a las diez en el Kilómetro 0 como habían acordado y esperaron a que llegaran Elio y Veva, que había sido avisada por Mildred para salir de marcha el día antes de comenzar su carrera de Periodismo. También se presentaron Scarlet y Topacio. Fueron todos juntos en dirección a la Discoteca Club Mito, a donde casualmente también se dirigían los Bustamante. Como eran las 22: 45 y la discoteca no abría sus puertas hasta las 23:30, se fueron al Bar Truco, situado en la Plaza de Chueca, donde coincidieron sin conocerse, cada cual por su lado.

            Mientras, en Buenos Aires, Regina y Cynthia estaban en la tienda Modas Quintana Bustamante, donde trabajaban a las órdenes de su hermana Esmeralda. Como apenas no tenían clientela a esas horas, conversaban sobre sus sobrinos y el temor de los Bustamante a volver a cruzarse con los Monteblanco. Al llegar, Esmeralda les oyó hablar del tema, por lo que no dudó en meter baza hablando del mismo asunto.

            Ismayá Bustamante fue acompañado al aeropuerto de Buenos Aires por sus hermanos Mauri, Chechu, Aquiles y Moidani, que lo invitaron a cenar en el restaurante que había en el aeropuerto. Ismayá tenía ganas de llegar a Madrid cuanto antes para así desconectar por una temporada de su vida en Argentina.

África Villarreal estaba en su tienda, donde pensaba en su soñada publicación de la novela que estaba escribiendo, una bonita historia de amor titulada “Ave de Amor”, basada en su última pero frustrada historia de amor con Jeremy Monteblanco, primo de Dámaris.

            En Madrid, Rubén, Rocío y Samuel se fueron a la Discoteca Club Mito, lo mismo que hicieron quienes iban con Dámaris Monteblanco; mientras, al llegar a la discoteca, Rubén, Samuel y Rocío escucharon que estaba sonando la canción Mi tierra, de Gloria Estefan y subieron a la pista a bailar, llenos de alegría por bailar esa canción en España, aunque les recordara a su Argentina, su tierra natal, a la que volverían tras pasar unos días más. Lejos estaba Rubén de imaginar que pronto cambiaría de opinión y querría quedarse en Madrid para siempre. Por su parte, Rocío pensó que esa noche tenía que ligar, por lo que se puso a mirar con ojos de loba al acecho para cazar algún tío bueno que se le pusiera por delante.

            Mientras, Esmeralda Quintana de Bustamante oyó una noticia por televisión que la dejó de una pieza: René Monteblanco, el multimillonario petrolero de Buenos Aires se había mudado a la capital de España con toda su familia, lo que corrió a contar a sus hermanas Regina y Cynthia, que estaban colocando ropa nueva en los escaparates de la tienda.

REGINA: Es terrible. Ahora sí que no pienso que exagerabas al temer que tus hijos conozcan por casualidad a alguno de los monstruitos del estúpido matrimonio Monteblanco.

CYNTHIA: Pero ahora sí que tenés que hacer algo, Esmeralda. Bajo ningún concepto debés permitir que esa familia se vuelva a cruzar en nuestras vidas…

ESMERALDA: ¡Por supuesto que no pienso permitirlo! Quédense en la tienda. Voy a platicarle esto a Zafiro. Es muy grave.

REGINA: Aunque te digo una cosa, Esmeralda: Madrid es muy grande. No es tan fácil coincidir en un mismo lugar.

ESMERALDA: Queridita, eso ya lo sé yo. Pero basta que sea difícil, como para que, por una de esas malditas casualidades de la vida, vayan a coincidir en la misma zona.

REGINA: En eso no te falta razón, che.

ESMERALDA: Claro. Yo siempre tengo razón en lo que digo. Bueno, lo dicho, chicas. Me voy a hablar con mi marido. Hasta luego…

CYNTHIA Y REGINA: Hasta luego.

