PACTO DE AMOR -CAPÍTULO 1

CAPÍTULO 1

Dámaris Monteblanco tenía una gran ilusión dentro de sí, que pronto, se prometió dar a conocer ante su gran familia. Ella era una joven adolescente de 19 años de cabello y ojos castaños claro; de siempre había sido una magnífica estudiante, que destacaba entre sus compañeros, aunque no considerada como la típica empollona por antonomasia. Nació en Buenos Aires, capital de la República Argentina, donde últimamente no se sentía muy segura viviendo, pese a la violencia, que cada día aumentaba más. No sólo por la violencia sino por la crisis política y económica que por aquel entonces atravesaba el país andino. La gran ilusión que tenía dentro de sí era ser fotógrafa, una profesión que le había encantado desde que tenía 11 años; su vocación fue más evidente aun cuando a esa edad hizo un magnífico reportaje en la boda de unos amigos de la familia, que al ver las fotos quedaron maravillados y hasta quisieron pagarles por el reportaje, pero ni Dámaris ni sus progenitores quisieron aceptarlo, pues era un regalo para los recién casados. Desde aquel momento, Dámaris decidió que lucharía por ser fotógrafa. Y estaba comenzando a cumplir su gran sueño, ya que sus padres habían decidido una semana atrás irse del país que había visto nacer a toda su descendencia. Los Monteblanco eran catorce en la casa. René Monteblanco era el patriarca, que había visto con gran orgullo y felicidad nacer y crecer a sus doce hijos, de quienes estaba muy orgulloso. Raquel Morenis era su feliz esposa, la matriarca del clan. Era una irreprochable mujer como esposa y madre, que amaba a sus doce hijos con toda el alma, a todos por igual. No tenía ningún favorito. Los hijos de René y Raquel se llamaban: Dámaris, América, Esmerdis, Tiziano, Ricky, Lisandro, Asahel, Víctor Elías, Lucas, Mateo, Isaías y Nino. Corría el año 2000, como corren todos los años, que se pasan volando. Y así era, pues ya era el mes de abril. El día 9, que caía en domingo, la familia Monteblanco visitó la ciudad de Rosario, una de las ciudades más cercanas a Buenos Aires. Y es que iban a darles la noticia de su mudanza a una gran amiga de la familia: África Villarreal, una joven de 24 años que tenía unos preciosos ojos verdes; África trabajaba como dependienta en una tienda de comestibles a media jornada; el resto de su tiempo lo dedicaba a escribir su primera novela, pues desde muy joven sintió la llamada de las letras y había sido desde siempre una apasionada de la literatura. Su gran sueño era publicar su novela y trabajar en la oficina de una prestigiosa editorial de su ciudad: Editorial Villarreal, que había sido presidida por sus tíos hacía muchos años. Al saber de la mudanza de los Monteblanco, les deseó suerte, asegurando que les echaría mucho de menos.

DÁMARIS: Pero bueno, si querés nos podemos escribir, amiga.

ÁFRICA: Es verdad, che, por correo electrónico, por carta o como sea, pero seguiremos en contacto. Nuestra amistad es para siempre.

DÁMARIS: Ni lo dudes, che.

RAQUEL: Para despedirnos, queremos cenar contigo esta noche. Mañana nos marchamos a España.

ÁFRICA: Por supuesto. Esta noche vamos a cenar al Restaurante “Peña Rocas”. Nos vemos allá, ¿okey?

RENÉ: Buena elección. Ciao, preciosa. Hasta la noche.

René era hombre de pocas palabras, lo que siempre se notaba en sus relaciones interpersonales.

            Mildred Vega era una bella joven de 24 años. Era la mejor amiga de Dámaris y su ilusión era estudiar Periodismo en España; su sueño no tardaría en hacerse realidad, pues en una semana viajaría a la capital española con sus hermanos Elio y Hércules, y con sus hermanas Veva, Scarlet y Topacio; se alojarían en casa de su prima Ámbar Vega, que vivía en el madrileño barrio de Oporto, cerca de la Plaza Elíptica. Los hermanos Vega eran huérfanos de padre desde hacía cuatro años en un accidente de tráfico en el que también fallecieron los padres de Ámbar y los abuelos de ambos. Fue una tragedia horrible, pero el tiempo pasó y lo fueron superando. Ahora era tiempo de que los hermanos Vega se reunieran con su prima y dejaran su casa de Buenos Aires.

