EL ENEMIGO EN TUS ENTRAÑAS

En plena Edad Media, se cruzan las vidas de Marlene, la Condesa del Salmón Ahumado y Natalio, el Duque de Agua de Rosas en una controvertida historia de amor por la cual tendrán que luchar contra viento y marea pese a la oposición de los condes, quienes desean casar a su hija con otro hombre al que en un principio no ama. Dispuesta a vivir su amor pese a la sociedad, Marlene se rebela, pero descubre un secreto de Natalio que nunca hubiera imaginado, un secreto que en aquellos tiempos era castigado con pena de muerte…

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Sejo, Imperdonable Traición. Capítulo 10: Deseando perder de vista a mi familia.

Deseando perder de vista a mi familia, así estaba yo pocos días después de que mi abuelo convenciera a mi padre de comprarme el móvil, pues por lo visto se había visto obligado a “pagar” el daño emocional que me estaba causando con su desprecio, con su rechazo.

Mi abuela se quedó perpleja cuando yo le contaba todo. Me daba la razón cuando yo le decía que deseaba cuanto antes irme lejos y perderles de vista, no solo a él, sino a mi madre y mi hermana, sin mencionar a mi hermano pequeño, el que menos culpa tenía de todo. Pablito se ponía muy triste al ver como me trataba mi padre, y más de una vez me dijo algo así como “yo creo que a papá le das asco por ser gay”. Y eso con menos de 10 años.

Mi madre luchaba entre la espada y la pared, pero ella nunca me ha odiado. Me quiere mucho y lo sé, por eso me defendía cuando mi padre se metía conmigo. Mi hermana también era una de las afectadas por los malos humos que a veces se gastaba mi padre. Por culpa de él, su amistad con Beli se había visto amenazada por lo mal que se comenzó a llevar con Junio Martín, el que fuera su gran amigo tiempo atrás, por asuntos de trabajo. María Eusebia, la madre de Belinda, estaba comenzando a presionar a su hija para que no se juntara tanto con mi hermana, y todo por culpa del que no hace falta nombrar.

Jacinta Domínguez es la abuela materna de mi prima Rubí; la madre de mi tía Paz. Fui a visitar a Jacinta, quien se quedó muda por lo que le contaba de mi padre, repitiendo mis palabras acerca de cómo siempre “se hace la víctima”. Puso verdes a los Testigos en general por culpa de su actitud pronunciando frases como: Eso desde luego no es propio de alguien que va hablando del reino de Dios predicando por las casas y las calles”.

Mi abuela Juani se escandalizó al oír lo que Jacinta me había contado sobre la mala imagen que tenía de los Testigos por culpa de la actitud que había visto en mi padre. Pero se echó a reír conmigo cuando le conté que nos habíamos reído un poco al recordar los buenos y divertidos momentos que había pasado con la prima Rubí, cuando estuve en su casa el pasado año.

Mi abuelo Florencio llegó del Caprabo cargado con bolsas y se alegró al verme allí, pues quería saber cómo iba mi búsqueda de trabajo.

YO: Pues, sigo en la búsqueda, pero la verdad no tengo ganas de trabajar aquí. Estoy deseando perderles de vista. No puedo más. Es que vivir en casa me supone una dura prueba, no exagero…

JUANI: Ya lo sabemos, hijo, es muy fuerte que tengas que pasar por algo así.

En casa la tensión cortaba de raíz el ambiente a lo bestia. Muchas veces incluso había tenido pesadillas con que mi padre me mataba o me daba tal paliza que acababa en la UVI. Esto puede parecer muy fuerte, pero por desgracia, fue así. Tuve mucho miedo. Sólo me consolaba que mi madre estuviera allí. Me daban arcadas solo de pensar en lo que hubiera sucedido si mi madre hubiera perdido la vida cuando dio a luz a Pablo por cesárea, y es que por casi no lo cuenta. No quería ni pensarlo, qué sería de mí, si yo estuviera en esta situación solo en casa con mi padre y mi hermana, ambos al parecer cortados del mismo molde. O mejor dicho: de tal palo, tal astilla. Seguro que hubiera tenido que irme a vivir con mis abuelos, porque la vida sin mi madre en casa sería un infierno eterno y sempiterno.

Días después, llamé a Sejo por teléfono y hablamos casi por media hora, durante la que me preguntó qué diantre pasaba en casa y yo se lo conté con todo detalle. Se quedó flipando. Nos tiramos hablando casi tres horas. Tuve que colgar, era obvio, antes de llegar a mi portal.

Empezaba el mes de mayo y yo estaba ya más que harto de estar en casa, por lo que comencé a planear la manera de regresar a Madrid, más aún cuando mi padre dijo que si seguía estando expulsado, no quería que viviera en casa. Mi madre no daba crédito a lo que estaba escuchando. A las claras, mi padre me estaba echando de casa. A mediados de mayo, mi amigo Jose Luis Ruiz, que tenía 47 años, me dijo que iba a ir uno de los fines de semana de ese mes a Torrevieja, lo que me alegró, pues así le hablaría de mis planes de irme a Madrid.

El día 12 de mayo fui a la biblioteca y allí conocí a una belleza escultural que se sentó a mi lado. Una rubia bellísima de nombre Alcira Arismendi. Su nombre me encantó. Conectamos muy rápido. Ese mismo día me invitó a tomar un café en el Casino de Torrevieja, un lugar que desde entonces, me encanta. Alcira se alegró mucho de que estuviera escribiendo una novela que llevaba su nombre.Me contó que venía de Venezuela y que llevaba tan solo dos meses en Torrevieja, pero que había vivido en Madrid un año muy cerca del barrio de mi prima Silvia, sólo que ella vivía en Plaza Elíptica, zona que yo conocía muy bien.

Alcira se quedó sorprendida al saber cómo me trataba mi padre, pues con el pasar de los días nos hicimos confidencias de todo tipo y ella llegó a convertirse en mi ángel de la guarda, mi mejor amiga.

Jose Luis llegó a Torrevieja el viernes 16, cuando yo le dije a Alcira que si tuviera la oportunidad me iría a Madrid sin pensarlo, pues ya estaba harto de todo y deseaba perder de vista a mi familia.

ALCIRA: La verdad que me daría mucha pena que te fueras, me caes muy bien.

YO: No te preocupes, no me puedo ir todavía por falta de dinero, primero tendré que encontrar un trabajo para poder irme a Madrid. Y cuando tenga un trabajo, pues tendré que ahorrar.

Jose Luis no vino sólo a Torrevieja, sino con su madre, que tenía 83 años y estaba enferma de reuma. El sábado planeamos vernos en el Boys, pub de ambiente gay de La Mata. Nos vimos a eso de las doce de la noche y me invitó a un cubata cuando llegué al Boys, en el que sólo había tíos mayores de 30 años. Como una hora después, salimos del Boys y me llevó a su coche, donde me regaló unos discos de música variada, lo que le agradecí. Después me llevó a El Moncayo, un paraje de ambiente cercano a la playa de Guardamar del Segura. El Moncayo era una especie de picadero donde algunis clientes del Boys llevaban a sus ligues de turno si no tenían sitio donde fornicar a gusto.

Ya en El Moncayo, me empezó a tocar y lo hicimos lentamente, pero sin penetración, ya que yo no tenía muchas ganas de ser penetrado. Poco después me llevó a casa, donde caí en la cuenta de que se me había olvidado preguntarle si podía irme con él a Madrid al día siguiente. Le mandé un mensaje al móvil preguntándoselo. Después, me acosté nervioso. “Si pudiera irme sería perfecto, pues al llegar a Madrid, me iría directamente a casa de la prima Silvia. Ojalá salga bien, porque lo tengo todo calculado. Si todo sale bien, este viaje será un éxito total y rotundo”, pensé. La última frase se me había pegado del divertido personaje de Vilma en la telenovela Secreto de Amor. Mi prima me había dicho que podría ir a su casa si me veía obligado a volver a irme de Madrid, por eso no tenía que preocuparme.

Al día siguiente, quedé con Alcira para ir juntos a la Playa del Cura, donde no dejábamos de hablar sobre el que podría ser mi próximo viaje a Madrid si Jose Luis no tenía ningún problema en llevarme en su coche.

Jose Luis leyó el mensaje que yo le había enviado por la noche cuando se levantó y me llamó para darme la respuesta: “Claro que te puedes venir en mi coche, pero sólo te voy a pedir una cosa: tenemos que ser discretos, pues no iremos solos. Viene mi madre, que como ya sabes vino conmigo”.

Su madre se llamaba Vicenta Dicenta. Yo le prometí a Jose Luis que sería discreto.

JOSE LUIS: De acuerdo. Entonces te recojo a las tres de la tarde en la Estación de Autobuses de Torrevieja. ¿Te viene bien a las tres?

YO: Sí, a esa misma hora.

JOSE LUIS: De acuerdo, pues allí nos vemos.

Llamé a mi madre para avisarle de que me iba a Madrid ese mismo día, pidiéndole que me preparase algunas cosas. No estaba muy de acuerdo en que me fuera. Escuché por detrás cómo mi padre decía que me fuera sin nada, es decir, con lo puesto.

ESTA OBRA ESTÁ PROTEGIDA POR COPYRIGHT. ORIGINAL DE ISMAEL GOMEZÍA, PUBLICADA CON PSEUDÓNIMO GATO SOL RUBIO EN ABRIL DE 2012. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.

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Sejo, Imperdonable Traición. Capítulo 9: Amor a 450 kilómetros de distancia.

Pero me llegó un amor como caído del cielo, aunque a distancia. Le conocí el 17 de marzo cuando chateaba en la biblioteca y nos caímos muy bien. A los dos días ya éramos novios. Fue muy rápido. Se llamaba Wenceslao Jimenado, pero siempre le llamaba Wences, que era como se había presentado. Cuando se lo conté a Sejo, se quedó sin saber qué decir, pero me felicitó y Ricardo reaccionó igual, contento de que yo me sintiera feliz.

Wences era de Maracaibo –Venezuela-. Me gustó mucho cuando me envió su foto. Era moreno, alto y muy guapo. Ganó a mi imaginación la imagen que me había formado de él tal como en el chat y por teléfono se había descrito (alguna vez yo lo llamé a su casa desde un locutorio, pues me había dado su número). Yo le envié también una foto mía por correo y también le gustó mucho.

Se me ocurrió presentar a Sejo a Ricardo y viceversa, pues a ambos les había hablado al uno del otro. Y se cayeron muy bien, lo que me alegró mucho. Yo me sentía muy feliz por estar con Wences, aunque fuera en la distancia. Lo amaba, sí, esto fue lo que me dio ganas de regresar a Madrid. Si antes lo había deseado para conocer a Sejo y Ricardo, mucho más teniendo a mi novio viviendo a 450 kilómetros de mí en la localidad madrileña de San Sebastián de los Reyes.

