SEJO, IMPERDONABLE TRAICIÓN. Capítulo 5: FALSAS APARIENCIAS

Por la tarde nos pusimos a ver un poco la tele y yo aproveché para escribir en mi diario mis propósitos y deseos para ese 2003 que recién había comenzado. Algunas de esas cosas que pedía o quería hacer era teñirme el pelo de rubio, volver a las reuniones de los Testigos, pero también tenía cosas en contra de eso, pues también deseaba tener novio, lo que iba -según me habían enseñado-, en contra de los principios bíblicos.

Mi padre llegó a Zarzaquemada sobre las siete de la tarde y comenzó a hablarle a mi tío exagerando sobre mi actitud rebelde y según él descontrolada y fuera de lugar. Patético. Hasta tuve que reconocer que había obrado muy mal y que quizá me había pasado mucho. Mi padre se volvió a pasar más de tres pueblos haciéndose la víctima de mis “ataques de rebeldía”, según él. ¿Cómo podía ser tan falso alguien que dice ser Testigo de Jehová? No me cabía en la cabeza. Pero lo que más me repateó fue lo que vino después, lo que me temía. Tras ponerse de víctima, en el camino de regreso a La Latina me reprochó con dureza haber tenido que hacer ese viaje aposta para venir a por mí. Una vez de nuevo en nuestro portal, me di cuenta de que en casa de su tío se había hecho la víctima a más no poder, pues por casi me pega cuando se puso muy furioso al hablar con la vecina del tercero, -Virginia Almendro-, de lo que supuestamente yo había provocado: el robo de unas prendas muy costosas de la tienda de ropa del edificio, Fajas Norby el día 31 de diciembre, pues según ella, yo dejé la puerta abierta del portal. “Pero yo no tengo la culpa, me cago en tó lo que se menea”, pensé. Viendo mi cara de disgusto por la conversación, Virginia dijo que se alegraba de que mi padre hubiera venido a por mí, admitiendo que, de no haberme ido a casa de mi tío esa noche, me hubiera podido quedar en su casa. La verdad que no sé si lo dijo por quedar bien con nosotros, pero yo tenía serias dudas sobre que eso hubiese sido cierto; pero claro, después de lo mal que me habían tratado en casa de Fede, era normal que desconfiara hasta de la buena voluntad de nuestros vecinos.

         Al subir a casa mi padre volvió a gritar como un descosido. No se calmó hasta que llegaron Marta y Belinda del Pan´s and Company, de donde trajeron la cena. Por fin pude ducharme y dormir tranquilamente esa noche.

A la mañana siguiente, cuando me desperté mi padre no estaba en casa y desayuné con mi hermana y Beli, de quien me extrañó que me hablara, pues era hija de Testigos de Jehová. Pero claro, al no estar bautizada sí podía hablarme pese a estar yo expulsado.

Mi padre se empeñó en regresar el día 3 por la tarde y no hizo caso a mi hermana cuando le pidió que nos quedáramos hasta el domingo, por lo que pusimos rumbo a Torrevieja sobre las siete u ocho y media de la tarde. Yo deseaba regresar, pero me hubiera gustado quedarme hasta el domingo. Pero pasó algo que hizo que mi padre se arrepintiera de no haberse quedado en Madrid. En el Hospital 12 de Octubre, Rubí Martínez López, mi prima hermana, hija de mi tío Venancio -hermano de mi madre-, y mi tía Paz, mandó un mensaje al móvil de mi hermana informando de que los médicos que atendían a nuestro bisabuelo, Bonifacio, habían determinado que no pasaría de esa noche, que le quedaban pocas horas de vida.

TASIO: Maldita sea, si no fuera porque ya estamos llegando a Alicante, daría la vuelta.

MARTA: Me tenías que haber hecho caso, papá…

TASIO: Pues sí…

Pero ya era tarde. Quedaban unos 40 kilómetros para llegar a Torrevieja.

Nos sentimos muy tristes por la noticia; queríamos mucho al bisabuelo Bonifacio, al que todos llamábamos “Abuelo Boni”. Poco después de llegar a Torrevieja, mi tía Benita, hermana de mi madre, llamó a nuestra casa y pidió hablar con ella.

SEJO, IMPERDONABLE TRAICIÓN. Capítulo 4: UN DESEO AL 2003

Solo quedaban tres minutos y mi tío echó champagne en las copas a fin de tomarlo tras las campanadas. El reloj de la Puerta del Sol ya daba los cuartos, y comencé a prepararme para recibir al 2003 con ansias de madurar más y a ser posible cambiar la actitud de mi padre hacia mí, lo que no sería cosa fácil. Y por fin se fue el 2002 y nació el 2003, un año en el que tenía fe, esperanzas, ilusiones, sueños por cumplir. Nos dimos besos y abrazos entre todos. Aunque nadie dijo “Feliz año”, yo se lo desee de todo corazón a todos, y por supuesto para mí también. Miré la copa de champagne y me concentré para pedir un deseo al 2003: VOLVER A SABER DE SEJO. Tras desearlo con mi mente y corazón, me bebí el champagne, pero no todo, ya que deseaba seguir picando el salmón y otras delicias que mi familia había servido. Pero cuando terminé de cenar ni ganas tenía de sentarme a ver la tele. Tenía sueño atrasado y necesitaba dormir. Me fui a la cama y me pareció raro, porque llevaba días durmiendo entre la calle y el metro. Y desperté a la mañana siguiente con el ánimo más equilibrado, con nuevos bríos en mente y corazón, esperanzas e ilusiones en el 2003, año que recién había comenzado.