Mildred recibió una llamada telefónica de su prima, quien le pidió que adelantaran el viaje, pues tenía muchas ganas de verlos, a lo que Mildred respondió que así sería, pues un año separados era mucho. Y es que, aunque los hermanos Vega amaban mucho su tierra argentina, les resultaba un poco difícil marcharse, pero sabían que era lo mejor para no sufrir, pues de seguir viviendo en aquella casa llena de recuerdos, podrían volver a deprimirse. La muerte de sus padres había sido traumática para el menor de ellos, el pequeño Hércules, que era muy rebelde y no hacía ningún caso a ninguno de sus hermanos, aunque con quien mejor se llevaba era con Elio. Ámbar Vega trabajaba como teleoperadora en MoviStar. Se quedó sola cuando murieron sus padres junto a los de sus primos, que eran la única familia que le quedaba. Elio Vega era un apasionado de la música, que se llevaba a las mil maravillas con Hércules, su hermano pequeño pese a que era un rebelde que parecía incorregible. Minutos más tarde, Mildred llamó a Ámbar de nuevo para informarle que estaba confirmado: adelantaban el viaje, lo que alegró mucho a su prima española.

La familia Monteblanco dio un largo paseo por la ciudad de Rosario. A las nueve de la noche llegaron al Restaurante “Peña Rocas”, donde habían quedado con África Villarreal, que tardó cinco minutos en llegar al lugar. Cuando ya estaban todos, se sentaron a la mesa para quince que habían reservado. La cena transcurrió tranquila y agradable. La escritora les aseguró que cuando visitara Madrid les avisaría sin lugar a dudas.

Elio comentó con Scarlet la posibilidad de presentar su maqueta en una discográfica, lo que a Scarlet pareció muy buena idea, ya que su hermano tenía una buena voz para cantar. No le cabía duda de que podría llegar a ser muy famoso por sus canciones, ya que también componía.

            Scarlet estaba muy unida a la familia Monteblanco desde que, hacía ya cuatro años, era novia de uno de los hijos varones de René, el apuesto Mateo, con quien se había comprometido en enero de ese mismo año; estaban tan enamorados como el primer día. Ella misma puso fecha de boda: el 15 de agosto de 2000 en Buenos Aires. Aunque se iban a ir a España en breve, no tenía miedo de que su amor se fuera a enfriar, pues la familia Monteblanco también se mudaría a la capital española.

Al día siguiente, Dámaris llamó a Mildred para comunicarle su viaje ese mismo día; su mejor amiga le sorprendió al contarle lo mismo.

MILDRED: Te me adelantaste, queridita…

DÁMARIS: Qué casualidad, che. Pues vámonos todos juntos. Al fin y al cabo, somos una gran familia, ya que pronto se casarán Mateo y Scarlet.

MILDRED: Eso mismo pensé yo. Está bien. Nos vemos en el aeropuerto de Buenos Aires a las once de la mañana, justo a la entrada. Chao, guapa. Nos vemos.

DÁMARIS: Pa’ guapa, vos, reina. Ciao, nos vemos en breve.

Dámaris estaba radiante de ilusión por emprender el viaje a Europa.

Elio estaba deseando volver a Madrid; para él era una ciudad en la que le gustaría casarse y formar una familia en un futuro. Su gran pasión era la música e intentaría hacerse un hueco en el mundillo de la canción, donde a veces tan sólo se apreciaba el físico de las personas y no el talento, como por desgracia pasaba en algunas ocasiones.

Las familias Monteblanco y Vega se reunieron como habían acordado previamente en el Aeropuerto de Buenos Aires, donde a las dos de la tarde comieron, y una hora después, el avión despegó rumbo a España.

Rubén Bustamante se sentía un poco agobiado con tanto trabajo. Apenas podía dedicarle tiempo a sus padres y hermanos. Los Bustamante eran una bonita y numerosa familia argentina. Tenía diez hermanos, todos ellos varones, por lo que su madre, una bella mujer de nombre Esmeralda Quintana, soñaba con tener una hija, deseo compartido por su flamante esposo, un banquero afortunado del que su nombre indicaba ser un hombre de éxito: Zafiro Bustamante. Había sido padre de diez varones. Se llamaban: Rubén, Ismayá, Mauri, Aquiles, Samuel, Álex, Julián -alias “Chechu”-, Guillermo José –alias “Williche”-, Cristian, Flavio y Moisés Daniel -alias “Moidani”-.