            Ismayá estaba en el avión leyendo el periódico español El Mundo, en el que leyó la noticia que tanto había alarmado a su madre, pero al ignorar las guerras del pasado entre su familia y la de los Monteblanco, no le prestó mucha atención y le pasó desapercibida como una más.

Dámaris Monteblanco llegó con sus acompañantes a la Discoteca Club Mito, donde en esos momentos sonaba la canción Bamboleo cantada por Julio Iglesias, que se pusieron a bailar nada más dejar las chicas sus bolsos junto al de Rocío Bustamante, que, al ver a Elio, se fijó en él de arriba abajo; le pareció muy guapo, de modo que decidió presentarse. El hermano de Mildred no supo qué decir a tan escultural belleza, pero se presentó y le dio dos besos.

ELIO: ¿Qué hace una chica tan guapa como tú en un sitio como éste?

ROCÍO: Lo mismo te pregunto yo a ti, tío bueno.

ELIO: Vaya, muchas gracias. Tú tampoco estás nada mal, pero es que mira, no quiero ser descortés, pero yo estoy enamorado de otra muchacha. Te la voy a presentar.

ROCÍO: ¿Pero quién habló de enamoramiento?, ¿acaso es tu novia?

ELIO: No, pero como si lo fuera, porque la amo…

ROCÍO: ¿Y si no te corresponde, qué?

ELIO: Pues lucharé por ella…

ROCÍO: Vale papito, pero déjate de querer presentármela hoy. Esta noche me gustaría pasarla contigo…

ELIO: ¡Vaya, qué directa!, ¿no crees que deberíamos conocernos un poco más?

ROCÍO: Okey, pues si quieres, vente conmigo y hablamos, bailamos, tomamos algo y si surge algo más, pues ya se verá.

ELIO: Muy bien. Eso ya me parece mejor plan. ¿Has venido sola?

ROCÍO: No, vine con mis primos Rubén y Samuel, pero estarán buscando compañía para esta noche…

ELIO: Uy, pues si quieres yo les puedo buscar compañía; vengo con algunas chicas. A menos que…

ROCÍO: ¿A menos que qué?

ELIO: A menos que tus primos sean gais…

ROCÍO: ¡Uy, qué va, chico! ¿Lo dices porque estamos en Chueca?

ELIO: Pues sinceramente sí.

ROCÍO: Pues no, mis primos son heteros ambos, que yo sepa.

ELIO: Entonces ve a buscarlos si quieres, yo te espero aquí y mientras pido algo de beber, que me parece muy feo no consumir en un sitio tan agradable como éste. ¿Qué quieres tomar, guapa?

ROCÍO: Okey, guapo. Voy a buscarles. Pídeme un cubata de lo que sea. Me fío de tu buen gusto.

ELIO: Como quieras. No te arrepentirás. Tengo buen gusto.

ROCÍO: No lo dudo.

Esmeralda Quintana De Bustamante llegó hecha una furia al despacho de su esposo, que la recibió, ya enterado de la noticia por el canal internacional de Televisión Española.

ESMERALDA: ¿Lo sabías?, ¿desde cuándo?

ZAFIRO: Calmate, que te da un ataque, mujer. Me acabo de enterar ahora mismo… Es más, estaba por llamarte…

ESMERALDA: ¿Y qué pensás hacer?

ZAFIRO: ¿Vos qué me propones?

ESMERALDA: Por lo pronto, que los chicos vuelvan hoy mismo…

ZAFIRO: Cariño, exageras. Además, Ismayá va de camino a Madrid para pasar unos días con Rubén y Samuel.

ESMERALDA: Bueno, es cierto. Que se queden hasta la semana que viene. Pero después ni un día más, a no ser que vayamos nosotros o que tengan que ir por trabajo, que si es así, irás vos.

ZAFIRO: Okey, yo mañana llamo a Rubén.

            Elio vio como llegaban Dámaris, Mildred, Veva, Scarlet y Topacio, quienes pidieron un cubata cada una a Jeremy Monteblanco, que había resultado ser uno de los camareros de la Discoteca Club Mito. Al ir con sus bebidas a la pista, Elio les contó que había conocido a una bella joven de ojos verdes que le había propuesto pasar esa noche juntos, lo que hizo reírse a las chicas.