Poco después, Sejo me habló de lo mal que se sentía, pues su padre lo trataba muy mal y su madre no le quería. Ambos eran muy crueles con él. Leopoldo Barragán y Luisa Durán eran dos malvados hasta la médula que de padres solo tenían el título. Por suerte, Sejo tenía una amiga que le apoyaba en todo. Se trataba de Nastasia González. Aunque el apoyo era con ciertos límites, ya que Leopoldo sabía que era la mejor amiga de Sejo, y tan sólo por eso le tenía manía.

Sejo me contó que en una ocasión, su perversa madre había llegado hasta el triste y malvado extremo de amenazar de muerte a su propio hijo y a su amiga, que no le dio mucha importancia a la amenaza, porque pensaba que la furibunda madre de Sejo estaba enferma de los nervios y no sabía bien lo que había dicho. Cuando Sejo habló en privado con su gran amiga sobre tales amenazas, le propuso denunciar a su madre.

NASTASIA: No, Sejo, mejor que no hagamos eso.

SEJO: ¿Pero porqué?, es muy serio, se trata de amenazas de muerte…

NASTASIA: Ya lo sé, pero con eso sólo conseguiríamos empeorar la situación.

Poco después, Leopoldo Barragán le advirtió a Nastasia que no jugara con fuego, pues podría quemarse, lo que inquietó a la joven, que interpretó tal advertencia como una amenaza, y es que lo era.

Yo en Torrevieja me sentía mal por no estar en Madrid apoyando a Sejo junto a su amiga, a la que los padres de este parecían tenerle la guerra declarada sólo por defender a Sejo, que era maltratado por su madre, que le había clavado una estaca en un costado poco antes de conocernos por el chat de Chueca, y estaba vivo de puro milagro. “Esa mujer está loca, pero loca de remate. Y el padre tampoco se queda atrás”, pensaba yo.

Sejo me contó también que como su padre le pillara viendo telenovelas, que a Sejo le encantaban, le llamaba de todo y su madre le pegaba latigazos en la cara, dejándosela marcada en la mayoría de las ocasiones.

Mientras, Wenceslao se masturbó pensando en otro que no era yo. Y tuvo el descaro de decírmelo. Me sentó fatal que hubiera hecho eso. Pero por lo menos había sido sincero. Y tanto. Ahora pienso que enfadarme por eso fue bastante tóxico, porque tener pareja no quiere decir privarse de la masturbación.

Sejo y Ricardo querían conocer a Wences, por lo que les presenté por el Messenger y se agregaron sus direcciones para hablar entre ellos. Pero lo que me dijo Sejo días después me desconcertó. Me contó que Wences le había puesto la webcam y por casi se desnudó completamente ante él. Esto me pareció tan fuerte que, por supuesto no quise volver a saber nada más de mi novio a distancia y le mandé a la mierda; al saberlo, Ricardo me dijo que si Wences había hecho eso, yo había actuado de la mejor manera al cortar con él, añadiendo: “Yo hubiera hecho lo mismo. A mi juicio, un tío que le enseña su cuerpo a otro por webcam es un tío que te pone los cuernos, eso no me lo niega nadie”. No lo supe nunca pero nada me extrañaría enterarme de que me fue infiel. “Pues que le den por culo”, pensé. Así de claro.

Muchas veces he pensado que mi casa estaba embrujada. Sentía cómo si me hubieran echado mal de ojo, pues todo iba a peor. Era como si un espíritu diabólico me rondara para hacerme daño. Las nubes negras anidaban en mi corazón cuales amenazadoras señales de peligro y malestar; no sólo por haber terminado con Wenceslao, sino por la tensa situación que vivía en casa.

Un día estaba tan harto de mi padre, que para vengarme por su manera de tratarme, le cogí dinero de la cartera y me compré un móvil, pues quería poder hablar con Sejo y Ricardo. Fui a Vodafone y me compré un móvil, el Nokia 3410, que era el mismo que tenían mis padres. En casa pensaba decir que me habían tocado 100 € jugando a la ONCE, pero no coló. En cuanto mi padre vio que me había comprado el móvil, me lo quitó. Vaya bronca la de aquel día. Mi padre dijo que quería que me fuera de casa lo antes posible. Desde ese día dormiría en el comedor. Pero más fuerte fue sin duda lo que me dijo después: quería que desapareciera de sus vidas de una vez y para siempre. Nadie sabe cómo se te cae el alma al suelo al oír tales palabras. Yo sabía que me había pasado al coger ese dinero, pero consideraba que no era para tanto. Para colmo me había echado de casa y no podía volver hasta las once de la noche, y eso todos los días durante tres meses, lo que enfureció a Sejo cuando se lo conté. Juramos venganza, eso no quedaría así. Sejo me dijo que lo dejara todo en sus manos y así lo hice. Que la venganza fuera más cosa de él que mía, pues yo no sabía enfrentarme a mi padre sin que hubiera una paliza de por medio. Por esa parte, yo estaba tranquilo, porque sabía que tenía el apoyo de Sejo.

En el mes de abril, mi abuela decidió hacernos a cada nieto un regalo, por lo que yo pedí tener un móvil, con lo que al principio, mi padre, para variar, no estaba en absoluto de acuerdo. Pero a mi abuela eso no le importó. Es más, no sé lo que hizo mi abuelo que convenció a mi padre para que me comprara el móvil, pues me lo compró el sábado 12 de abril. Era un Nokia 3330, de los que se llevaban en 2003 con diferentes carcasas, pues eran todos del mismo color azul marino. Me hizo mucha ilusión y esa noche me puse a memorizar los números de teléfono como el de Sejo, Ricardo, y los que tenía apuntados en mi agenda y diario.

Al día siguiente, fui a la Playa de La Mata por la mañana y escuché por primera vez la voz de Ricardo, que me pareció muy varonil. Nos tiramos hablando bastante tiempo, como media hora, en la que me decía que tenía muchas ganas de conocerme en persona. Esto me animó mucho.

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SEJO, IMPERDONABLE TRAICIÓN. Capítulo 8: Sejo se enamora de un desconocido.

Todo iba muy bien, hasta que, el sábado 25 de enero, Sejo me dijo por Messenger que había conocido a un tal Raúl, de su misma edad y que se había enamorado perdidamente de él. Yo me alegré por Sejo y se lo dije pero, al salir del cyber, sentí que no me alegraba del todo. ¿Por qué? Me había enamorado de Sejo sin conocerle en persona y para más inri, estaba celoso.

Ese día empezó mal ahí, pero para colmo comimos todos en casa de la abuela y para variar, mi padre armó un escándalo poniéndome verde. Y claro, mi abuela no se calló y me defendió con valor. Pero a mí lo que más me dolía era lo de Sejo. Deseaba su felicidad, sí. Pero quería que estuviera conmigo, no con ese tal Raúl al que cogí manía sin conocerle siquiera. Me había enamorado de alguien que no conocía en persona y no era la primera vez.

El lunes volví a hablar con Sejo y en mi interior no dejaban de rugir los celos que sentía cuando me hablaba de lo bien que se sentía con su chico, al que yo cogía cada vez más manía. Miento si digo que me alegré del todo por sentirle tan contento, me alegré algo, pero tenía envidia, sentía envidia de lo bien que se encontraba al lado de un chico y también estaba celoso, pues lo quería sólo para mí.

En esos días compartí más de mi tiempo con Ricardo, quien me fue de gran estímulo para olvidar un poco el dolor que me causaba no ser yo el afortunado que estaba con Sejo. Me acordé por aquel entonces del proverbio ese que dice algo así como “Existe un hermano nacido para el tiempo de angustia”. Fue de verdad un verdadero consuelo para mí el poder contar con su apoyo y amistad, pues me sentía muy mal por no estar en Madrid. Seguía odiando Torrevieja y les había dicho a Sejo y Ricardo que en poco tiempo regresaría a Madrid para nunca más regresar al “maldito pueblo de Torrevieja”, pues estar en ese lugar me había traído muchos disgustos y sinsabores. Lo de “maldito pueblo” lo decía muy a menudo. No solo estaba triste por Sejo, sino también porque en casa seguían haciéndome la vida imposible: mi padre con sus absurdeces y mi hermana con sus críticas destructivas cuando yo estaba viendo alguna telenovela.

Mi abuela estaba muy harta del comportamiento de mi padre y un día le dijo a mi madre que ojalá nos dejara un día y se largara por ahí. Mi madre a veces no hablaba por no pecar, por lo que no contestó nada a ese comentario que había hecho mi abuela. Pero tuvo que admitir que sin ese hombre en casa estaríamos más tranquilos. Más aún cuando sucedió lo que relataré a continuación. Esa noche habían llegado de la reunión de los Testigos, y yo llegué a casa poco después. En La Primera de Televisión Española se estaba emitiendo Ana y los 7, serie que siempre veíamos toda la familia. Pero mi padre tuvo la mala leche de quitar la serie y poner una película violenta de las que tanto le gustan. Como en la habitación de mis hermanos Pablo y Marta había tele, mi hermano y yo nos fuimos a ver Ana y los 7. Mi madre estaba haciendo la cena y mi padre cenando el primer plato, mientras mi madre se quejaba de que siempre veía películas violentas. Mi padre le pidió que se callara, por lo que ella se ofendió. Mi madre se dio cuenta de que mi hermana se había venido con Pablito y conmigo a ver Ana y los 7, por lo que se vino a verlo con nosotros. Mi padre se quedó sólo cenando y eso le jodió tanto que se levantó y al llegar a la habitación, nos echó fuera, a mí me empujó tirándome al suelo, lo que molestó a mi madre. Pero ahí no acabó la cosa: mi hermana cambió el canal quitándole a mi padre la película, lo que le enfureció tanto que cogió la televisión y la tiró al suelo con toda su mala leche. Mi madre se echó las manos a la cabeza y yo me quedé a cuadro, y es que si no llega a ser porque mi hermana lo impidió, me tira la televisión a mí. Eso ya fue demasiado fuerte. Mi padre se cabreó diciendo que yo tenía toda la culpa, que yo lo había provocado incitando a mi hermano a ir a ver la serie en la otra tele. Mi madre se enfrentó a él como llevaba tiempo sin hacerlo, poniéndole en su lugar, como se merecía, lo que le irritó tanto que quiso pegarme, pero mi hermana se puso por medio y me defendió. La verdad que de ella no me lo esperaba, pues siempre ha estado más de su parte al joderme y al disfrutar criticándome. Puede parecer exagerado, pero juro por mi abuelo Boni –que en paz descanse-, que lo que estoy contando es muy cierto.

Destinado a sufrir. Así me he visto muchas veces. Y todo por culpa de lo que me han humillado y maltratado psicológicamente. No es raro que haya necesitado mucho apoyo de mi abuela y los que de verdad se han interesado por mi bienestar, como por ejemplo, mi querida prima Silvia, a la que siempre le estaré eternamente agradecido. Muchas veces he pensado que he nacido para sufrir. El maltrato psicológico vivido en carne propia muchas veces me ha hecho desear morir, desaparecer para siempre. Cuando alguien te trata como lo hizo mi padre aquella vez, te hace sentir como una mierda, un cero a la izquierda.