El tío Adolfo me preparó el desayuno mientras me levantaba y aseaba. Tras desayunar, me llevó a su taller de mármol, una gran superficie cercana a Leganés, donde hace ya varios años se alza el taller de Mármoles Cortés, en el que hace varios años trabajó mi padre.

Nos tiramos en el taller casi dos horas durante las que Adolfo intentaba apelar a mi conciencia, por así decirlo. Quería hacerme reaccionar, me decía que no podía seguir dando quebraderos de cabeza a mi padre, que siempre quedaba como víctima y al final según él y a los ojos de todos yo quedaba como el malo de la película, o como digo yo, como el villano de la telenovela, que viene a ser lo mismo.

Yo le decía a mi tío que ese año me esforzaría por ser mejor, por no darles a mis padres quebraderos de cabeza, lo que yo decía para que se quedara tranquilo, pues yo por dentro pensaba que era al revés, no era yo el que les daba quebraderos de cabeza, sino ellos a mí. Aunque no niego que algunas veces los haya causado, pues todos cometemos errores, y muchas veces cuando estamos en la adolescencia -y a veces más allá de la adolescencia-, nos volvemos en contra de nuestros padres de una manera exagerada y eso es lo que me pasó a mí. Pero no era el único, lo sé. Eso quizá me consuela un poco.

A mediodía regresamos a casa y pude conversar un poco con mi prima Lucía.

LUCÍA: Qué pena que hayas dejado de ser Testigo. Con lo bien que lo pasamos en verano con los hermanos, ¿no echas de menos la congregación?.

YO: A veces.

LUCÍA: Tú sabes que si te lo propones puedes volver…

YO: Ya lo sé…

Las últimas palabras de mi prima me hicieron pensar mucho. Poco después, supe por el tío Adolfo que mi padre estaba de camino para venir a recogerme y me alegré, pues había decidido no negarme a regresar a Torrevieja. No tenía otra opción, de todas maneras.

Sejo, Imperdonable Traición. Capítulo 3: EL DESEO DE UN FIN DE AÑO

Aquella mañana me la pasé durmiendo en los trenes y recorriendo varias líneas de metro como ya había hecho semanas antes, el día que conocí a Sejo por el Chat. Yo seguía preguntándome que había sido de él, porqué me había plantado. Me juré averiguarlo cuando pudiera. Pensaba también en que si mi prima Silvia hubiera estado allí en Madrid, yo no estaría en la calle. La echaba de menos. Extrañaba sobremanera nuestras confidencias y demás cotorreos varios sobre cualquier tema.

Ese día yo estaba deseando que se acabara. Sobre todo, quería que se acabara cuanto antes 2002. De un lado a otro anduve y me vi en serios apuros el día 31, cuando los vecinos descubrieron que yo estaba en la buhardilla y me dijeron que debía irme de allí, pues ese no era sitio para quedarme. No quise hacer caso y amenazaron con llamar a la policía. Pero fue Virginia Almendro -la vecina del tercero-, la que llamó, no a la policía sino a mi padre. Me hizo entrar a su casa pacíficamente y habló conmigo. No podía quedarme allí, claro que no, lo que repitió Dámaso Ríos, el esposo de Virginia, que era farmacéutico.

Mi padre llamó a toda la familia para que alguien me recogiera en su casa unos días. Pero casi nadie estaba en Madrid. Solo mi tía Rufina -hermana de mi abuela Juani-, que no podría hacer nada pese a estar en el hospital junto a mi bisabuelo Bonifacio, que estaba ingresado de gravedad. Los médicos no daban casi esperanzas de que pudiera vivir por mucho tiempo más.

Mi padre llamó a casa de Virginia para decirle que mis tíos de Leganés me acogerían en su casa. Dámaso, su esposo, me llevó en coche a la Puerta de Toledo, pues estaba lloviendo a cántaros. Allá me recogerían, pero yo aún no sabía quien vendría, pues no me habían dicho nombres. Mi primo Justino Cortés no tardó en llegar. Justino era hijo de Adolfo, un tío de mi padre. Justino iba fumando, cosa que me pareció extraña, pese a saber que recién le habían expulsado de los Testigos de Jehová. Desconocía la razón y la desconozco, pero no tiene importancia. Cuando llegamos a Zarzaquemada, en Leganés, mi tío Adolfo y mi tía Valentina me recibieron contentos de verme, lo mismo que mi prima Lucía.

Faltaban pocos minutos para las doce campanadas. En el camino se me había ido casi media hora y llegaba el momento en que el deseo que había formulado se haría realidad: ya tocaba a su fin el 2002, en el que había llorado y reído -más lágrimas que sonrisas por desgracia-, me había divertido y había sufrido. En fin, un año de sonrisas y lágrimas.

Ayudé a mi tío y a mi primo a poner la mesa, que ya estaba casi servida. Cinco minutos después nos dispusimos a cenar, faltando tan solo diez minutos para que sonaran las tradicionales doce campanadas.

Di gracias a Dios mentalmente por no haber tenido que pasar el fin de año en la calle. Hubiera sido terrible.