Por su parte, Rocío vio como sus primos salían del aseo y les miró con extrañeza, pues le parecía raro que en tanto rato buscándoles no les hubiera encontrado.

ROCÍO: ¿Se puede saber qué hacían tanto tiempo en el excusado?

RUBÉN: Lo que pasa Rociíto, es que estaban llenos y tuvimos que esperar un buen rato a entrar…

SAMUEL: A ver si vas a pensar que nosotros somos gais, que no es así…

ROCÍO: Okey. Cambiando de tema, ¿ustedes quieren compañía para esta noche?

SAMUEL: Pues sí, ¿por qué no?

RUBÉN: ¿Pero por qué lo preguntas? ¿Acaso vos ya encontraste un pibe para esta noche?

ROCÍO: Sí. Se llama Elio Vega y me dijo que ha venido con unas amigas suyas…

RUBÉN: Pues vamos, ¿dónde están?

ROCÍO: Quedé en verlo en la barra, pero ahorita no lo veo…

Pero no tardó en dar con él, ya que a esa hora había poca gente en Mito. Tras llamarle, Elio acudió con Topacio al encuentro de Rocío, Rubén y Samuel.

ROCÍO: Buenas noches de nuevo, Elio. ¿Me presentas a tu amiga?

ELIO: Buenas… Pues no es mi amiga. Es mi hermana Topacio, pero es como si fuera una buena amiga, porque nos llevamos genial. ¿Y tú no me presentas a tus primos?

ROCÍO: Claro, Elio. Te presento a mis primos Rubén y Samuel. Él es Elio y ella, Topacio.

RUBÉN: Encantado. Topacio, qué bonito nombre…

TOPACIO: Gracias…

SAMUEL: Lo mismo digo. Un placer conocerlos, che.

ROCÍO: Te habrán dicho alguna vez que tienes nombre de telenovela…

TOPACIO: Sí, tantas veces que ya perdí la cuenta.

ROCÍO: “Topacio” era el título de una telenovela un poco antigua…

TOPACIO: Sí, y la verdad es que me encanta esa novela. Es más, mi mamá me puso el nombre por la telenovela que protagonizó Grecia Colmenares.

ROCÍO: Anda, qué gracia. Elio, voy a pedir algo pa’ nosotros y ahorita vamos con ustedes…

ELIO: Okey, nos vemos ahora.

Dámaris preguntó quiénes eran Rubén y Samuel, a lo que Elio respondió que en ese momento estaban en la barra. Dámaris vio a Rubén a lo lejos y le pareció un chico muy atractivo, por lo que fue a él, que en ese momento estaba pidiendo un mini de Kalimotxo para él. Samuel también pidió otro y se fueron hacia donde estaban los Monteblanco. Dámaris había ido al aseo, pues al acercársele Rubén, le dio corte saludarle. Él, como no la conocía, aunque también se le quedó mirando, se fue hacia la pista con Samuel y Rocío, que al llegar donde estaban Elio y los demás, se presentaron los que no se conocían. A los pocos segundos volvió Dámaris, que al mirar a Rubén sintió algo muy bello en su interior cuando él la miró, un intenso flechazo.

DÁMARIS: Hola, me llamo Dámaris Monteblanco Morenis, encantada. Soy argentina, de Buenos Aires, ¿y vos?

RUBÉN: Lo mismo digo. Yo soy Rubén Bustamante Quintana. Y también soy bonaerense.

DÁMARIS: ¡Qué casualidad, che!

RUBÉN: La verdad que sí, mirá, dejame presentarte a mi hermano Samuel y mi prima Rocío.

En ese momento comenzó a sonar en la discoteca la canción Sí, señor de Gloria Estefan. Rubén también sintió ese flechazo y estuvo casi toda la noche bailando con Dámaris y hablando con todo el grupo. Samuel, por su parte, congenió muy bien con Topacio, a quien le gustó el hermano de Rubén desde el primer momento en que lo vio.

