SEJO, IMPERDONABLE TRAICIÓN. Capítulo 7: VUELVO A SABER DE SEJO.

Pasé el día de Reyes comiendo en casa de mis abuelos, que se alegraron mucho de que estuviera de nuevo en Torrevieja. Mi abuelo me dijo que si quería independizarme lo primero de todo tenía que tener un trabajo, por lo que les prometí que lo buscaría. Mi padre dijo que no quería un vago en casa, por lo que mi madre me defendió, diciendo que tenía que descansar, pues había pasado varias noches sin dormir. Si había algo que a mi padre le reventara, era que mi madre me defendiera siempre de sus ataques y paranoias verbales, que, en la mayoría de las ocasiones, acababan en discusiones que hacían mucho daño a la familia. Pero la cosa subía mucho más de tono si era la abuela la que me defendía. Entonces sí que no había quien le aguantara. Porque ahí sí que el papel de víctima no le vale, pues mi abuela le conocía muy bien y muchas veces se quejaba de que su hija tuviera que soportar a un hombre así.

Al día siguiente, me fui a chatear a la Biblioteca Municipal de Torrevieja, pues allí se podía usar Internet sin pagar una hora al día.

En el chat de Chueca conocí a un chico llamado Ricardo, que me cayó muy bien y tenía 18 años. Se describió así “alto, delgado, ojos marrones, ni muy guapo ni muy feo, normal, del montón”, dijo él. A mí me gustó que fuera tan sincero y yo me describí tal y como me había descrito cuando en ese mismo chat había conocido a Sejo. Por cierto, busqué su nick pero no le encontré, lo que me desanimó un poco. Pero para volver a saber de Sejo no tuvo que pasar mucho tiempo. El viernes 10 fui a un cyber de la calle Joaquín Chapaprieta y al abrir mi Messenger cuál fue mi sorpresa al encontrarme con Sejo, que pidió disculpas por haberme plantado, pues le dio corte lo de quedar para conocernos habiendo hablado tan sólo una vez por el chat. También se disculpó por no haberme avisado y es que tampoco sabía como localizarme para decirme que no iba a acudir a nuestra cita. Acepté sus disculpas, diciéndole que no pasaba nada, lo que agradeció. Se entristeció un poco al leer cómo me había visto obligado por las circunstancias a regresar a Torrevieja después de pasar tantas penurias en Madrid. Pero se sintió contento de haber vuelto a hablar conmigo, igual que yo, que se lo había pedido al 2003, y nueve días después de comenzar el año mi deseo se había cumplido.

Desde el día siguiente pasó casi un mes entero en el que yo sólo vivía para estar enganchado al Messenger, tanto hablando con Sejo como con Ricardo. Sejo y yo cada día nos caíamos mejor. Con Ricardo también congeniaba en muchas cosas, total, que nos estábamos haciendo muy amigos. Ricardo me caía muy bien. Era de Alcorcón, por él me hubiera ido de nuevo a Madrid, pero no quería volver a estar en la calle ni repetir las malas experiencias vividas dos veces en el mes de diciembre.

¿QUIERES SABER CÓMO CONTINÚA?

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