Esa noche mi padre vociferó como él solía hacer cuando se comportaba como un loco. Le llegó a decir a mi madre que se iría de casa y ella respondió que no estaría mal que nos dejara un poco en paz. Después de eso, les oímos discutir acaloradamente en su alcoba, pero al rato se calmaron los ánimos. Tras la tormenta, la calma. Y así fue.

Al día siguiente, no dudé en contarle a Sejo el numerito que había montado mi padre por la noche, lo que le indignó, por lo que volvió a decirme que nuestra venganza contra él seguía en pie.

Mi abuela se quedó a cuadro cuando le conté el escándalo que había armado mi padre y lo nerviosa que se había puesto mi madre.

FLORENCIO: Tu padre está mal de la cabeza.

JUANI: Es que lo que hace tu padre no es de un Testigo de Jehová.

FLORENCIO: Claro que no, ¡lechuga!

El día 5 de febrero me quedé a cuadro al leer un e-mail que Sejo me había mandado: había cortado con su novio porque sólo quería sexo con él, sólo quería llevárselo a la cama. Como yo estaba en la biblioteca y no podía conectarme al Messenger, le escribí un e-mail como respuesta diciéndole que le esperaba en el chat por si podía conectarse. Y no tardó en entrar. Me contó que el tal Raúl era un gilipollas y un descerebrado que sólo había estado con él con la única intención de llevarle a la cama. “Pero se ha quedado con las ganas, pues al descubrir sus verdaderas intenciones conmigo, huí de él como alma que lleva el diablo”, me dijo.

YO: ¿Pero tú cómo te sientes?

SEJO: Bien. Sé que he hecho bien cortando. Se ha aprovechado de mi necesidad de sentirme querido y ha intentado forzarme a tener relaciones, para lo que yo no estaba preparado tan pronto. Lo veía muy precipitado.

Yo me alegré un montón por esa ruptura, pues eso me dejaba el camino libre con él de nuevo y, además me alegré, de que no hubiera sido una ruptura traumática, pues Sejo no estaba deprimido ni triste, sino que parecía sereno al contarlo y se notaba en su manera de expresarse. Aunque me dolía mucho que se hubieran burlado de sus sentimientos. La empatía fue lo que me llevó a apoyarle aún más, pues sabía por lo que estaba pasando. Pero eso sí. El tal Raúl había pasado a la historia. No volvimos a hablar de él en aquellos días. Le amaba y eso sentía en mi corazón, pero yo mismo me prohibía ese amor, pues amar en la distancia es muy duro sobre todo si estás a 450 kilómetros de tu pareja, como me pasó en los meses siguientes. “Mi amor por Sejo no es tal, sino cariño fraternal”. Eso es lo que una parte de mí quería pensar, pero la realidad era bien distinta. Porque si yo sentía sólo “cariño fraternal”, ¿a qué vinieron los celos que me provocó el saber que Sejo tenía novio? Eso contesta una vez más a lo que ya he dicho: no era “cariño fraternal”, era un amor profundo que había nacido en mi corazón.

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SEJO, IMPERDONABLE TRAICIÓN. Capítulo 7: VUELVO A SABER DE SEJO.

Pasé el día de Reyes comiendo en casa de mis abuelos, que se alegraron mucho de que estuviera de nuevo en Torrevieja. Mi abuelo me dijo que si quería independizarme lo primero de todo tenía que tener un trabajo, por lo que les prometí que lo buscaría. Mi padre dijo que no quería un vago en casa, por lo que mi madre me defendió, diciendo que tenía que descansar, pues había pasado varias noches sin dormir. Si había algo que a mi padre le reventara, era que mi madre me defendiera siempre de sus ataques y paranoias verbales, que, en la mayoría de las ocasiones, acababan en discusiones que hacían mucho daño a la familia. Pero la cosa subía mucho más de tono si era la abuela la que me defendía. Entonces sí que no había quien le aguantara. Porque ahí sí que el papel de víctima no le vale, pues mi abuela le conocía muy bien y muchas veces se quejaba de que su hija tuviera que soportar a un hombre así.

Al día siguiente, me fui a chatear a la Biblioteca Municipal de Torrevieja, pues allí se podía usar Internet sin pagar una hora al día.

En el chat de Chueca conocí a un chico llamado Ricardo, que me cayó muy bien y tenía 18 años. Se describió así “alto, delgado, ojos marrones, ni muy guapo ni muy feo, normal, del montón”, dijo él. A mí me gustó que fuera tan sincero y yo me describí tal y como me había descrito cuando en ese mismo chat había conocido a Sejo. Por cierto, busqué su nick pero no le encontré, lo que me desanimó un poco. Pero para volver a saber de Sejo no tuvo que pasar mucho tiempo. El viernes 10 fui a un cyber de la calle Joaquín Chapaprieta y al abrir mi Messenger cuál fue mi sorpresa al encontrarme con Sejo, que pidió disculpas por haberme plantado, pues le dio corte lo de quedar para conocernos habiendo hablado tan sólo una vez por el chat. También se disculpó por no haberme avisado y es que tampoco sabía como localizarme para decirme que no iba a acudir a nuestra cita. Acepté sus disculpas, diciéndole que no pasaba nada, lo que agradeció. Se entristeció un poco al leer cómo me había visto obligado por las circunstancias a regresar a Torrevieja después de pasar tantas penurias en Madrid. Pero se sintió contento de haber vuelto a hablar conmigo, igual que yo, que se lo había pedido al 2003, y nueve días después de comenzar el año mi deseo se había cumplido.

Desde el día siguiente pasó casi un mes entero en el que yo sólo vivía para estar enganchado al Messenger, tanto hablando con Sejo como con Ricardo. Sejo y yo cada día nos caíamos mejor. Con Ricardo también congeniaba en muchas cosas, total, que nos estábamos haciendo muy amigos. Ricardo me caía muy bien. Era de Alcorcón, por él me hubiera ido de nuevo a Madrid, pero no quería volver a estar en la calle ni repetir las malas experiencias vividas dos veces en el mes de diciembre.

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SEJO, IMPERDONABLE TRAICIÓN. Capítulo 6: La muerte del Abuelo Boni.

La voz de mi tía lo dijo todo cuando le pasé el teléfono a mi madre: “El abuelo Boni acaba de morir”.Sabíamos que de esa noche no pasaba, ya nos lo habían avisado. Nos sentimos muy tristes.Mi padre volvió a admitir que había sido precipitado el volver ese día, pues hubiéramos podido ir al entierro.

Mi abuelo Florencio llamó a mi madre para decirle que esa misma noche saldrían para Madrid; mi madre dijo que se iba con ellos. Yo también quería irme y mis abuelos no pusieron ninguna pega, pero cuando bajé al coche me llevé un chasco tremendo: no podía ir con ellos, ya que a última hora, mi primo Felipín y su pareja, Bernardina, iban a ir a Madrid con mi madre y mis abuelos. Subí a casa llorando. No podría ir al entierro, pues no cabía en el coche, lo que también les dio rabia a mis abuelos.

Tuve que conformarme con que mi madre nos contara por teléfono como había transcurrido todo; al llegar el domingo nos contó cómo había sido el entierro. Dijo que había ido mucha gente del barrio de mi bisabuelo. Pero lo que más me chocó fue que mi prima Silvia se había peleado con su prima Dana. Por lo que nos contó mi madre, mi prima había dicho que nadie quería al abuelo más que ella. Por lo visto, Heliodoro flipaba al verla tan tensa y mi primo Esteban -hermano de Silvia-, tuvo que pedirle varias veces que se calmara, haciéndola salir de la sala del velatorio.

Supe también que mi prima Rubí había estado un rato en el tanatorio el sábado por la noche, que vio al abuelo Boni de cuerpo presente, lo que le causó mucha impresión. Era natural que le causara un hondo penar.

Mi madre se alegró de que esa tarde quisiera ir con mi padre a la reunión, pues había hablado con él sobre mi decisión, aunque con ciertas dudas, de volver a ser Testigo de Jehová.

Aunque en verdad lo dije para no correr el riesgo de que no me quisiera tener en casa por estar expulsado, como había sucedido antes y como volvería a suceder, como veremos más adelante.

La muerte del abuelo Boni había sido lo peor del comienzo de 2003, el acontecimiento familiar más triste acaecido ese año. Y de eso hablé con mis abuelos al ir a visitarles el día siguiente. Yo quería mucho a mi bisabuelo, quien siempre preguntaba por mí a mi abuela.

PACTO DE AMOR – Capítulo 2

Aquella noche, Dámaris y Mildred se encontraron a las diez en el Kilómetro 0 como habían acordado y esperaron a que llegaran Elio y Veva, que había sido avisada por Mildred para salir de marcha el día antes de comenzar su carrera de Periodismo. También se presentaron Scarlet y Topacio. Fueron todos juntos en dirección a la Discoteca Club Mito, a donde casualmente también se dirigían los Bustamante. Como eran las 22: 45 y la discoteca no abría sus puertas hasta las 23:30, se fueron al Bar Truco, situado en la Plaza de Chueca, donde coincidieron sin conocerse, cada cual por su lado.

            Mientras, en Buenos Aires, Regina y Cynthia estaban en la tienda Modas Quintana Bustamante, donde trabajaban a las órdenes de su hermana Esmeralda. Como apenas no tenían clientela a esas horas, conversaban sobre sus sobrinos y el temor de los Bustamante a volver a cruzarse con los Monteblanco. Al llegar, Esmeralda les oyó hablar del tema, por lo que no dudó en meter baza hablando del mismo asunto.

            Ismayá Bustamante fue acompañado al aeropuerto de Buenos Aires por sus hermanos Mauri, Chechu, Aquiles y Moidani, que lo invitaron a cenar en el restaurante que había en el aeropuerto. Ismayá tenía ganas de llegar a Madrid cuanto antes para así desconectar por una temporada de su vida en Argentina.

África Villarreal estaba en su tienda, donde pensaba en su soñada publicación de la novela que estaba escribiendo, una bonita historia de amor titulada “Ave de Amor”, basada en su última pero frustrada historia de amor con Jeremy Monteblanco, primo de Dámaris.

            En Madrid, Rubén, Rocío y Samuel se fueron a la Discoteca Club Mito, lo mismo que hicieron quienes iban con Dámaris Monteblanco; mientras, al llegar a la discoteca, Rubén, Samuel y Rocío escucharon que estaba sonando la canción Mi tierra, de Gloria Estefan y subieron a la pista a bailar, llenos de alegría por bailar esa canción en España, aunque les recordara a su Argentina, su tierra natal, a la que volverían tras pasar unos días más. Lejos estaba Rubén de imaginar que pronto cambiaría de opinión y querría quedarse en Madrid para siempre. Por su parte, Rocío pensó que esa noche tenía que ligar, por lo que se puso a mirar con ojos de loba al acecho para cazar algún tío bueno que se le pusiera por delante.