             Esmeralda no podía siquiera imaginar que su deseo de que los Monteblanco no se cruzaran en el camino de su familia se acababa de hacer trizas, ya que uno de sus hijos se estaba enamorando de una de las hijas de René y Laura, quienes, en Cádiz, conversaban mirando al mar sobre sus hijos y el futuro que les aguardaba tras la mudanza, que esperaban fuera beneficiosa para todos.

Isaías y América se despidieron de su abuela Alfonsina, tras de lo cual se fueron a Mito, donde se encontraron con Dámaris y su grupo, que le presentaron a los primos Bustamante cuando en la discoteca sonaba la popular canción Bailando, popularizada por Alaska y los Pegamoides.

            Ismayá recibió una llamada en su móvil. Era su madre, que le reveló el odio que sentían los Bustamante hacia la familia Monteblanco desde siempre. Ismayá prometió a su madre alejarse de tal familia si se cruzaban con ellos. Ni se podía imaginar que ya era demasiado tarde, pues Rubén le estaba pidiendo a Dámaris en ese momento que saliera con él como novia, lo que la bella joven prometió pensar, aunque sentía quererlo desde esa noche.

            Isaías entabló en pocos minutos una animada conversación con Rocío y Mildred, que se maravillaron al saber que el hermano de Dámaris iba a grabar un anuncio de televisión; todo gracias a Veva Vega, que al darse cuenta de que habían coincidido quiso hablar más con él a fin de contratarle en la agencia.

VEVA: ¿Sabes?… Tienes un haz de luz peculiar como persona. Me caes muy bien. He decidido algo que te va a encantar.

ISAÍAS: Gracias por el cumplido, che. Nunca me dijeron algo tan lindo. Pero decime, por favor, ¿de qué se trata?

VEVA: Quiero contratarte en mi agencia de modelos.

ISAÍAS: ¿De veras? Eso suena fantástico

VEVA: Y tanto. Por supuesto, el spot ya lo tienes asegurado. Sólo queda esperar a que nos den el guion.

ISAÍAS: ¿Y qué tipo de contrato es?

VEVA: Incluye varios campos: por ejemplo, para ser imagen de revistas de moda conocidas en España y en todo el mundo. Firmás mañana si podés.

ISAÍAS: Por supuesto… ¿A qué hora?

VEVA: Pasate a las cinco de la tarde, así no tenés que madrugar.

ISAÍAS: Okey, pues allá estaré. Muchas gracias por darme esta oportunidad.

VEVA: No lo agradezcas. Vos te lo merecés.

            América preguntó a Rubén si de verdad quería ser novio formal de Dámaris.

RUBÉN: Pues claro, che. Fue un flechazo… Yo la quiero y la haré muy feliz si acepta ser mi novia.

AMÉRICA: Me caes muy bien. Voy a animar a mi hermana para que te acepte, porque te veo muy seguro de lo que dices, aunque sea algo precipitado, se acaban de conocer y ya decís que la querés…

RUBÉN: Lo entiendo… Muchas gracias por tu confianza.

AMÉRICA: De nada.

Dicho y hecho. América animó a Dámaris a aceptar a Rubén Bustamante como novio, lo que la enamoradiza joven aceptó, pues a causa de la actitud insistente del hermano de Samuel, demostraba que hablaba en serio cuando le había pedido ser su novia.

DÁMARIS: Me convenciste, voy a hablar con Rubén para decirle que lo acepto como novio formal.

AMÉRICA: Adelante, podés contar con mi apoyo.

DÁMARIS: Gracias, América.

Acto seguido, Dámaris buscó a Rubén por la discoteca, pero no lo encontraba, pues el joven había ido al aseo, lo que le informó América cuando preguntó de nuevo por el apuesto galán.