            A Rubén le gustaría estar en Madrid, lo que comentó con su padre, que le dio una buena noticia: en pocos días le enviaría a la capital de España por negocios del banco, añadiendo que, si era su deseo, podría quedarse tras resolver las gestiones correspondientes. Esto alegró en gran manera a Rubén, que preguntó a su progenitor con quién iría, a lo que éste contestó que iría con Samuel, lo que alegró al emprendedor muchacho, pues Samuel era el hermano con quien mejor se llevaba. Justo en ese momento entró Samuel, informando de que Mari Lupe, Marisela y Eliana ya habían preparado la comida.

ZAFIRO: Está bien, vamos a comer. Marcharán a Madrid mañana mismo…

RUBÉN: Como vos quieras, papá. ¡¡¡Que nos vamos pa’ Madrid, Samuelete!

SAMUEL: Por mí encantado de viajar con vos, hermanazo.

Las mujeres mencionadas por Samuel eran Mari Lupe Gálvez, Marisela López y Eliana, las mucamas de la familia Bustamante.

            En el avión rumbo a España, Isaías y Elio hablaban de su pasión en común: la música. Isaías auguró al hermano de Mildred un gran futuro brillante en la música, lo que el chico agradeció.

            América Monteblanco era la primera que se había marchado a Madrid pues ya tenía trabajo. Era una peluquera titulada. Tenía 26 años y se fue a España en el mes de marzo. Vivía en un apartamento pequeño en el barrio de Fuencarral. Prefirió eso a irse a la mansión ella sola, lógicamente, ya que era muy grande para ella irse sola allá. La mansión madrileña de los Monteblanco estaba situada en Torrejón de Ardoz.

            Rocío Bustamante, prima de Rubén y sus hermanos, vivía en Loranca, una urbanización cercana a Fuenlabrada, Tenía 26 años y vivía de las rentas. Estaba esperando sin impacientarse la herencia que le había dejado su abuela, Catalina Luarca de Bustamante. Pero no tenía prisa. Como tenía bastante tiempo, lo dedicaba a estudiar idiomas como el italiano, que le apasionaba. Se había propuesto irse a Italia en verano aprovechando los meses de calor. Era morena, de estatura media -1,72-, tenía el pelo liso y unos preciosos ojos verdes. Se parecía físicamente a África Villarreal, a quien conocía, ya que su tía Esmeralda era hermana de unas amigas suyas llamadas Regina y Cynthia.

            Durante la comida de los Bustamante, Zafiro comunicó a la familia que Rubén y Samuel se iban a Madrid al día siguiente.

ISMAYÁ: ¿Van a la mansión de Loranca o al departamento del Retiro?

RUBÉN: Vamos a la mansión los primeros días, porque así estaremos más cerca del banco, pero la semana que viene iremos al departamento del Retiro para estar más cerca del centro.

SAMUEL: Sí, así estaremos más cerca del centro y podremos salir de boliches por Huertas, Sol, Gran Vía… (En tono divertido)

ISMAYÁ: Hay que ver Samuel, cómo te va la marcha. Sos de lo más divertido. Con vos Rubén no se va a aburrir.

RUBÉN: Che, Ismayá, ¿por qué no te venís con nosotros? Al fin y al cabo, vos también trabajás en el banco. Papá, ¿podría venir?

ZAFIRO: Eso como vos quieras, Rubén, si ves que lo van a necesitar, que se vaya si quiere. Tiene mi permiso. Si vos querés, claro, Ismayá.

ISMAYÁ: Yo quisiera, pero tengo asuntos pendientes que atender. Quizá vaya, pero no mañana. Pero sí tengo ganas de estar allá y poder ver a Rocío y a la abuela, eso sin lugar a dudas.

            Sevilla Puerto De Bustamante era la abuela de Rubén y sus hermanos. Era la madre de Zafiro. Vivía en Madrid, en Loranca, cerca de la bella Rocío. Sevilla era vivaracha y alegre. Tenía una gran pasión: jugar al ajedrez con su nieta Rocío, quien ese mismo día fue a jugar con ella, llevando unas gafas negras que usaba sólo en algunas ocasiones puntuales.