El tío Adolfo llamó a mi padre para tranquilizarle, diciéndole que ya estaba bajo su techo, lo que alivió a mi madre, quien pensó que debían ir a recogerme a Madrid, lo que yo no supe en ese momento.

Sejo, Imperdonable Traición. Capítulo 2: FEDE

Yo vi como un joven entraba en el pub. Nuestras miradas se cruzaron y supe que algo estaba a punto de pasar. Él se dirigió a la barra y se pidió un cubata. No dejaba de mirarme, ni yo a él. Cuando me despisté un momento, pensé que le había perdido de vista, pero le vi cuando me preguntó si podía sentarse a mi lado, en la mesa donde yo estaba. Le dije que sí. Se quitó su anorak de color blanco con una raya roja en medio. No tardamos en comenzar a hablar. Me preguntó mi nombre y se presentó como Fede(apócope de Federico). Me gustó desde el primer momento. Yo a él también. No podíamos dejar de mirarnos. Fue todo muy rápido, pero bonito a la vez. Comenzamos a besarnos y a la media hora me pidió salir.

FEDE: Te dejo que lo pienses, si quieres.

YO: Vale, ahora te digo algo.

No lo pensé mucho y a los pocos minutos, acepté ser su novio. Salimos del Priscilla agarrados de la mano, mirándonos con ternura. Me estaba enamorando muy rápido, de una manera acelerada, pero era amor y eso nadie hubiera podido negarlo. Al día siguiente, yo estaba pletórico y esa felicidad se me notaba en la mirada, como dice la canción: “Se te nota en la mirada que vives enamorada”. Era muy bonito volver a tener novio. Alguien con quien compartir tu día a día, poco a poco. Estaba como en una nube. Nos vimos esa tarde y tomamos chocolate con churros en el Café Figueroa, situado en Chueca. Al día siguiente, también nos vimos y me regaló un christmas con una bonita dedicatoria. Esa noche le escribí yo unas palabras también. Le dí la carta el día 24, Nochebuena, que no podríamos celebrar juntos, por razones obvias, él con su familia y yo en casa de mis padres sin celebración por ser Testigos de Jehová, por lo que yo sufría. El miércoles 25 de diciembre no pudimos vernos, pues mi familia y yo estábamos invitados a comer en casa de la hermana de mi padre, donde pasamos parte de la tarde.

Nos echábamos mucho de menos. Al día siguiente, nos vimos y me llevó a su casa, cercana a la estación de Metro de Eugenia de Montijo. Al principio estábamos solos en su casa. Nos tumbamos en la cama y comenzamos a besarnos. Cuando iba a quitarle el jersey, le dieron ganas de entrar al baño y gracias a eso su padre no nos pilló en el tema, pues llegó en el momento en que salía del baño. Entonces me presentó a su padre, Basilio Bermúdez como a un amigo, pues sus padres no sabían de su homosexualidad. Me quedé a cuadro cuando Fede me dijo que su padre era comisario de policía. Al poco rato llegó su madre, Cruz Pozuelo, a quien me presentó. Esta se mostró más amable que su esposo. Fede me mosqueó cuando le dijo a su madre que yo era un compañero de la universidad, para evitar decirle que yo ni estudiaba ni trabajaba.

Al día siguiente, mis padres regresaron a Torrevieja y se repitió la historia: no me dejaron las llaves, por lo que me quedé en la buhardilla. Si regresaba a Torrevieja corría el riesgo de perder a Federico. Era algo que no deseaba. Ese día comí algo de lo que me había dejado mi madre, un bocadillo de chorizo y algo más de lo que no me acuerdo. A eso de las siete de la tarde me fui a Eugenia de Montijo; y al salir del Metro llamé a Fede desde una cabina. Me dijo que no estaba en casa, pues había salido con amigos.

FEDE: Cariño, de todas maneras espérame en mi casa.

YO: Vale.

Me dio a entender que estaríamos solos, por lo que a las nueve fui a la casa, pero no contestaba nadie. Aún no había llegado. Me quedé por los alrededores de su portal y pocos minutos después vi llegar a su madre, doña Cruz, quien me informó de que se iban de fin de semana para pasar el Fin de Año, lo que me extrañó mucho, pues mi novio no me había dicho nada de eso. Esperé un buen rato en la calle a que Fede llegara y volví a llamar al timbre, pero quien me abrió fue su madre, diciendo que él no estaba y empujándome al interior de la casa, donde me dijo que ya sabía todo sobre mí.

CRUZ: No tienes que seguir fingiendo que solo eres amigo de mi hijo cuando sé perfectamente y por desgracia que eres su novio, situación que no voy a permitir por más tiempo, muerto de hambre. Eres un maricón de mierda, ¿qué quieres tú con mi hijo?

YO: Yo le quiero, deseo seguir con él.

CRUZ: Pues tendrás que olvidarte de él, porque mi hijo no es un maricón. Está confundido y muy ciego tiene que estar para haberse fijado en ti que a simple vista se ve que eres un mariconazo. Si mi hijo es gay, que lo sea pero no le voy a permitir que esté con alguien tan vulgar y tan poca cosa como tú, sino con alguien de su clase.

Era evidente, se sentían superiores por ser su marido comisario de policía. Para colmo, llegó el padre, que no dudó en advertirme que dejara a su hijo pues de lo contrario me haría la vida imposible.

YO: No pienso irme de esta casa hasta que venga Fede y aclaremos esta situación cara a cara.