            Mientras, Esmeralda Quintana de Bustamante oyó una noticia por televisión que la dejó de una pieza: René Monteblanco, el multimillonario petrolero de Buenos Aires se había mudado a la capital de España con toda su familia, lo que corrió a contar a sus hermanas Regina y Cynthia, que estaban colocando ropa nueva en los escaparates de la tienda.

REGINA: Es terrible. Ahora sí que no pienso que exagerabas al temer que tus hijos conozcan por casualidad a alguno de los monstruitos del estúpido matrimonio Monteblanco.

CYNTHIA: Pero ahora sí que tenés que hacer algo, Esmeralda. Bajo ningún concepto debés permitir que esa familia se vuelva a cruzar en nuestras vidas…

ESMERALDA: ¡Por supuesto que no pienso permitirlo! Quédense en la tienda. Voy a platicarle esto a Zafiro. Es muy grave.

REGINA: Aunque te digo una cosa, Esmeralda: Madrid es muy grande. No es tan fácil coincidir en un mismo lugar.

ESMERALDA: Queridita, eso ya lo sé yo. Pero basta que sea difícil, como para que, por una de esas malditas casualidades de la vida, vayan a coincidir en la misma zona.

REGINA: En eso no te falta razón, che.

ESMERALDA: Claro. Yo siempre tengo razón en lo que digo. Bueno, lo dicho, chicas. Me voy a hablar con mi marido. Hasta luego…

CYNTHIA Y REGINA: Hasta luego.

            Ismayá estaba en el avión leyendo el periódico español El Mundo, en el que leyó la noticia que tanto había alarmado a su madre, pero al ignorar las guerras del pasado entre su familia y la de los Monteblanco, no le prestó mucha atención y le pasó desapercibida como una más.

Dámaris Monteblanco llegó con sus acompañantes a la Discoteca Club Mito, donde en esos momentos sonaba la canción Bamboleo cantada por Julio Iglesias, que se pusieron a bailar nada más dejar las chicas sus bolsos junto al de Rocío Bustamante, que, al ver a Elio, se fijó en él de arriba abajo; le pareció muy guapo, de modo que decidió presentarse. El hermano de Mildred no supo qué decir a tan escultural belleza, pero se presentó y le dio dos besos.

ELIO: ¿Qué hace una chica tan guapa como tú en un sitio como éste?

ROCÍO: Lo mismo te pregunto yo a ti, tío bueno.

ELIO: Vaya, muchas gracias. Tú tampoco estás nada mal, pero es que mira, no quiero ser descortés, pero yo estoy enamorado de otra muchacha. Te la voy a presentar.

ROCÍO: ¿Pero quién habló de enamoramiento?, ¿acaso es tu novia?

ELIO: No, pero como si lo fuera, porque la amo…

ROCÍO: ¿Y si no te corresponde, qué?

ELIO: Pues lucharé por ella…

ROCÍO: Vale papito, pero déjate de querer presentármela hoy. Esta noche me gustaría pasarla contigo…

ELIO: ¡Vaya, qué directa!, ¿no crees que deberíamos conocernos un poco más?

ROCÍO: Okey, pues si quieres, vente conmigo y hablamos, bailamos, tomamos algo y si surge algo más, pues ya se verá.

ELIO: Muy bien. Eso ya me parece mejor plan. ¿Has venido sola?

ROCÍO: No, vine con mis primos Rubén y Samuel, pero estarán buscando compañía para esta noche…

ELIO: Uy, pues si quieres yo les puedo buscar compañía; vengo con algunas chicas. A menos que…

ROCÍO: ¿A menos que qué?

ELIO: A menos que tus primos sean gais…

ROCÍO: ¡Uy, qué va, chico! ¿Lo dices porque estamos en Chueca?

ELIO: Pues sinceramente sí.

ROCÍO: Pues no, mis primos son heteros ambos, que yo sepa.

ELIO: Entonces ve a buscarlos si quieres, yo te espero aquí y mientras pido algo de beber, que me parece muy feo no consumir en un sitio tan agradable como éste. ¿Qué quieres tomar, guapa?

ROCÍO: Okey, guapo. Voy a buscarles. Pídeme un cubata de lo que sea. Me fío de tu buen gusto.

ELIO: Como quieras. No te arrepentirás. Tengo buen gusto.

ROCÍO: No lo dudo.

Esmeralda Quintana De Bustamante llegó hecha una furia al despacho de su esposo, que la recibió, ya enterado de la noticia por el canal internacional de Televisión Española.

ESMERALDA: ¿Lo sabías?, ¿desde cuándo?

ZAFIRO: Calmate, que te da un ataque, mujer. Me acabo de enterar ahora mismo… Es más, estaba por llamarte…

ESMERALDA: ¿Y qué pensás hacer?

ZAFIRO: ¿Vos qué me propones?

ESMERALDA: Por lo pronto, que los chicos vuelvan hoy mismo…

ZAFIRO: Cariño, exageras. Además, Ismayá va de camino a Madrid para pasar unos días con Rubén y Samuel.

ESMERALDA: Bueno, es cierto. Que se queden hasta la semana que viene. Pero después ni un día más, a no ser que vayamos nosotros o que tengan que ir por trabajo, que si es así, irás vos.

ZAFIRO: Okey, yo mañana llamo a Rubén.

            Elio vio como llegaban Dámaris, Mildred, Veva, Scarlet y Topacio, quienes pidieron un cubata cada una a Jeremy Monteblanco, que había resultado ser uno de los camareros de la Discoteca Club Mito. Al ir con sus bebidas a la pista, Elio les contó que había conocido a una bella joven de ojos verdes que le había propuesto pasar esa noche juntos, lo que hizo reírse a las chicas.

Por su parte, Rocío vio como sus primos salían del aseo y les miró con extrañeza, pues le parecía raro que en tanto rato buscándoles no les hubiera encontrado.

ROCÍO: ¿Se puede saber qué hacían tanto tiempo en el excusado?

RUBÉN: Lo que pasa Rociíto, es que estaban llenos y tuvimos que esperar un buen rato a entrar…

SAMUEL: A ver si vas a pensar que nosotros somos gais, que no es así…

ROCÍO: Okey. Cambiando de tema, ¿ustedes quieren compañía para esta noche?

SAMUEL: Pues sí, ¿por qué no?

RUBÉN: ¿Pero por qué lo preguntas? ¿Acaso vos ya encontraste un pibe para esta noche?

ROCÍO: Sí. Se llama Elio Vega y me dijo que ha venido con unas amigas suyas…

RUBÉN: Pues vamos, ¿dónde están?

ROCÍO: Quedé en verlo en la barra, pero ahorita no lo veo…

Pero no tardó en dar con él, ya que a esa hora había poca gente en Mito. Tras llamarle, Elio acudió con Topacio al encuentro de Rocío, Rubén y Samuel.

ROCÍO: Buenas noches de nuevo, Elio. ¿Me presentas a tu amiga?

ELIO: Buenas… Pues no es mi amiga. Es mi hermana Topacio, pero es como si fuera una buena amiga, porque nos llevamos genial. ¿Y tú no me presentas a tus primos?

ROCÍO: Claro, Elio. Te presento a mis primos Rubén y Samuel. Él es Elio y ella, Topacio.

RUBÉN: Encantado. Topacio, qué bonito nombre…

TOPACIO: Gracias…

SAMUEL: Lo mismo digo. Un placer conocerlos, che.

ROCÍO: Te habrán dicho alguna vez que tienes nombre de telenovela…

TOPACIO: Sí, tantas veces que ya perdí la cuenta.

ROCÍO: “Topacio” era el título de una telenovela un poco antigua…

TOPACIO: Sí, y la verdad es que me encanta esa novela. Es más, mi mamá me puso el nombre por la telenovela que protagonizó Grecia Colmenares.

ROCÍO: Anda, qué gracia. Elio, voy a pedir algo pa’ nosotros y ahorita vamos con ustedes…

ELIO: Okey, nos vemos ahora.

Dámaris preguntó quiénes eran Rubén y Samuel, a lo que Elio respondió que en ese momento estaban en la barra. Dámaris vio a Rubén a lo lejos y le pareció un chico muy atractivo, por lo que fue a él, que en ese momento estaba pidiendo un mini de Kalimotxo para él. Samuel también pidió otro y se fueron hacia donde estaban los Monteblanco. Dámaris había ido al aseo, pues al acercársele Rubén, le dio corte saludarle. Él, como no la conocía, aunque también se le quedó mirando, se fue hacia la pista con Samuel y Rocío, que al llegar donde estaban Elio y los demás, se presentaron los que no se conocían. A los pocos segundos volvió Dámaris, que al mirar a Rubén sintió algo muy bello en su interior cuando él la miró, un intenso flechazo.

DÁMARIS: Hola, me llamo Dámaris Monteblanco Morenis, encantada. Soy argentina, de Buenos Aires, ¿y vos?

RUBÉN: Lo mismo digo. Yo soy Rubén Bustamante Quintana. Y también soy bonaerense.

DÁMARIS: ¡Qué casualidad, che!

RUBÉN: La verdad que sí, mirá, dejame presentarte a mi hermano Samuel y mi prima Rocío.

En ese momento comenzó a sonar en la discoteca la canción Sí, señor de Gloria Estefan. Rubén también sintió ese flechazo y estuvo casi toda la noche bailando con Dámaris y hablando con todo el grupo. Samuel, por su parte, congenió muy bien con Topacio, a quien le gustó el hermano de Rubén desde el primer momento en que lo vio.

             Esmeralda no podía siquiera imaginar que su deseo de que los Monteblanco no se cruzaran en el camino de su familia se acababa de hacer trizas, ya que uno de sus hijos se estaba enamorando de una de las hijas de René y Laura, quienes, en Cádiz, conversaban mirando al mar sobre sus hijos y el futuro que les aguardaba tras la mudanza, que esperaban fuera beneficiosa para todos.

Isaías y América se despidieron de su abuela Alfonsina, tras de lo cual se fueron a Mito, donde se encontraron con Dámaris y su grupo, que le presentaron a los primos Bustamante cuando en la discoteca sonaba la popular canción Bailando, popularizada por Alaska y los Pegamoides.

            Ismayá recibió una llamada en su móvil. Era su madre, que le reveló el odio que sentían los Bustamante hacia la familia Monteblanco desde siempre. Ismayá prometió a su madre alejarse de tal familia si se cruzaban con ellos. Ni se podía imaginar que ya era demasiado tarde, pues Rubén le estaba pidiendo a Dámaris en ese momento que saliera con él como novia, lo que la bella joven prometió pensar, aunque sentía quererlo desde esa noche.