            En el avión, Dámaris expresó a Mildred su deseo de encontrar novio en España.

DÁMARIS: ¿Sabés?, me gustaría vivir un amor de telenovela: con enredos, pasiones desatadas, celos, intrigas… Pero eso sí, con final feliz.

MILDRED: ¿Y cómo te gustaría que fuera él? Tu prototipo de hombre, me refiero…

DÁMARIS: Me gustaría un pibe alto, delgado, de ojos negros que electricen al mirar, no sé, romántico, cariñoso…

MILDRED: Ya deja de soñar. Si encontrás un hombre así, será porque el destino te querrá premiar… ¿Crees en el amor a primera vista?, es decir, ¿crees que podrías vivir un flechazo?

DÁMARIS: Pues sí. Pero eso nunca se sabe.

Por la noche, Rocío recibió la llamada de su primo Samuel, quien le informó que al día siguiente partirían a Madrid, lo que alegró a la bella joven, que le preguntó a su atractivo primo dónde se alojarían.

SAMUEL: En la mansión de Loranca, evidentemente para estar cerca de vos y de la abuela.

ROCÍO: Qué bueno, qué bueno. Cuando lleguen me llaman para vernos, ¿okey?

SAMUEL: Claro prima. Nosotros te marcamos. Besitos, preciosa.

Después de hablar con su primo favorito, Rocío llamó a su abuela, que se alegró mucho al saber que Rubén y Samuel iban a pasar una temporada en Madrid.

            Al día siguiente, los Monteblanco llegaron a Madrid después de doce largas horas de vuelo. Se fueron directamente a la mansión, que se hallaba en Torrejón de Ardoz; los hermanos Vega se fueron a casa de su prima Ámbar, donde vivirían desde ese día. Al volver a verlos, la bella Ámbar se emocionó y se dieron un gran abrazo colectivo. Al entrar en la casa, Ámbar les dijo que tenían que repartirse las habitaciones como pudieran, ya que la casa no era muy grande, por lo que Mildred propuso a todos irse al piso de arriba, que era propiedad de la familia. Ámbar replicó que a ella no le molestaba, pero que subirían todos juntos, ya que habían estado bastante tiempo separados.

ÁMBAR: Pues vamos a trasladar las cosas al piso. Yo recojo lo mío.

SCARLET: Te ayudamos, prima.

ÁMBAR: Gracias.

            Rubén y Samuel llegaron a España un día después que los Monteblanco, que ya se habían visto con los familiares que llevaban tiempo sin ver. Entre tanto, René comentó a su esposa que en unos días se iría a trabajar a Cádiz. Mientras, los chicos comenzarían su nueva vida en la península ibérica. Raquel consultó a su suegra, Alfonsina Sevilla Viuda De Monteblanco si se podía quedar con sus hijos para que no estuvieran solos, lo que la vivaracha y alegre mujer aceptó encantada, pues desde siempre había adorado a sus nietos.

            Dámaris fue con su amiga Mildred al Corte Inglés de Callao una semana después de llegar a Madrid, es decir, el 19 de abril. Allí se encontraron con Elio, que desde hacía mucho tiempo estaba enamorado de Dámaris, pero no se atrevía a decírselo. Elio iba con Scarlet y Mateo, que estaban por la Gran Vía, echando currículums y rellenando solicitudes de trabajo donde así les era requerido.

Rubén resolvió en pocos días las transacciones bancarias que le había encomendado su progenitor, tras de lo cual se fue con Samuel y Rocío al piso que se encontraba cerca del Retiro, a fin de estar más cerca del centro de Madrid, como habían planeado previamente. Rocío se quedó con ellos para pasar una temporada con sus primos.

Alfonsina Sevilla fue acompañada al médico por América, quien se había empeñado en acompañar a su abuela, que estaba algo delicada de salud, pues padecía migrañas a diario; mientras, Mildred y Dámaris regresaron pronto a sus casas, pues al día siguiente, la hija de René comenzaría a estudiar Fotografía como era su sueño; Mildred, por su parte, comenzaría a estudiar Periodismo en la Universidad de Getafe.