BASILIO: Mira, chaval, como no te vayas de aquí ya mismo, te juro que te mato tirándote a las vías del Metro como no dejes en paz a mi hijo, ¿está claro?

YO: Sí, despreocúpese que después de esto jamás volveré a ver a su querido hijo.

Me fui corriendo, muerto de miedo por tremenda amenaza. Cruz salió corriendo detrás de mí para asegurarse de que en verdad me iba y quería acompañarme al Metro y me agarró del brazo, pero le juré que no volvería jamás por allí, me iba por mí mismo. Eché a correr velozmente y llegué a una cabina, desde donde llamé a ese malnacido por no haberse presentado en la casa. Me respondió que jamás quería volver a saber de mí, tras de lo cual le llamé de todo y colgué, maldiciendo el haberle conocido.

Me fui corriendo, llorando por lo que había pasado. ¿Cómo era posible?, ¿cómo había tenido que pasar por una situación así? Era espantoso. Quería desaparecer. Me arrepentí entonces de no haberme regresado a Torrevieja y comencé a angustiarme pensando qué sería de mí desde aquel entonces. Me fui a La Latina completamente derrotado y abatido. Llamé a mi prima Silvia, pero en su casa no estaba. Y es que se encontraba fuera de Madrid. Pensé que debía estar en el pueblo de Heliodoro celebrando las fiestas.

Yo estaba muy cansado. Había caminado por horas ese día, por lo que me fui a dormir bajo el Viaducto de Segovia, donde vi un colchón viejo y sucio en el que me acosté. Olía fatal, pero no tenía otra opción. Necesitaba descansar aunque conciliar el sueño no fue nada fácil. Lloré mi desdicha por largo rato recordando ese gran dolor que sentía por lo mal que me había tratado la madre de Fede, al que maldije y juré que el amor que sentía por él estaba muerto. Solo podía sentir desprecio, rencor y el odio más profundo hacia él.

Al día siguiente, me desperté destapado. Alguien había dormido a mi lado y yo ni cuenta me di. Lo supe porque el reloj que llevaba la noche anterior me lo habían robado, pues busqué entre mis cosas y no lo hallé. Me dio bastante rabia, pues se trataba del reloj que me regalaron mis padres cuando me bauticé el 9 de abril de 2000 como Testigo de Jehová.

Me fui del Viaducto de Segovia hasta el portal de nuestra casa con la esperanza de que algún vecino me abriera, porque para colmo también me había desaparecido la llave del portal.

Ese día, tras cambiarme de ropa en la buhardilla, me fui a un cyber de Chueca, prometiendo saldar la deuda lo más pronto posible. En el chat, un señor al que no conocía de nada me propuso sexo a cambio de pagarme 30 €, que no es nada, pero para mí después de lo vivido la noche anterior sería una bendición entre tanta desdicha. Y me prostituí. Sí, he de reconocerlo. Ese señor menos mal que no quiso penetración, pues hubiera sido un apuro, ya que ninguno de los dos llevaba preservativo. Decía llamarse Alfredo. Tras terminar, salimos de la Sauna Men, situada en la calle Pelayo y nos despedimos tras cobrar yo los 30 € acordados. Luego cada cual se fue por su lado. Yo me fui directo a una tienda para cambiar en monedas, pues quería llamar a Fede por teléfono para reprocharle el daño que me había hecho. Me cogió el teléfono furioso y al oír mi voz me llamó de todo: hijo de puta, maricón de mierda y soltó maldiciones como “ojalá te mueras” y “que te jodan, puto maricón”. El alma se me cayó al suelo. No podía más; me sentía incapaz de resistir tanto dolor, tanta angustia. El corazón me dolió al oír semejantes deseos de parte de aquel que días antes era mi novio. Por esto, quise olvidarle; arrancarlo de mi corazón, y no fue nada fácil porque una semana antes en el pub Priscilla se me declaró y me pidió salir. Pero debía olvidarlo. Rompí el christmas en pedazos, llorando a mares, bien cierto es, pero me quedé muy tranquilo al deshacerme de lo que me había regalado. Me fui a comer a un restaurante chino, pensando en lo que podría hacer para no volver a dormir en la calle.

Por suerte encontré las llaves del portal. Las tenía encima, en uno de los bolsillos de la chaqueta vaquera, pero no me había dado cuenta hasta que fui a pagar la comida. Pensé en pasar esos días en la buhardilla. No tenía otra opción. Esa noche me fui a la discoteca MITO. Bailé durante toda la noche. Me olvidaba por momentos de lo que estaba viviendo. Quise pensar que todo era un sueño, pero era la cruda realidad. Más aún me di cuenta cuando salí de la discoteca a las siete de la mañana. Cómo no iba a darme cuenta si no tenía siquiera donde recostar la cabeza. Horrible. Era horrible. Era una sensación que no quería haber experimentado nunca pero que yo mismo me había buscado, por mucho que le quisiera echar la culpa a mi padre. Tenía que reconocer que en parte era culpa mía. Estaba empezando a arrepentirme de haber dejado de pertenecer a la religión de mis padres, que eran Testigos de Jehová y lo siguen siendo.

Sejo, Imperdonable Traición. Capítulo 1: NOCHES DE INCERTIDUMBRE

Yo quería libertad. Independencia. Sin más rodeos, quería hacer lo que me diera la real gana. Y lo hice. Pero las consecuencias no fueron para nada halagüeñas.