            Isaías entabló en pocos minutos una animada conversación con Rocío y Mildred, que se maravillaron al saber que el hermano de Dámaris iba a grabar un anuncio de televisión; todo gracias a Veva Vega, que al darse cuenta de que habían coincidido quiso hablar más con él a fin de contratarle en la agencia.

VEVA: ¿Sabes?… Tienes un haz de luz peculiar como persona. Me caes muy bien. He decidido algo que te va a encantar.

ISAÍAS: Gracias por el cumplido, che. Nunca me dijeron algo tan lindo. Pero decime, por favor, ¿de qué se trata?

VEVA: Quiero contratarte en mi agencia de modelos.

ISAÍAS: ¿De veras? Eso suena fantástico

VEVA: Y tanto. Por supuesto, el spot ya lo tienes asegurado. Sólo queda esperar a que nos den el guion.

ISAÍAS: ¿Y qué tipo de contrato es?

VEVA: Incluye varios campos: por ejemplo, para ser imagen de revistas de moda conocidas en España y en todo el mundo. Firmás mañana si podés.

ISAÍAS: Por supuesto… ¿A qué hora?

VEVA: Pasate a las cinco de la tarde, así no tenés que madrugar.

ISAÍAS: Okey, pues allá estaré. Muchas gracias por darme esta oportunidad.

VEVA: No lo agradezcas. Vos te lo merecés.

            América preguntó a Rubén si de verdad quería ser novio formal de Dámaris.

RUBÉN: Pues claro, che. Fue un flechazo… Yo la quiero y la haré muy feliz si acepta ser mi novia.

AMÉRICA: Me caes muy bien. Voy a animar a mi hermana para que te acepte, porque te veo muy seguro de lo que dices, aunque sea algo precipitado, se acaban de conocer y ya decís que la querés…

RUBÉN: Lo entiendo… Muchas gracias por tu confianza.

AMÉRICA: De nada.

Dicho y hecho. América animó a Dámaris a aceptar a Rubén Bustamante como novio, lo que la enamoradiza joven aceptó, pues a causa de la actitud insistente del hermano de Samuel, demostraba que hablaba en serio cuando le había pedido ser su novia.

DÁMARIS: Me convenciste, voy a hablar con Rubén para decirle que lo acepto como novio formal.

AMÉRICA: Adelante, podés contar con mi apoyo.

DÁMARIS: Gracias, América.

Acto seguido, Dámaris buscó a Rubén por la discoteca, pero no lo encontraba, pues el joven había ido al aseo, lo que le informó América cuando preguntó de nuevo por el apuesto galán.

Samuel llamó por teléfono a Ismayá para saber cómo le iba en el viaje, lo que éste aprovechó para hablarle a Samuel del odio de los Bustamante hacia la familia Monteblanco, lo que dejó al atractivo Samuel sin poder dar crédito; Samuel le comunicó a un sorprendido Ismayá que habían conocido a los hijos de René y Raquel Monteblanco y que hasta se estaban haciendo buenos amigos. Ismayá no sabía cómo reaccionar, teniendo en cuenta las advertencias de su madre poco antes; no podía creer aún lo que había oído sobre el cruce del destino entre los Bustamante y los Monteblanco, por lo que llamó a su primo Felipe, que era gay, residente en Chueca. Cuando éste supo de tal cruce de destinos, no lo podía creer y le juró a su primo que intentaría advertir a los Bustamante de que por generaciones habían odiado a los Monteblanco. Por esto, Felipe, que era hermano de Rocío, fue a Mito para actuar en defensa de su familia.

            Rubén salió de acicalarse en el aseo y Dámaris le abordó para decirle que aceptaba ser su novia, lo que hizo muy feliz al hermano de Ismayá, quien en ese momento estaba hablando con su madre sobre lo sucedido en Madrid, lo que hizo gritar de rabia a Esmeralda, que acto seguido llamó a Felipe para rogarle que alejara a los Monteblanco de sus hijos; el hermano de Rocío añadió que en ese momento se encaminaba a la discoteca donde estaban sus primos, lo que al esposa de Zafiro agradeció, más tranquila al saber que su sobrino defendería el honor de su clan. La mujer no tardó en contarle lo sucedido a su esposo, que enardeció de cólera al saber el lío que había tenido lugar en Madrid. Era muy exagerado, por lo que propuso a su esposa marchar toda la familia a Madrid a fin de enfrentarse a los Monteblanco, lo que la hermana de Regina y Cynthia ni se paró a pensar, aceptando en ese mismo momento.

            Rubén y Dámaris, muy felices, comunicaron a sus amigos y familiares una noticia: “Somos novios”, lo que alegró a todos, menos a Samuel, que se preocupó en gran manera al recordar lo que Ismayá le había comunicado, pero no quiso enturbiar tal emotivo momento. Pero sintió que debía actuar de otro modo al llamar a Ismayá para comunicarle que Rubén se acababa de hacer novio de una Monteblanco, lo que impactó aún más a Ismayá, que no tardó nada en informárselo a su madre, que se desmayó al saberlo; mientras, Isaías felicitó a su hermana, lo mismo que hizo América, quien también pidió a Rubén por segunda vez que la hiciera muy feliz.

RUBÉN: Descuida, juro por Dios que nunca la haré sufrir.

Zafiro encontró a su esposa desmayada y pidió a Mari Lupe que le llevara agua para echársela por encima, lo que la mucama no tardó en obedecer. Zafiro mojó a su mujer en la cara, que volvió en sí repitiendo sin cesar el nombre de Rubén.

ZAFIRO: ¿Se puede saber qué pasó con Rubén?

ESMERALDA: Pues que se hizo novio de una Monteblanco. Con Dámaris Monteblanco, hija de René y Raquel.

Tal noticia cayó al patriarca como un jarro de agua fría, más bien helada, mientras Felipe llegó a Mito y fue informado por Samuel de la relación entre Rubén y Dámaris, lo que enfureció al sobrino de Esmeralda.

Ismael Villanueva guardaba un secreto para sí que no se atrevía a revelar; mucho menos a Andrés David, que le odiaría aún más si supiera que Ismael era homosexual; mientras, Margamariana no podía dormirse. Tenía oculto el secreto de la paternidad de Andrés David y sentía que debía revelarlo. Se propuso decirle a su hijo que su padre era un rico banquero, lo que consultó con Soledad Villanueva, que le aconsejó a su hija que no lo hiciera, pues Andrés David estaba últimamente muy agresivo, por lo que Margamariana aceptó callar de momento.

Felipe pasó a la acción al ver a Rubén con Dámaris Monteblanco y pidió a su primo hablar con él en privado, lo que éste aceptó, intrigado; cuando se alejaron, Dámaris preguntó a Samuel quién era el individuo que no la había saludado y se había llevado a su novio tan misteriosamente. El hermano de Rubén le confesó la verdad, lo que entristeció el alegre corazón de la joven Monteblanco, que corrió llorando a contárselo a Elio, que no podía creer lo que Dámaris le contaba muy nerviosa. Por su parte, ya a solas, Felipe le contó a Rubén el tema del enfrentamiento entre las familias Bustamante y Monteblanco, dejando a su primo sin palabras.

RUBÉN: ¿Puedo saber qué pretendés vos decirme con eso de que las dos familias están enfrentadas desde hace años? Eso yo lo sé…

FELIPE: Tenés que terminar con esa relación con Dámaris, tan sencillo como eso… Si lo sabés, con mayor razón…

RUBÉN: ¿Vos estás loco? ¡Para nada pienso cortarla con Dámaris Monteblanco por enfrentamientos familiares del pasado! No se me pega la gana, che…

FELIPE: Pues si no lo haces, me temo que tendrás a tu familia en contra tuya para siempre…

RUBÉN: Me importa un carajo. Aunque el mundo entero se oponga, no sólo voy a seguir con Dámaris Monteblanco, sino que me casaré con ella en un futuro si ella quiere.

FELIPE: Bueno primo, ya estás avisado. Yo te dejo. Haz lo que quieras. Sólo te aviso de que tus viejos vienen a España. Creo que ya se enteraron por Ismayá de tu nuevo romance, loco. Me voy, ciao.

RUBÉN: Hasta luego, primo.

Pero Felipe no se fue, pues Rocío le cogió por banda.

ROCÍO: No te había visto antes, hermanito… ¿Con quién viniste?

FELIPE: Vine solo… Resulta que a nuestro primo Rubén se le cruzaron los cables al hacerse novio de la tal Dámaris Monteblanco…

ROCÍO: ¿Y eso por qué?

Felipe le reveló lo sucedido hace años y todo sobre el enfrentamiento de ambas familias, lo que a Rocío pareció una soberana estupidez.

ROCÍO: Pero eso pasó hace muchos años… Yo le daré todo mi apoyo a Rubén.

FELIPE: Pues olvídate entonces de que soy tu hermano…

Dicho esto, se marchó dejando a su hermana sin dar crédito mientras Dámaris contaba a América lo que le había dicho Samuel. La atractiva rubia se quedó de una pieza; tampoco tardaron en enterarse Isaías, Mildred, Topacio y Veva, que aconsejaron a Dámaris que luchara por su amor.

            Felipe llamó a Esmeralda para comunicarle que Rubén se había opuesto rotundamente a dejar a Dámaris Monteblanco, lo que enfureció a la esposa de Zafiro, que le aseguró que ellos iban a armar un escándalo al llegar a Madrid.

ESMERALDA: Voy a armar la de Troya en Madrid. Eso te lo juro.

FELIPE: Sabes que podés contar con todo mi apoyo, tía.

ESMERALDA: Gracias, queridito. Vos sí que sabés lo que es defender el apellido de la familia y no como el pelotudo de mi hijo.

            Dámaris vio como Rubén se acercó a ella y la besó apasionadamente, tras de lo cual, su novia le contó que Samuel le había dicho todo sobre el enfrentamiento entre sus familias.

RUBÉN: Pero no nos van a separar. Eso si vos querés seguir conmigo, claro está.

DÁMARIS: Yo no pienso cortarla con vos… Te amo, Rubén, y estoy dispuesta a luchar por tu amor contra viento y marea…

RUBÉN: Qué preciosa sos. Hagamos un pacto de amor, Dámaris…

DÁMARIS: Qué lindo suena…

RUBÉN: Sí… Un pacto de amor que te juro ahora mismo por mi vida. Pase lo que pase jamás te dejaré. Siempre te amaré. Lucharé contra quien se oponga a nuestro amor, te lo juro mi Dámaris… Aunque el mundo entero se oponga, estaremos juntos. ¿Pactado?

DÁMARIS: Pactado, mi Rubén. Pase lo que pase siempre estaremos juntos a pesar del odio de nuestras familias.

Estas palabras las oyó Rocío, que les apoyó en su pacto.