Samuel llamó por teléfono a Ismayá para saber cómo le iba en el viaje, lo que éste aprovechó para hablarle a Samuel del odio de los Bustamante hacia la familia Monteblanco, lo que dejó al atractivo Samuel sin poder dar crédito; Samuel le comunicó a un sorprendido Ismayá que habían conocido a los hijos de René y Raquel Monteblanco y que hasta se estaban haciendo buenos amigos. Ismayá no sabía cómo reaccionar, teniendo en cuenta las advertencias de su madre poco antes; no podía creer aún lo que había oído sobre el cruce del destino entre los Bustamante y los Monteblanco, por lo que llamó a su primo Felipe, que era gay, residente en Chueca. Cuando éste supo de tal cruce de destinos, no lo podía creer y le juró a su primo que intentaría advertir a los Bustamante de que por generaciones habían odiado a los Monteblanco. Por esto, Felipe, que era hermano de Rocío, fue a Mito para actuar en defensa de su familia.

            Rubén salió de acicalarse en el aseo y Dámaris le abordó para decirle que aceptaba ser su novia, lo que hizo muy feliz al hermano de Ismayá, quien en ese momento estaba hablando con su madre sobre lo sucedido en Madrid, lo que hizo gritar de rabia a Esmeralda, que acto seguido llamó a Felipe para rogarle que alejara a los Monteblanco de sus hijos; el hermano de Rocío añadió que en ese momento se encaminaba a la discoteca donde estaban sus primos, lo que al esposa de Zafiro agradeció, más tranquila al saber que su sobrino defendería el honor de su clan. La mujer no tardó en contarle lo sucedido a su esposo, que enardeció de cólera al saber el lío que había tenido lugar en Madrid. Era muy exagerado, por lo que propuso a su esposa marchar toda la familia a Madrid a fin de enfrentarse a los Monteblanco, lo que la hermana de Regina y Cynthia ni se paró a pensar, aceptando en ese mismo momento.

            Rubén y Dámaris, muy felices, comunicaron a sus amigos y familiares una noticia: “Somos novios”, lo que alegró a todos, menos a Samuel, que se preocupó en gran manera al recordar lo que Ismayá le había comunicado, pero no quiso enturbiar tal emotivo momento. Pero sintió que debía actuar de otro modo al llamar a Ismayá para comunicarle que Rubén se acababa de hacer novio de una Monteblanco, lo que impactó aún más a Ismayá, que no tardó nada en informárselo a su madre, que se desmayó al saberlo; mientras, Isaías felicitó a su hermana, lo mismo que hizo América, quien también pidió a Rubén por segunda vez que la hiciera muy feliz.

RUBÉN: Descuida, juro por Dios que nunca la haré sufrir.

Zafiro encontró a su esposa desmayada y pidió a Mari Lupe que le llevara agua para echársela por encima, lo que la mucama no tardó en obedecer. Zafiro mojó a su mujer en la cara, que volvió en sí repitiendo sin cesar el nombre de Rubén.

ZAFIRO: ¿Se puede saber qué pasó con Rubén?

ESMERALDA: Pues que se hizo novio de una Monteblanco. Con Dámaris Monteblanco, hija de René y Raquel.

Tal noticia cayó al patriarca como un jarro de agua fría, más bien helada, mientras Felipe llegó a Mito y fue informado por Samuel de la relación entre Rubén y Dámaris, lo que enfureció al sobrino de Esmeralda.

Ismael Villanueva guardaba un secreto para sí que no se atrevía a revelar; mucho menos a Andrés David, que le odiaría aún más si supiera que Ismael era homosexual; mientras, Margamariana no podía dormirse. Tenía oculto el secreto de la paternidad de Andrés David y sentía que debía revelarlo. Se propuso decirle a su hijo que su padre era un rico banquero, lo que consultó con Soledad Villanueva, que le aconsejó a su hija que no lo hiciera, pues Andrés David estaba últimamente muy agresivo, por lo que Margamariana aceptó callar de momento.