Corría el año 2002 y a punto de terminar estaba. Por unos siete días sólo quedaba un mes para que finalizara un año que jamás podré olvidar. Era el año en que conocí a mi primer novio, pero ya eso había pasado y quería olvidarlo. Quería desterrar de mi mente, de mi corazón y de mi alma los malos recuerdos vividos meses atrás.

Era día 6 de diciembre de 2002 y mis padres estaban preparando el regreso a Torrevieja, donde después de todo ahora vivo. Yo no me quería ir de Madrid. Quería quedarme. Y aquí comienza la historia de lo que pasó. Aunque antes de todo, presentaré a mi familia, incluido yo mismo, claro está.

Yo me llamo Benjamín Cortés Martínez. Soy castaño y tengo los ojos del mismo color. No soy ni muy alto ni muy bajo, vamos, que soy normal; mido 1,71; peso unos 60 ó 63 kilos, es decir, estoy delgado pero no esquelético; vamos, que estoy bien, eso dicen. Familiares y amigos siempre me han llamado Benja, y a mí me gusta más que Benjamín, que me suena como muy serio.

No quería irme de Madrid. Solo de pensar en regresar a Torrevieja me ponía malo. No podía con esa idea. Tenía que quedarme. Era una idea que me rondaba por la cabeza. Le quité las llaves a mi madre, que se llama Primavera, pero todos la llaman Vera para acortarlo, a pesar de que su nombre es precioso y peculiar.

Se las cogí. Salí de casa. Me fui derecho a Tirso de Molina, donde hay un sitio para hacer copias de llaves y fui a hacerlas. Pero al regresar, la que me montaron en casa fue de campeonato. Mi padre, que se llama Tasio Cortés y de tonto no tiene un pelo, se percató de que las llaves de mi madre no estaban en su lugar y me empezó a gritar que se las devolviera de inmediato.

Perdí esa batalla, pues no tuve más remedio que devolver las llaves sin hacer copia, pues me mandaron al sitio al que había ido para recogerlas sin cumplir mi plan.

Ese día de veras fue borrascoso. Después de aguantar el sermón de mi padre, tuve que escuchar a mi hermana Marta, tres años menor que yo, diciéndome que como no dejara de hacer sufrir a mis padres me las vería con ella. Me resbaló aquello que me dijo y me reí de ella en su misma cara. “Qué miedo me das”, respondí con sarcasmo a su advertencia.

Pero me salí con la mía. Me quedé en Madrid, aunque la única llave que me dieron fue la del portal para dejar mis cosas junto a las buhardillas del séptimo piso. Ese día lo pasé en la calle, pensando en la manera de conseguir dinero como fuera. Pero tenía que inventarme algo para hacerles creer a todos que mi padre me había dejado tirado allí. Me inventé que mi padre me había mentido diciéndome que había ingresado dinero para que me quedara en una pensión pero que cuando fui al banco no había nada. Eso fue un plan trazado para dar lástima a mis ligues.

Al caer la noche, me fui a la buhardilla a dormir pero no pude pegar ojo, pues era muy incómodo, por lo que me fui a mi discoteca favorita de Chueca, MITO. Allí me tiré toda la noche bailando. A las siete de la mañana, me fui al metro y allí recorrí varias líneas durmiendo en los trenes. No tenía otra opción. Pero yo me lo había buscado. Era lo que había pedido: quedarme en Madrid, pues allí estaba. Comí algo de lo que tenía en la mochila y me quedé satisfecho. Me fui a Chueca. Tenía ganas de chatear gratis, y por todo el morro me fui a un cyber en el que me puse a chatear desde las cuatro de la tarde. En el chat de Chueca, rápido comencé una amena conversación con un chico que decía llamarse Sergio y aseguraba tener 18 años. Hablamos por largo rato y nos caímos bien, pero después se desconectó y nunca más volví a saber nada más de él. Después, a eso de las 18.30, un nick llamó poderosamente mi atención: Estabilidad-17. Pinché para iniciar un privado con tal persona, que me contestó rápidamente. En pocos minutos, iniciamos una animada conversación y después nos preguntamos los nombres y le dije que me llamaba Benjamín, pero que prefería que me llamase Benja. Él me contestó que se llamaba Jose pero que todos le llamaban Sejo, por lo que yo le llamé así también. Luego nos describimos físicamente. Él se describió así: “1,77. Alto, moreno, ojos marrones, delgado”. Yo me describí de esta manera: “1,70, castaño, delgado, ojos castaños. Ni guapo ni feo, normal”. Sejo me dijo que se veía de igual manera y escribí “Ya somos dos”. Me dio muy buena impresión. Cuando le conté lo que supuestamente me había hecho mi padre dejándome tirado en Madrid, Sejo no daba crédito a lo que leía. Pero no era todo mentira. En cierto modo, mi familia sí me había dejado tirado en Madrid, porque teniendo un piso deberían haberme dejado una copia de las llaves, pero no fue así.

Sejo me prometió que me ayudaría a vengarme de mi padre y quedamos en vernos el miércoles de la siguiente semana, 11 de diciembre de 2002.

Cuando salí del chat, tuve la sensación de que había conocido a alguien que cambiaría mi vida. Y no estaba en absoluto equivocado. Esa noche tuve una gran idea: ir a casa de mi prima Silvia Perales, para decirle que mi padre me había dejado tirado allí sin llaves.