Por su parte, Isaías llamó a su abuela para contarle del noviazgo de Dámaris con Rubén Bustamante, pues sabía que estaba aún despierta. La mujer no podía creer lo que oía al escuchar el apellido Bustamante; mucho más perpleja se quedó cuando se enteró de que no ignoraban el odio entre las dos familias y que aun así habían jurado amarse, aunque el mundo entero se opusiera. Ahora sí que Alfonsina Sevilla no dormiría en toda la noche; Isaías no fue el único en informar a la abuela, pues Zafiro llamó a su madre para darle la noticia del noviazgo entre su nieto Rubén y una Monteblanco, lo que preocupó mucho a Sevilla Puerto.

            Al día siguiente, Zafiro y Esmeralda llegaron a la Mansión Bustamante madrileña junto con toda su prole. Ni Mauri se quedó en Argentina, saliendo de allá a las cuatro de la tarde, cuatro horas después de que llegara Ismayá, que se había enfrentado a Rubén para que dejara a Dámaris sin conseguir nada. Mucho menos consiguió Zafiro, que exigió a Rubén dejar a su novia.

RUBÉN: ¡¡¡Ni lo sueñes!!!, esa guerra entre familias está injustificada. Han pasado muchos años desde aquellos enfrentamientos.

ZAFIRO: Pues yo me opongo rotundamente a esa relación.

RUBÉN: Me importa un carajo, che. Yo voy a seguir con Dámaris quieras o no.

ZAFIRO: Muy bien. Pues ya podés irte despidiendo de tu trabajo en el banco, lo acabás de perder.

RUBÉN: Haz lo que se te venga en gana, viejo. Yo tengo bienes que vos no conocés.

ZAFIRO: Pues haz con ellos lo que se te venga en gana, porque yo no pienso permitir que vos pises esta casa mientras no dejes a esa tipa.

RUBÉN: Ni te atrevas a insultar a Dámaris porque ni siquiera la conocés.

Esmeralda irrumpió furiosa en la conversación dándole de bofetadas a Rubén, que no podía dar crédito a la furia de su madre. Sevilla intercedió en favor de su nieto diciendo a su hijo que Rubén tenía razón en lo que decía, ya que el enfrentamiento del que hablaban era cosa del pasado; Esmeralda, aún más agitada, mandó callar a su suegra. No conforme con tal falta de respeto, sacó un arma de su bolso y amenazó de muerte a la mujer. Zafiro, estupefacto, le quitó la pistola a su esposa, que arrepentida, pidió perdón horas después a su suegra, que juró vengar la amenaza de muerte.

            Por su parte, Rubén se reunió con sus hermanos para comunicarles su decisión de irse a vivir a su piso en el barrio castizo de La Latina, en pleno centro de Madrid, lo que todos criticaron, aunque al saber que era por amor, cambiaron de parecer y quisieron apoyarle; todos juraron no revelar el lugar donde viviría a partir de ese día. Rocío también juró no decir nada cuando le fue comunicado minutos después, lo que su primo le agradeció con un fuerte abrazo.

            Dámaris llamó a su amiga África para contarle que desde la noche anterior había comenzado a vivir un amor de telenovela, contando con detalle lo sucedido la noche anterior, lo que dejó estupefacta a la bella escritora.

Esmeralda llamó a Felipe para tramar juntos un plan cruel y despiadado: asesinar a Dámaris Monteblanco, lo que el malvado hermano de Rocío aceptó sin pensar. Zafiro escuchó la conversación y no dudó en apoyar a su esposa en planear un crimen por motivos tan injustificados.

Elio estaba ardiendo de indignación por lo sucedido la noche anterior entre Dámaris y Rubén; Mildred se lo notó y le pidió que no se lo tomara tan a la tremenda, pues no iba a conseguir nada.

“BENDITA DEUDA”

Buenos Aires, año 2000. Juan Carlos acoge a su amigo Lucas en su casa después de una tragedia familiar y le presta dinero para que comience de cero con la condición de que se lo devuelva trabajando en la agencia de detectives donde le acaban de ascender. Cuando Lucas comience a trabajar allí, deberán enfrentarse a retos que nunca hubieran imaginado, así como lidiar con las envidias e intrigas de Valeria, Dayana y Aurora, tres perversas mujeres que les harán la vida más difícil usando a su antojo las circunstancias del clan Pizzetti, los dueños de la agencia…

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PACTO DE AMOR -CAPÍTULO 1

CAPÍTULO 1

Dámaris Monteblanco tenía una gran ilusión dentro de sí, que pronto, se prometió dar a conocer ante su gran familia. Ella era una joven adolescente de 19 años de cabello y ojos castaños claro; de siempre había sido una magnífica estudiante, que destacaba entre sus compañeros, aunque no considerada como la típica empollona por antonomasia. Nació en Buenos Aires, capital de la República Argentina, donde últimamente no se sentía muy segura viviendo, pese a la violencia, que cada día aumentaba más. No sólo por la violencia sino por la crisis política y económica que por aquel entonces atravesaba el país andino. La gran ilusión que tenía dentro de sí era ser fotógrafa, una profesión que le había encantado desde que tenía 11 años; su vocación fue más evidente aun cuando a esa edad hizo un magnífico reportaje en la boda de unos amigos de la familia, que al ver las fotos quedaron maravillados y hasta quisieron pagarles por el reportaje, pero ni Dámaris ni sus progenitores quisieron aceptarlo, pues era un regalo para los recién casados. Desde aquel momento, Dámaris decidió que lucharía por ser fotógrafa. Y estaba comenzando a cumplir su gran sueño, ya que sus padres habían decidido una semana atrás irse del país que había visto nacer a toda su descendencia. Los Monteblanco eran catorce en la casa. René Monteblanco era el patriarca, que había visto con gran orgullo y felicidad nacer y crecer a sus doce hijos, de quienes estaba muy orgulloso. Raquel Morenis era su feliz esposa, la matriarca del clan. Era una irreprochable mujer como esposa y madre, que amaba a sus doce hijos con toda el alma, a todos por igual. No tenía ningún favorito. Los hijos de René y Raquel se llamaban: Dámaris, América, Esmerdis, Tiziano, Ricky, Lisandro, Asahel, Víctor Elías, Lucas, Mateo, Isaías y Nino. Corría el año 2000, como corren todos los años, que se pasan volando. Y así era, pues ya era el mes de abril. El día 9, que caía en domingo, la familia Monteblanco visitó la ciudad de Rosario, una de las ciudades más cercanas a Buenos Aires. Y es que iban a darles la noticia de su mudanza a una gran amiga de la familia: África Villarreal, una joven de 24 años que tenía unos preciosos ojos verdes; África trabajaba como dependienta en una tienda de comestibles a media jornada; el resto de su tiempo lo dedicaba a escribir su primera novela, pues desde muy joven sintió la llamada de las letras y había sido desde siempre una apasionada de la literatura. Su gran sueño era publicar su novela y trabajar en la oficina de una prestigiosa editorial de su ciudad: Editorial Villarreal, que había sido presidida por sus tíos hacía muchos años. Al saber de la mudanza de los Monteblanco, les deseó suerte, asegurando que les echaría mucho de menos.

DÁMARIS: Pero bueno, si querés nos podemos escribir, amiga.

ÁFRICA: Es verdad, che, por correo electrónico, por carta o como sea, pero seguiremos en contacto. Nuestra amistad es para siempre.

DÁMARIS: Ni lo dudes, che.

RAQUEL: Para despedirnos, queremos cenar contigo esta noche. Mañana nos marchamos a España.

ÁFRICA: Por supuesto. Esta noche vamos a cenar al Restaurante “Peña Rocas”. Nos vemos allá, ¿okey?

RENÉ: Buena elección. Ciao, preciosa. Hasta la noche.

René era hombre de pocas palabras, lo que siempre se notaba en sus relaciones interpersonales.

            Mildred Vega era una bella joven de 24 años. Era la mejor amiga de Dámaris y su ilusión era estudiar Periodismo en España; su sueño no tardaría en hacerse realidad, pues en una semana viajaría a la capital española con sus hermanos Elio y Hércules, y con sus hermanas Veva, Scarlet y Topacio; se alojarían en casa de su prima Ámbar Vega, que vivía en el madrileño barrio de Oporto, cerca de la Plaza Elíptica. Los hermanos Vega eran huérfanos de padre desde hacía cuatro años en un accidente de tráfico en el que también fallecieron los padres de Ámbar y los abuelos de ambos. Fue una tragedia horrible, pero el tiempo pasó y lo fueron superando. Ahora era tiempo de que los hermanos Vega se reunieran con su prima y dejaran su casa de Buenos Aires.

Mildred recibió una llamada telefónica de su prima, quien le pidió que adelantaran el viaje, pues tenía muchas ganas de verlos, a lo que Mildred respondió que así sería, pues un año separados era mucho. Y es que, aunque los hermanos Vega amaban mucho su tierra argentina, les resultaba un poco difícil marcharse, pero sabían que era lo mejor para no sufrir, pues de seguir viviendo en aquella casa llena de recuerdos, podrían volver a deprimirse. La muerte de sus padres había sido traumática para el menor de ellos, el pequeño Hércules, que era muy rebelde y no hacía ningún caso a ninguno de sus hermanos, aunque con quien mejor se llevaba era con Elio. Ámbar Vega trabajaba como teleoperadora en MoviStar. Se quedó sola cuando murieron sus padres junto a los de sus primos, que eran la única familia que le quedaba. Elio Vega era un apasionado de la música, que se llevaba a las mil maravillas con Hércules, su hermano pequeño pese a que era un rebelde que parecía incorregible. Minutos más tarde, Mildred llamó a Ámbar de nuevo para informarle que estaba confirmado: adelantaban el viaje, lo que alegró mucho a su prima española.

La familia Monteblanco dio un largo paseo por la ciudad de Rosario. A las nueve de la noche llegaron al Restaurante “Peña Rocas”, donde habían quedado con África Villarreal, que tardó cinco minutos en llegar al lugar. Cuando ya estaban todos, se sentaron a la mesa para quince que habían reservado. La cena transcurrió tranquila y agradable. La escritora les aseguró que cuando visitara Madrid les avisaría sin lugar a dudas.

Elio comentó con Scarlet la posibilidad de presentar su maqueta en una discográfica, lo que a Scarlet pareció muy buena idea, ya que su hermano tenía una buena voz para cantar. No le cabía duda de que podría llegar a ser muy famoso por sus canciones, ya que también componía.

            Scarlet estaba muy unida a la familia Monteblanco desde que, hacía ya cuatro años, era novia de uno de los hijos varones de René, el apuesto Mateo, con quien se había comprometido en enero de ese mismo año; estaban tan enamorados como el primer día. Ella misma puso fecha de boda: el 15 de agosto de 2000 en Buenos Aires. Aunque se iban a ir a España en breve, no tenía miedo de que su amor se fuera a enfriar, pues la familia Monteblanco también se mudaría a la capital española.