Felipe pasó a la acción al ver a Rubén con Dámaris Monteblanco y pidió a su primo hablar con él en privado, lo que éste aceptó, intrigado; cuando se alejaron, Dámaris preguntó a Samuel quién era el individuo que no la había saludado y se había llevado a su novio tan misteriosamente. El hermano de Rubén le confesó la verdad, lo que entristeció el alegre corazón de la joven Monteblanco, que corrió llorando a contárselo a Elio, que no podía creer lo que Dámaris le contaba muy nerviosa. Por su parte, ya a solas, Felipe le contó a Rubén el tema del enfrentamiento entre las familias Bustamante y Monteblanco, dejando a su primo sin palabras.

RUBÉN: ¿Puedo saber qué pretendés vos decirme con eso de que las dos familias están enfrentadas desde hace años? Eso yo lo sé…

FELIPE: Tenés que terminar con esa relación con Dámaris, tan sencillo como eso… Si lo sabés, con mayor razón…

RUBÉN: ¿Vos estás loco? ¡Para nada pienso cortarla con Dámaris Monteblanco por enfrentamientos familiares del pasado! No se me pega la gana, che…

FELIPE: Pues si no lo haces, me temo que tendrás a tu familia en contra tuya para siempre…

RUBÉN: Me importa un carajo. Aunque el mundo entero se oponga, no sólo voy a seguir con Dámaris Monteblanco, sino que me casaré con ella en un futuro si ella quiere.

FELIPE: Bueno primo, ya estás avisado. Yo te dejo. Haz lo que quieras. Sólo te aviso de que tus viejos vienen a España. Creo que ya se enteraron por Ismayá de tu nuevo romance, loco. Me voy, ciao.

RUBÉN: Hasta luego, primo.

Pero Felipe no se fue, pues Rocío le cogió por banda.

ROCÍO: No te había visto antes, hermanito… ¿Con quién viniste?

FELIPE: Vine solo… Resulta que a nuestro primo Rubén se le cruzaron los cables al hacerse novio de la tal Dámaris Monteblanco…

ROCÍO: ¿Y eso por qué?

Felipe le reveló lo sucedido hace años y todo sobre el enfrentamiento de ambas familias, lo que a Rocío pareció una soberana estupidez.

ROCÍO: Pero eso pasó hace muchos años… Yo le daré todo mi apoyo a Rubén.

FELIPE: Pues olvídate entonces de que soy tu hermano…

Dicho esto, se marchó dejando a su hermana sin dar crédito mientras Dámaris contaba a América lo que le había dicho Samuel. La atractiva rubia se quedó de una pieza; tampoco tardaron en enterarse Isaías, Mildred, Topacio y Veva, que aconsejaron a Dámaris que luchara por su amor.

            Felipe llamó a Esmeralda para comunicarle que Rubén se había opuesto rotundamente a dejar a Dámaris Monteblanco, lo que enfureció a la esposa de Zafiro, que le aseguró que ellos iban a armar un escándalo al llegar a Madrid.

ESMERALDA: Voy a armar la de Troya en Madrid. Eso te lo juro.

FELIPE: Sabes que podés contar con todo mi apoyo, tía.

ESMERALDA: Gracias, queridito. Vos sí que sabés lo que es defender el apellido de la familia y no como el pelotudo de mi hijo.

            Dámaris vio como Rubén se acercó a ella y la besó apasionadamente, tras de lo cual, su novia le contó que Samuel le había dicho todo sobre el enfrentamiento entre sus familias.

RUBÉN: Pero no nos van a separar. Eso si vos querés seguir conmigo, claro está.

DÁMARIS: Yo no pienso cortarla con vos… Te amo, Rubén, y estoy dispuesta a luchar por tu amor contra viento y marea…

RUBÉN: Qué preciosa sos. Hagamos un pacto de amor, Dámaris…

DÁMARIS: Qué lindo suena…

RUBÉN: Sí… Un pacto de amor que te juro ahora mismo por mi vida. Pase lo que pase jamás te dejaré. Siempre te amaré. Lucharé contra quien se oponga a nuestro amor, te lo juro mi Dámaris… Aunque el mundo entero se oponga, estaremos juntos. ¿Pactado?