Fui a la buhardilla a recoger algunas de mis pertenencias y cogí el metro. Hice transbordo en Oporto, y cogí dirección Opañel, donde me apeé. Al llegar a casa de mi prima, ella me abrió por el telefonillo y me recibió con sorpresa. Heliodoro Albertán era el esposo de mi prima, que no se opuso a que yo me quedara a dormir en la casa, lo que yo agradecí. Al día siguiente decidiríamos que hacer. Dormí tranquilo y sereno aquella fría noche de invierno. Di gracias a Dios por lo buena persona que era mi prima, que estaba indignada a causa de la actitud de mi padre hacia mí.

Al día siguiente, hablé con mi prima largo y tendido sobre lo sucedido y me dijo que recogiera todas las cosas que tuviera en la buhardilla y las llevara a su casa. “Tú te quedas aquí”, me dijo. “No voy a dejar que te quedes en la calle”, añadió. Hice tal y como me dijo y llegué a su casa con mis bártulos. Me instalé en la habitación en la que ya había descansado esa noche. Y no había sido la primera vez. Pero eso ya es otra historia.

Mi prima le contó a su madre, Prudencia, que yo estaba en su casa, pues mi padre no se había dignado a dejarme las llaves del piso de La Latina, lo que a mi tía pareció muy fuerte.

PRUDENCIA: Pues has hecho bien llevándole a casa.

SILVIA: Es que si yo no lo hago, nadie lo hace. Recuerda que hace unos meses, llamó a toda la familia para que nadie le diera cobijo en su casa.

PRUDENCIA: Parece mentira que sean lo que son sus padres. Sobre todo el padre, porque yo sé que Primavera no es mala madre.

Mi prima no comprendía cómo mi padre siendo Testigo de Jehová me trataba de tal manera. Ella lo había sido y aún lo era, pero ya no iba a las reuniones, pues su marido no era muy amigo de que fuera y a ella le daba igual perdérselas con tal de no enfadarle.

El miércoles llegó y Sejo no apareció en la cita. Pensé que era yo el que le había plantado, puesto que llegué un poco tarde. Me fui a casa completamente desanimado.

Mi padre llegó a Madrid para llevarme de vuelta a Torrevieja, pero no le fue fácil. Descubrí que estaba allí cuando por casualidad fui a recoger unas bolsas que se me habían olvidado en la buhardilla. Pero no había venido solo, sino que le acompañaba quien por aquel entonces era su amigo del alma, por lo que se veía, pues estaban siempre con mi familia para un lado y para otro. Era también porque Junio Martín, que así se llamaba el que por aquel tiempo fue tan amigo de mi padre, era el padrastro de la mejor amiga de mi hermana Marta por aquel entonces, una bella joven de nombre Belinda Segovia, más conocida como Beli. Eran amigas desde que se conocieron en Torrevieja en el año 2000.

Mi padre me acusó delante de los vecinos de haberle robado dinero a la señora de la limpieza porque le había desaparecido dinero del monedero. No se cortó. Cuando se lo conté a mi prima, ésta se enfureció. Pensaba que mi padre cada día era peor persona. Decía que ella me daba lo que necesitara si estaba en su mano dármelo; que no tenía necesidad ninguna de robar. Heliodoro, su esposo, pensaba que mi padre no era buen cristiano, que se estaba pasando muchísimo conmigo. Mi prima Silvia era de la opinión que había que enfrentarse a él, pero Heliodoro dijo que eso sería mucho peor.

SILVIA: Te aconsejo que te vayas a ver si te da las llaves de La Latina.

YO: Tienes razón. A ver si de buenas maneras podemos llegar a un acuerdo.

Fui a casa y me quedé a dormir, pues Junio le dijo a mi padre que había que solucionar las cosas y él aceptó, aunque no muy dispuesto.Pero Junio planeaba otra cosa. Quería convencerme de que me volviera a Torrevieja con mis padres y desistiera de la idea de quedarme allí en Madrid. E intentó hacerlo. Aprovechó que mi padre le había dejado solo conmigo para que intentara convencerme. Pero yo tenia la idea muy metida en la cabeza y me horrorizaba regresar a Torrevieja. No quería volver. Me inventé que ese día me iría a casa de un amigo, pero en cuanto se fueron rumbo a Torrevieja, yo no dudé en regresar a casa de Silvia, que llamó a mi padre para decirle que yo estaba en su casa, culpándole de lo que me estaba pasando.Como llevaban poco de camino, dieron marcha atrás. Emprendieron el regreso de Madrid con la idea de obligarme a regresar al pueblo que tanto odiaba. Pero era más que eso. Querían llevarme a la fuerza a Torrevieja.

Mi prima me dijo llorando que venían a por mí, dispuestos a llamar a la policía en caso de que yo no accediera a irme por las buenas de regreso a Torrevieja.

Tras media hora de espera, Junio y mi padre llegaron. Su querido amigo vino hacia mí. Me agarró del cuello y me amenazó con hacerme mucho daño si no dejaba, según él, de hacerles daño a mis padres. Mi padre presenció la escena con gesto frío como el hielo, mirándome con severidad, implacable, sin impedir la agresión. Acto seguido, llamó al telefonillo de mi prima. Heliodoro abrió el portal y bajando las escaleras, exigió a Junio una explicación por haberme agarrado del cuello: “No me lo puedes negar, porque tanto mi esposa como yo lo hemos visto por la ventana y ya salíamos a defenderle cuando habéis tocado el timbre”. Mi padre se hizo la víctima ese día y a más no poder. Mi prima Silvia salió a defenderme cuando le oyó gritar.