Al día siguiente, Dámaris llamó a Mildred para comunicarle su viaje ese mismo día; su mejor amiga le sorprendió al contarle lo mismo.

MILDRED: Te me adelantaste, queridita…

DÁMARIS: Qué casualidad, che. Pues vámonos todos juntos. Al fin y al cabo, somos una gran familia, ya que pronto se casarán Mateo y Scarlet.

MILDRED: Eso mismo pensé yo. Está bien. Nos vemos en el aeropuerto de Buenos Aires a las once de la mañana, justo a la entrada. Chao, guapa. Nos vemos.

DÁMARIS: Pa’ guapa, vos, reina. Ciao, nos vemos en breve.

Dámaris estaba radiante de ilusión por emprender el viaje a Europa.

Elio estaba deseando volver a Madrid; para él era una ciudad en la que le gustaría casarse y formar una familia en un futuro. Su gran pasión era la música e intentaría hacerse un hueco en el mundillo de la canción, donde a veces tan sólo se apreciaba el físico de las personas y no el talento, como por desgracia pasaba en algunas ocasiones.

Las familias Monteblanco y Vega se reunieron como habían acordado previamente en el Aeropuerto de Buenos Aires, donde a las dos de la tarde comieron, y una hora después, el avión despegó rumbo a España.

Rubén Bustamante se sentía un poco agobiado con tanto trabajo. Apenas podía dedicarle tiempo a sus padres y hermanos. Los Bustamante eran una bonita y numerosa familia argentina. Tenía diez hermanos, todos ellos varones, por lo que su madre, una bella mujer de nombre Esmeralda Quintana, soñaba con tener una hija, deseo compartido por su flamante esposo, un banquero afortunado del que su nombre indicaba ser un hombre de éxito: Zafiro Bustamante. Había sido padre de diez varones. Se llamaban: Rubén, Ismayá, Mauri, Aquiles, Samuel, Álex, Julián -alias “Chechu”-, Guillermo José –alias “Williche”-, Cristian, Flavio y Moisés Daniel -alias “Moidani”-.

            A Rubén le gustaría estar en Madrid, lo que comentó con su padre, que le dio una buena noticia: en pocos días le enviaría a la capital de España por negocios del banco, añadiendo que, si era su deseo, podría quedarse tras resolver las gestiones correspondientes. Esto alegró en gran manera a Rubén, que preguntó a su progenitor con quién iría, a lo que éste contestó que iría con Samuel, lo que alegró al emprendedor muchacho, pues Samuel era el hermano con quien mejor se llevaba. Justo en ese momento entró Samuel, informando de que Mari Lupe, Marisela y Eliana ya habían preparado la comida.

ZAFIRO: Está bien, vamos a comer. Marcharán a Madrid mañana mismo…

RUBÉN: Como vos quieras, papá. ¡¡¡Que nos vamos pa’ Madrid, Samuelete!

SAMUEL: Por mí encantado de viajar con vos, hermanazo.

Las mujeres mencionadas por Samuel eran Mari Lupe Gálvez, Marisela López y Eliana, las mucamas de la familia Bustamante.

            En el avión rumbo a España, Isaías y Elio hablaban de su pasión en común: la música. Isaías auguró al hermano de Mildred un gran futuro brillante en la música, lo que el chico agradeció.

            América Monteblanco era la primera que se había marchado a Madrid pues ya tenía trabajo. Era una peluquera titulada. Tenía 26 años y se fue a España en el mes de marzo. Vivía en un apartamento pequeño en el barrio de Fuencarral. Prefirió eso a irse a la mansión ella sola, lógicamente, ya que era muy grande para ella irse sola allá. La mansión madrileña de los Monteblanco estaba situada en Torrejón de Ardoz.

            Rocío Bustamante, prima de Rubén y sus hermanos, vivía en Loranca, una urbanización cercana a Fuenlabrada, Tenía 26 años y vivía de las rentas. Estaba esperando sin impacientarse la herencia que le había dejado su abuela, Catalina Luarca de Bustamante. Pero no tenía prisa. Como tenía bastante tiempo, lo dedicaba a estudiar idiomas como el italiano, que le apasionaba. Se había propuesto irse a Italia en verano aprovechando los meses de calor. Era morena, de estatura media -1,72-, tenía el pelo liso y unos preciosos ojos verdes. Se parecía físicamente a África Villarreal, a quien conocía, ya que su tía Esmeralda era hermana de unas amigas suyas llamadas Regina y Cynthia.

            Durante la comida de los Bustamante, Zafiro comunicó a la familia que Rubén y Samuel se iban a Madrid al día siguiente.

ISMAYÁ: ¿Van a la mansión de Loranca o al departamento del Retiro?

RUBÉN: Vamos a la mansión los primeros días, porque así estaremos más cerca del banco, pero la semana que viene iremos al departamento del Retiro para estar más cerca del centro.

SAMUEL: Sí, así estaremos más cerca del centro y podremos salir de boliches por Huertas, Sol, Gran Vía… (En tono divertido)

ISMAYÁ: Hay que ver Samuel, cómo te va la marcha. Sos de lo más divertido. Con vos Rubén no se va a aburrir.

RUBÉN: Che, Ismayá, ¿por qué no te venís con nosotros? Al fin y al cabo, vos también trabajás en el banco. Papá, ¿podría venir?

ZAFIRO: Eso como vos quieras, Rubén, si ves que lo van a necesitar, que se vaya si quiere. Tiene mi permiso. Si vos querés, claro, Ismayá.

ISMAYÁ: Yo quisiera, pero tengo asuntos pendientes que atender. Quizá vaya, pero no mañana. Pero sí tengo ganas de estar allá y poder ver a Rocío y a la abuela, eso sin lugar a dudas.

            Sevilla Puerto De Bustamante era la abuela de Rubén y sus hermanos. Era la madre de Zafiro. Vivía en Madrid, en Loranca, cerca de la bella Rocío. Sevilla era vivaracha y alegre. Tenía una gran pasión: jugar al ajedrez con su nieta Rocío, quien ese mismo día fue a jugar con ella, llevando unas gafas negras que usaba sólo en algunas ocasiones puntuales.

            En el avión, Dámaris expresó a Mildred su deseo de encontrar novio en España.

DÁMARIS: ¿Sabés?, me gustaría vivir un amor de telenovela: con enredos, pasiones desatadas, celos, intrigas… Pero eso sí, con final feliz.

MILDRED: ¿Y cómo te gustaría que fuera él? Tu prototipo de hombre, me refiero…

DÁMARIS: Me gustaría un pibe alto, delgado, de ojos negros que electricen al mirar, no sé, romántico, cariñoso…

MILDRED: Ya deja de soñar. Si encontrás un hombre así, será porque el destino te querrá premiar… ¿Crees en el amor a primera vista?, es decir, ¿crees que podrías vivir un flechazo?

DÁMARIS: Pues sí. Pero eso nunca se sabe.

Por la noche, Rocío recibió la llamada de su primo Samuel, quien le informó que al día siguiente partirían a Madrid, lo que alegró a la bella joven, que le preguntó a su atractivo primo dónde se alojarían.

SAMUEL: En la mansión de Loranca, evidentemente para estar cerca de vos y de la abuela.

ROCÍO: Qué bueno, qué bueno. Cuando lleguen me llaman para vernos, ¿okey?

SAMUEL: Claro prima. Nosotros te marcamos. Besitos, preciosa.

Después de hablar con su primo favorito, Rocío llamó a su abuela, que se alegró mucho al saber que Rubén y Samuel iban a pasar una temporada en Madrid.

            Al día siguiente, los Monteblanco llegaron a Madrid después de doce largas horas de vuelo. Se fueron directamente a la mansión, que se hallaba en Torrejón de Ardoz; los hermanos Vega se fueron a casa de su prima Ámbar, donde vivirían desde ese día. Al volver a verlos, la bella Ámbar se emocionó y se dieron un gran abrazo colectivo. Al entrar en la casa, Ámbar les dijo que tenían que repartirse las habitaciones como pudieran, ya que la casa no era muy grande, por lo que Mildred propuso a todos irse al piso de arriba, que era propiedad de la familia. Ámbar replicó que a ella no le molestaba, pero que subirían todos juntos, ya que habían estado bastante tiempo separados.

ÁMBAR: Pues vamos a trasladar las cosas al piso. Yo recojo lo mío.

SCARLET: Te ayudamos, prima.

ÁMBAR: Gracias.

            Rubén y Samuel llegaron a España un día después que los Monteblanco, que ya se habían visto con los familiares que llevaban tiempo sin ver. Entre tanto, René comentó a su esposa que en unos días se iría a trabajar a Cádiz. Mientras, los chicos comenzarían su nueva vida en la península ibérica. Raquel consultó a su suegra, Alfonsina Sevilla Viuda De Monteblanco si se podía quedar con sus hijos para que no estuvieran solos, lo que la vivaracha y alegre mujer aceptó encantada, pues desde siempre había adorado a sus nietos.

            Dámaris fue con su amiga Mildred al Corte Inglés de Callao una semana después de llegar a Madrid, es decir, el 19 de abril. Allí se encontraron con Elio, que desde hacía mucho tiempo estaba enamorado de Dámaris, pero no se atrevía a decírselo. Elio iba con Scarlet y Mateo, que estaban por la Gran Vía, echando currículums y rellenando solicitudes de trabajo donde así les era requerido.

Rubén resolvió en pocos días las transacciones bancarias que le había encomendado su progenitor, tras de lo cual se fue con Samuel y Rocío al piso que se encontraba cerca del Retiro, a fin de estar más cerca del centro de Madrid, como habían planeado previamente. Rocío se quedó con ellos para pasar una temporada con sus primos.

Alfonsina Sevilla fue acompañada al médico por América, quien se había empeñado en acompañar a su abuela, que estaba algo delicada de salud, pues padecía migrañas a diario; mientras, Mildred y Dámaris regresaron pronto a sus casas, pues al día siguiente, la hija de René comenzaría a estudiar Fotografía como era su sueño; Mildred, por su parte, comenzaría a estudiar Periodismo en la Universidad de Getafe.

Esmeralda Quintana De Bustamante se encontraba nerviosa. Deseaba que el destino jamás les volviera a cruzar con la familia Monteblanco, a cuyos miembros despreciaba por problemas en un pasado remoto que habían tenido entre las dos familias. Habían tenido enfrentamientos muy duros por la muerte de un tatarabuelo de la familia Monteblanco, razón por la que Esmeralda no quería saber nada de tal familia.

            Ismayá Bustamante comentó a Mauri que se iba a Madrid a pasar unos días, pues él no estuvo presente en la cena en que se habló el tema. Mauri, a su vez, le comentó que estaba un poco quemado, ya que su padre no entendía por qué no quería trabajar con él en el banco. Mauri trabajaba en una fábrica de muebles, lo que no gustaba nada a Zafiro Bustamante, que odiaba que uno de sus hijos trabajara en un oficio de clase obrera, y es que, al igual que su esposa, tenía mucho desprecio hacia la gente humilde. Era su gran defecto.