DÁMARIS: Pactado, mi Rubén. Pase lo que pase siempre estaremos juntos a pesar del odio de nuestras familias.

Estas palabras las oyó Rocío, que les apoyó en su pacto.

Por su parte, Isaías llamó a su abuela para contarle del noviazgo de Dámaris con Rubén Bustamante, pues sabía que estaba aún despierta. La mujer no podía creer lo que oía al escuchar el apellido Bustamante; mucho más perpleja se quedó cuando se enteró de que no ignoraban el odio entre las dos familias y que aun así habían jurado amarse, aunque el mundo entero se opusiera. Ahora sí que Alfonsina Sevilla no dormiría en toda la noche; Isaías no fue el único en informar a la abuela, pues Zafiro llamó a su madre para darle la noticia del noviazgo entre su nieto Rubén y una Monteblanco, lo que preocupó mucho a Sevilla Puerto.

            Al día siguiente, Zafiro y Esmeralda llegaron a la Mansión Bustamante madrileña junto con toda su prole. Ni Mauri se quedó en Argentina, saliendo de allá a las cuatro de la tarde, cuatro horas después de que llegara Ismayá, que se había enfrentado a Rubén para que dejara a Dámaris sin conseguir nada. Mucho menos consiguió Zafiro, que exigió a Rubén dejar a su novia.

RUBÉN: ¡¡¡Ni lo sueñes!!!, esa guerra entre familias está injustificada. Han pasado muchos años desde aquellos enfrentamientos.

ZAFIRO: Pues yo me opongo rotundamente a esa relación.

RUBÉN: Me importa un carajo, che. Yo voy a seguir con Dámaris quieras o no.

ZAFIRO: Muy bien. Pues ya podés irte despidiendo de tu trabajo en el banco, lo acabás de perder.

RUBÉN: Haz lo que se te venga en gana, viejo. Yo tengo bienes que vos no conocés.

ZAFIRO: Pues haz con ellos lo que se te venga en gana, porque yo no pienso permitir que vos pises esta casa mientras no dejes a esa tipa.

RUBÉN: Ni te atrevas a insultar a Dámaris porque ni siquiera la conocés.

Esmeralda irrumpió furiosa en la conversación dándole de bofetadas a Rubén, que no podía dar crédito a la furia de su madre. Sevilla intercedió en favor de su nieto diciendo a su hijo que Rubén tenía razón en lo que decía, ya que el enfrentamiento del que hablaban era cosa del pasado; Esmeralda, aún más agitada, mandó callar a su suegra. No conforme con tal falta de respeto, sacó un arma de su bolso y amenazó de muerte a la mujer. Zafiro, estupefacto, le quitó la pistola a su esposa, que arrepentida, pidió perdón horas después a su suegra, que juró vengar la amenaza de muerte.

            Por su parte, Rubén se reunió con sus hermanos para comunicarles su decisión de irse a vivir a su piso en el barrio castizo de La Latina, en pleno centro de Madrid, lo que todos criticaron, aunque al saber que era por amor, cambiaron de parecer y quisieron apoyarle; todos juraron no revelar el lugar donde viviría a partir de ese día. Rocío también juró no decir nada cuando le fue comunicado minutos después, lo que su primo le agradeció con un fuerte abrazo.

            Dámaris llamó a su amiga África para contarle que desde la noche anterior había comenzado a vivir un amor de telenovela, contando con detalle lo sucedido la noche anterior, lo que dejó estupefacta a la bella escritora.

Esmeralda llamó a Felipe para tramar juntos un plan cruel y despiadado: asesinar a Dámaris Monteblanco, lo que el malvado hermano de Rocío aceptó sin pensar. Zafiro escuchó la conversación y no dudó en apoyar a su esposa en planear un crimen por motivos tan injustificados.

Elio estaba ardiendo de indignación por lo sucedido la noche anterior entre Dámaris y Rubén; Mildred se lo notó y le pidió que no se lo tomara tan a la tremenda, pues no iba a conseguir nada.