SILVIA: Tasio, deberías aceptar a tu hijo como es en vez de tratarle mal. Un Testigo no trata así a un hijo…

TASIO: Yo no le trato mal, Silvia, guapa. Es él, que no cesa en su empeño de hacernos sufrir.

Total, que en resumidas cuentas, por mucho que mi prima me defendiera, él tenía que llevar la razón y me puso como el malo de la película. Nos despedimos de mi prima y su marido, tras de lo cual Junio me empujó con fuerza y me metió en el coche tirándome en el asiento trasero. Fue humillante, me sentí como si fuera una mierda en aquellos momentos. Mi padre metió mis pertenencias en el maletero. Se habían salido con la suya. Me llevaron obligado de regreso a Torrevieja. Lloré lágrimas amargas que de nada me sirvieron sino para que de tanto llorar, me provocaron una espantosa migraña. Mi madre se alegró mucho al oír que yo regresaba cuando en carretera, Junio se lo comunicó por teléfono. Por lo que pude percibir, María Eusebia Segovia -la esposa de Junio y madre de Belinda-, también se alegró de que me llevaran de regreso, pues eso significaba que mis padres estarían tranquilos al estar yo de regreso en mi odiada Torrevieja. A mi hermana le resbalaba que yo regresara o no. Estaba harta de verme ir y venir de Madrid. Al regresar a ese maldito pueblo, tuve una bronca monumental con mi señor padre, que me pegó de guantazos por haberle puesto en evidencia delante de mi querida prima Silvia y su esposo, a quien había conocido ese día en persona, pues no estuvo presente ni en su boda el 15 de diciembre de 2001 en el lujoso Hotel Ritz de Madrid.

Al día siguiente, fui a ver a mis abuelos Florencio y Juanita, más conocida familiarmente como La Juani. Se alegraron mucho de verme de nuevo allí. Mi abuela intentaba que me quitara de la cabeza la idea de trabajar en Madrid.

JUANI: Hijo, búscate un trabajito aquí.

YO: Ay abuela, odio Torrevieja, no quiero trabajar aquí.

JUANI: Ya veo que no te entra en la cabeza que para tus padres, sobre todo para tu pobre madre que tanto te quiere, es un trastorno que estés continuamente yendo y viniendo de Madrid.

Las palabras de mi abuela me hicieron pensar un poco. Pero era muy testarudo y cabezón. Lo que yo quisiera era lo que estaba dispuesto a hacer. Me salí con la mía como tantas otras veces cuando mis padres decidieron ir a Madrid el fin de semana siguiente. Mi plan era volver a quedarme allí. Ellos, por su parte, tenían pensado pasar unos días antes de fin de año. El día 21 de diciembre era sábado y llegamos a Madrid a eso de las ocho de la tarde. Se nos hicieron las nueve subiendo las maletas a casa y buscando aparcamiento en nuestro barrio, La Latina, que es algo para lo que se precisa tener mucha paciencia. Mi padre nos preguntó dónde queríamos ir a cenar. Mi hermanito pequeño, Pablo, no tardó en pedir que fuéramos a McDonald´s, para variar. Siempre quería McDonald´s, pero Marta y yo queríamos pizza, por lo que mi hermana y mi padre se fueron a Telepizza a coger la oferta de 2×1 y a McDonald´s para traerle el Happy Meal a Pablito.

Yo me quedé en casa con mi madre pensando que esa noche sin lugar a dudas iría a Chueca. Tenía ganas de salir por allí, aunque fuera solo, por lo que después de cenar me duché y me vestí para irme. Salí de casa a eso de las once de la noche, con lo que mi madre no estaba muy de acuerdo, pero igual salí.

Llegué a Chueca nervioso. No sabía lo que allí me esperaba. Desde la Plaza de Chueca subí por la calle Augusto Figueroa, y en una esquina de la calle San Marcos había un pub que llamó mi atención; era el pub Priscilla, del que tenía una tarjeta para tomar gratis un chupito y no dudé en entrar. En el pub había poca gente. El chupito me lo tomé de un trago como es lo normal y bailé un poco, solo, deseando que ojalá conociera a alguien especial y así estar acompañado. Cuando terminó de sonar la canción Estrella de mar de Amaral, me fui a sentar a un taburete, que había frente a una mesa. Esa noche comenzó siendo de incertidumbre, pero no fue tal. Ocurrió algo que lo cambió todo.

SEJO, IMPERDONABLE TRAICIÓN – PRÓLOGO

PRÓLOGO

“DICTADOS DEL CORAZÓN”

Esta es la primera novela que escribo basada en hechos reales. Ha transcurrido bastante tiempo desde que sucedió lo que voy a escribir, pero espero poder quedar tranquilo al fin al escribirlo. Llevo esta historia en el corazón. Es parte de mi vida, por lo que escribiré por primera vez en primera persona. Escribiré desde el corazón. Él me guiará. Él me dictará lo que voy a escribir durante los próximos meses. No me importa cuánto tiempo me lleve. Por razones obvias, la gran mayoría de los nombres han sido cambiados. Quiero hacerlo. Ahora es el tiempo. Voy a seguir los dictados de mi corazón. Quiero hacerlo bien. Todo cuánto contaré será real. En esta historia la ficción sólo será de un mínimo porcentaje. Todo lo que contaré será tan real como la vida misma; un canto a un tiempo feliz, una esperanza que aún llevo en el corazón y que yo mismo escribiré para desnudar mi alma.