Andrés David Villanueva vivía solo en su piso del castizo barrio madrileño de La Latina. Tenía 20 años y trabajaba como reponedor en un supermercado cercano a su hogar por las mañanas; por las tardes estudiaba para ser administrativo. Era castaño, 1,71 de estatura, delgado y guapo. Tenía dos hermanos y una hermana. Se llamaban Alejandro, Ismael y Sol Estrella. Alejandro tenía 33 años, Ismael 24 y Sol Estrella 22. Ellos vivían con su abuela, Soledad Villanueva, que tenía en su casa a su hija Margamariana, quien guardaba un secreto muy grande: Andrés David era en realidad hijo de Zafiro Bustamante, lo que nadie sabía excepto Soledad y ella. Andrés David era muy egoísta, quería la casa para él solo, desde que amenazó de muerte a su abuela si no le cedía la casa, y así pasó a su nombre. Andrés David era fiero y despiadado, odiaba a sus hermanos y no podía querer a nadie que no fuera él mismo.

            Mauri Bustamante deseaba irse de la casa familiar, desaparecer, irse a vivir independientemente, donde sus padres no lo amargaran con sus prejuicios sociales y clasistas, lo cual le irritaba mucho. Tenía el apoyo de sus demás hermanos en cuanto a su oposición a trabajar en el banco, del que su padre era el director. Y se marcharía, tarde o temprano, pues ya no aguantaba la presión a la que le sometía su padre, que intentaba una y otra vez que dejara su empleo en lo que Esmeralda llamaba “barriobajera fábrica de muebles”; odiaba con todo su ser que uno de sus vástagos se mezclara con gente de clase inferior a la suya.

            Rocío se presentó en hora y media en el piso de sus primos Rubén y Samuel, que le propusieron salir de marcha esa noche, aunque fuera día de diario, lo que la nieta de Sevilla aceptó, no sin antes aclarar que iba a colocar su ropa en la habitación de huéspedes.

En ese mismo instante, Dámaris y Mildred llegaron a casa de Ámbar Vega y le comunicaron a Elio que iban a planear una quedada con todos sus amigos de Madrid y todos los primos que eran, lo que pareció muy bien a Elio, que les comentó que había ido a una discográfica en la cual le habían citado para una entrevista, por lo que su amiga y su hermana lo animaron y le desearon suerte, ya que sabían que su maqueta bien lo valía y estaban seguros de que triunfaría en los escenarios. Dentro de sí, Elio soñaba despierto que quizás en poco tiempo Dámaris fuera su novia, ya que era lo que más deseaba en la vida.

Mientras Rocío colocaba su ropa en el armario de su habitación provisional, Rubén recibió la llamada de su hermano Ismayá, que le llamaba para informar que esa misma noche saldría rumbo a Madrid.

RUBÉN: Estupendo. ¿Cuándo llegás a Madrid, hermanito?

ISMAYÁ: Pues seguramente a mediodía. Tenés que tener en cuenta que son doce horas. Salgo a las doce de la noche, hora de acá; lo que significa que a la hora de allá llegaré a sus doce del mediodía.

RUBÉN: ¿Te voy a buscar al aeropuerto entonces?

ISMAYÁ: Sí, yo te llamaré al celular cuando esté aterrizando.

RUBÉN: Okey, hermanito querido.

ISMAYÁ: Por cierto. ¿dónde están alojados?, ¿cerca de lo de la abuelita o en el centro?

RUBÉN: Estamos con Rocío en el departamento del Retiro.

ISMAYÁ: Ah, okey. Dale besos a Samuel y Rocío de mi parte. Nos vemos mañana. Besos a ti también.

RUBÉN: Ay mi hermanito besucón, cómo te quiero.

ISMAYÁ: Y yo a ti, loco. Te veo mañana. Ciao.

RUBÉN: Buen viaje. Cuídate.

ISMAYÁ: Gracias, hasta mañana.

RUBÉN: Chau.

Tras hablar con Ismayá, Rubén comunicó a Samuel y Rocío su llegada; Rocío se alegró mucho, pues era uno de los primos a los que más quería. Pero no solo eso. Rocío guardaba un gran secreto de mujer: amaba a su primo Ismayá como hombre desde hacía mucho tiempo.

            Por su parte, Isaías Monteblanco llevó un book personal de fotos a una agencia de modelos madrileña en la que tuvo mucho éxito, ya que Veva Vega le prometió llamarle para protagonizar un spot publicitario, lo que comunicó a su abuela, que se enorgulleció más que nunca de su nieto.

ISAÍAS: Aunque yo creo que ha sido un poco por enchufe, y eso que yo no quería que nadie conocido me ayudara…

ALFONSINA: Pero eso da igual, querido. El fin justifica los medios. Lo verdaderamente importante es que vas a trabajar en lo que has soñado siempre. ¿Y qué mejor que al lado de gente que te conoce desde que eras un renacuajo como es la familia Vega?

ISAÍAS: Tenés razón, abuela. Lo mejor es trabajar entre amigos.

ALFONSINA: Di que sí, chiquillo. Que los amigos verdaderos son los que siempre están ahí para ayudarte.

ISAÍAS: Claro, pero todos mis amigos no significan lo que vos para mí. Sabés que te considero mi mejor amiga.

ALFONSINA: Y tú sabes que yo te quiero mucho también, que, aunque seas mi nieto favorito, no menosprecio a ninguno de tus hermanos.

ISAÍAS: Es que eso estaría muy mal.

            Paralelamente, Dámaris le preguntó a Mildred si le apetecía salir esa noche.

DÁMARIS: Tengo ganas de salir por Huertas, por Chueca…

MILDRED: Mañana comienzas a ir a la Facultad para comenzar tu carrera de Imagen y Sonido; ¿y querés ir de juerga? Yo me apunto, pero mañana no habrá quien te levante, che.

DÁMARIS: No importa. Voy a mi casa y nos vemos a las diez de la noche en el Kilómetro 0, ¿okey?

MILDRED: Okey, nena. Nos vemos allá.

DÁMARIS: Ciao, reina.

Dámaris se fue tras despedirse por unas horas de Elio, Mildred y Ámbar, que acababa de llegar de su trabajo en Telefónica MoviStar.

            Por su parte, Rubén, Samuel y Rocío salieron del piso del centro y fueron en dirección hacia la boca de metro de la estación Retiro hablando sobre la familia Monteblanco, a la que tanto había odiado la familia Bustamante durante tantos años. En esos momentos no podían siquiera imaginar que los destinos de las dos familias se volverían a cruzar de manera irremediable.

SEJO, IMPERDONABLE TRAICIÓN. Capítulo 5: FALSAS APARIENCIAS

Por la tarde nos pusimos a ver un poco la tele y yo aproveché para escribir en mi diario mis propósitos y deseos para ese 2003 que recién había comenzado. Algunas de esas cosas que pedía o quería hacer era teñirme el pelo de rubio, volver a las reuniones de los Testigos, pero también tenía cosas en contra de eso, pues también deseaba tener novio, lo que iba -según me habían enseñado-, en contra de los principios bíblicos.

Mi padre llegó a Zarzaquemada sobre las siete de la tarde y comenzó a hablarle a mi tío exagerando sobre mi actitud rebelde y según él descontrolada y fuera de lugar. Patético. Hasta tuve que reconocer que había obrado muy mal y que quizá me había pasado mucho. Mi padre se volvió a pasar más de tres pueblos haciéndose la víctima de mis “ataques de rebeldía”, según él. ¿Cómo podía ser tan falso alguien que dice ser Testigo de Jehová? No me cabía en la cabeza. Pero lo que más me repateó fue lo que vino después, lo que me temía. Tras ponerse de víctima, en el camino de regreso a La Latina me reprochó con dureza haber tenido que hacer ese viaje aposta para venir a por mí. Una vez de nuevo en nuestro portal, me di cuenta de que en casa de su tío se había hecho la víctima a más no poder, pues por casi me pega cuando se puso muy furioso al hablar con la vecina del tercero, -Virginia Almendro-, de lo que supuestamente yo había provocado: el robo de unas prendas muy costosas de la tienda de ropa del edificio, Fajas Norby el día 31 de diciembre, pues según ella, yo dejé la puerta abierta del portal. “Pero yo no tengo la culpa, me cago en tó lo que se menea”, pensé. Viendo mi cara de disgusto por la conversación, Virginia dijo que se alegraba de que mi padre hubiera venido a por mí, admitiendo que, de no haberme ido a casa de mi tío esa noche, me hubiera podido quedar en su casa. La verdad que no sé si lo dijo por quedar bien con nosotros, pero yo tenía serias dudas sobre que eso hubiese sido cierto; pero claro, después de lo mal que me habían tratado en casa de Fede, era normal que desconfiara hasta de la buena voluntad de nuestros vecinos.

         Al subir a casa mi padre volvió a gritar como un descosido. No se calmó hasta que llegaron Marta y Belinda del Pan´s and Company, de donde trajeron la cena. Por fin pude ducharme y dormir tranquilamente esa noche.

A la mañana siguiente, cuando me desperté mi padre no estaba en casa y desayuné con mi hermana y Beli, de quien me extrañó que me hablara, pues era hija de Testigos de Jehová. Pero claro, al no estar bautizada sí podía hablarme pese a estar yo expulsado.

Mi padre se empeñó en regresar el día 3 por la tarde y no hizo caso a mi hermana cuando le pidió que nos quedáramos hasta el domingo, por lo que pusimos rumbo a Torrevieja sobre las siete u ocho y media de la tarde. Yo deseaba regresar, pero me hubiera gustado quedarme hasta el domingo. Pero pasó algo que hizo que mi padre se arrepintiera de no haberse quedado en Madrid. En el Hospital 12 de Octubre, Rubí Martínez López, mi prima hermana, hija de mi tío Venancio -hermano de mi madre-, y mi tía Paz, mandó un mensaje al móvil de mi hermana informando de que los médicos que atendían a nuestro bisabuelo, Bonifacio, habían determinado que no pasaría de esa noche, que le quedaban pocas horas de vida.

TASIO: Maldita sea, si no fuera porque ya estamos llegando a Alicante, daría la vuelta.

MARTA: Me tenías que haber hecho caso, papá…

TASIO: Pues sí…

Pero ya era tarde. Quedaban unos 40 kilómetros para llegar a Torrevieja.

Nos sentimos muy tristes por la noticia; queríamos mucho al bisabuelo Bonifacio, al que todos llamábamos “Abuelo Boni”. Poco después de llegar a Torrevieja, mi tía Benita, hermana de mi madre, llamó a nuestra casa y pidió hablar con ella.