Desnudar el alma y el corazón, poético suena,

mas es así; dictados del corazón seguiré

y la verdad relataré.

Es la historia de un amor singular,

un amor sin par.

Sejo… Ese nombre quizá suene poco común, claro, pues él es único. Sejo, fue único. Como pista transcribo a continuación un poema que yo envié vía SMS, sin respuesta, lo sé, mas con un amor puro que en mi corazón he logrado quebrar, aunque todavía duele…

“Nací para conocerte y amarte;

y moriré por tu amor,

por no poder tenerte junto a mí

a  consecuencia de una traición”.

¿Qué traición?. Esto lo descubrirá el lector. Esta historia la llevo en el interior. Hay quienes la conocen, pero no completa. Pero ahora quiero hacerlo. Quiero tener valor. Quiero matar esos fantasmas del pasado que me hacen dudar y por fin caminar con paso firme a la verdad. Por eso hoy día 10 de agosto de 2005 quiero comenzar a escribir esta historia.

Las fechas serán reales, según la cronología en que ocurrió todo.

Nada se esconderá. Nada se me puede escapar.

Desnudaré mi alma, mi corazón.

Seguiré los dictados del corazón.

DÉCIMO ANIVERSARIO DE LA PUBLICACIÓN DE “SEJO, IMPERDONABLE TRAICIÓN”

https://objetivotorrevieja.wordpress.com/2011/05/18/un-joven-torrevejense-publica-sejo-un-libro-sobre-la-homofobia-religiosa-hacia-la-homosexualidad/

El 4 de abril de 2011 veía la luz publicada una de mis novelas más especiales para mí, y esa fue una de las notas que se escribieron sobre ella. Desde la presente semana, colgaré los primeros capítulos de dicha novela, eso sí, con los nombres cambiados, como debió ser en un primer momento.

PACTO DE AMOR

Las vidas de Dámaris Monteblanco y Rubén Bustamante, dos argentinos que emigran a España por decisión de sus familias, se cruzan irremediablemente una noche de fiesta en Madrid, ignorando que sus dos familias están enfrentadas debido a rencillas del pasado. Cuando esa misma noche se descubre tal guerra entre clanes, Dámaris y Rubén se juran un pacto de amor, jurando que lucharán contra viento y marea por defender su amor recién nacido. No lo tendrán fácil, pues además de la guerra entre sus familias, que conllevará a Rubén verse obligado a abandonar la casa familiar, deberán enfrentarse a la iniquidad de un joven llamado Andrés David Villanueva, que se interpone entre la amistad estrecha que ha surgido entre su hermano Ismael y Aquiles Bustamante, uno de los hermanos de Rubén, quien se ve involucrado en un trágico incidente acaecido en un hostal regentado por Tabita, una bella pero perversa joven que se convierte en aliada de Andrés David. Juntos amenazarán seriamente el cumplimiento del pacto de amor…

En papel:

https://www.lulu.com/en/en/shop/alberto-castaño/pacto-de-amor/paperback/product-16y54ree.html

Ebook:

https://www.lulu.com/en/en/shop/alberto-castaño/pacto-de-amor/ebook/product-22956852.html

SEJO, IMPERDONABLE TRAICIÓN

Esta novela cuenta la historia de un joven que a veces se denomina como Gato por lo independiente que es.  Se llama Benjamín Cortés. Vive en Torrevieja desde hace pocos años pero es de Madrid- ha renunciado a su religión de toda la vida (era Testigo de Jehová) por vivir su vida libremente. Conoce a Sejo, por Internet, pasando por múltiples pruebas y penurias (entre las cuales está el maltrato psicológico al que le somete su malvado padre por ser un “expulsado” de su religión). Con Sejo forja una amistad de la cual, nace un amor sincero –mas por parte del ex Testigo que del propio Sejo- La situación en casa de sus padres se hace insoportable y Benjamín no tiene más remedio que marcharse a Madrid, donde su prima Silvia lo acoge en su casa; un día después conoce a Sejo en persona y confirma lo que ya sospechaba hablando por Internet: se ha enamorado perdidamente de Sejo. Por desgracia más tarde se convertirá en la obsesión de Benjamín, lo que va desencadenando una pelea tras otra entre ambos, hasta que más tarde… se convierte en una imperdonable traición… Después, Benjamín nunca vuelve a ser el mismo, y harto ya de tantos desengaños –entre los cuales está el “apoyo” de Alonso, quien a pesar de saber que Benja solo tiene ojos para Sejo tiene la esperanza de que le olvide algún día por no ser correspondido-, decide volver a ser Testigo, cosa que no le resultará facil (pues entonces se enfrenta a una decisión trascendental: dejar de ser gay.) ¿Lo logrará, o estará intentando con ello renunciar a su propio yo como si la homosexualidad fuera algo que se aprende cuando él siempre supo lo que era?

VERSIÓN ORIGINAL (EN SCRIBD) :

https://es.scribd.com/document/457429559/Sejo-Imperdonable-Traicion-Version-Original

PRÓXIMAMENTE, SERÁ REEDITADA EN AMAZON