Esmeralda Quintana De Bustamante se encontraba nerviosa. Deseaba que el destino jamás les volviera a cruzar con la familia Monteblanco, a cuyos miembros despreciaba por problemas en un pasado remoto que habían tenido entre las dos familias. Habían tenido enfrentamientos muy duros por la muerte de un tatarabuelo de la familia Monteblanco, razón por la que Esmeralda no quería saber nada de tal familia.

            Ismayá Bustamante comentó a Mauri que se iba a Madrid a pasar unos días, pues él no estuvo presente en la cena en que se habló el tema. Mauri, a su vez, le comentó que estaba un poco quemado, ya que su padre no entendía por qué no quería trabajar con él en el banco. Mauri trabajaba en una fábrica de muebles, lo que no gustaba nada a Zafiro Bustamante, que odiaba que uno de sus hijos trabajara en un oficio de clase obrera, y es que, al igual que su esposa, tenía mucho desprecio hacia la gente humilde. Era su gran defecto.

Andrés David Villanueva vivía solo en su piso del castizo barrio madrileño de La Latina. Tenía 20 años y trabajaba como reponedor en un supermercado cercano a su hogar por las mañanas; por las tardes estudiaba para ser administrativo. Era castaño, 1,71 de estatura, delgado y guapo. Tenía dos hermanos y una hermana. Se llamaban Alejandro, Ismael y Sol Estrella. Alejandro tenía 33 años, Ismael 24 y Sol Estrella 22. Ellos vivían con su abuela, Soledad Villanueva, que tenía en su casa a su hija Margamariana, quien guardaba un secreto muy grande: Andrés David era en realidad hijo de Zafiro Bustamante, lo que nadie sabía excepto Soledad y ella. Andrés David era muy egoísta, quería la casa para él solo, desde que amenazó de muerte a su abuela si no le cedía la casa, y así pasó a su nombre. Andrés David era fiero y despiadado, odiaba a sus hermanos y no podía querer a nadie que no fuera él mismo.

            Mauri Bustamante deseaba irse de la casa familiar, desaparecer, irse a vivir independientemente, donde sus padres no lo amargaran con sus prejuicios sociales y clasistas, lo cual le irritaba mucho. Tenía el apoyo de sus demás hermanos en cuanto a su oposición a trabajar en el banco, del que su padre era el director. Y se marcharía, tarde o temprano, pues ya no aguantaba la presión a la que le sometía su padre, que intentaba una y otra vez que dejara su empleo en lo que Esmeralda llamaba “barriobajera fábrica de muebles”; odiaba con todo su ser que uno de sus vástagos se mezclara con gente de clase inferior a la suya.

            Rocío se presentó en hora y media en el piso de sus primos Rubén y Samuel, que le propusieron salir de marcha esa noche, aunque fuera día de diario, lo que la nieta de Sevilla aceptó, no sin antes aclarar que iba a colocar su ropa en la habitación de huéspedes.

En ese mismo instante, Dámaris y Mildred llegaron a casa de Ámbar Vega y le comunicaron a Elio que iban a planear una quedada con todos sus amigos de Madrid y todos los primos que eran, lo que pareció muy bien a Elio, que les comentó que había ido a una discográfica en la cual le habían citado para una entrevista, por lo que su amiga y su hermana lo animaron y le desearon suerte, ya que sabían que su maqueta bien lo valía y estaban seguros de que triunfaría en los escenarios. Dentro de sí, Elio soñaba despierto que quizás en poco tiempo Dámaris fuera su novia, ya que era lo que más deseaba en la vida.

Mientras Rocío colocaba su ropa en el armario de su habitación provisional, Rubén recibió la llamada de su hermano Ismayá, que le llamaba para informar que esa misma noche saldría rumbo a Madrid.

RUBÉN: Estupendo. ¿Cuándo llegás a Madrid, hermanito?

ISMAYÁ: Pues seguramente a mediodía. Tenés que tener en cuenta que son doce horas. Salgo a las doce de la noche, hora de acá; lo que significa que a la hora de allá llegaré a sus doce del mediodía.

RUBÉN: ¿Te voy a buscar al aeropuerto entonces?

ISMAYÁ: Sí, yo te llamaré al celular cuando esté aterrizando.

RUBÉN: Okey, hermanito querido.

ISMAYÁ: Por cierto. ¿dónde están alojados?, ¿cerca de lo de la abuelita o en el centro?

RUBÉN: Estamos con Rocío en el departamento del Retiro.

ISMAYÁ: Ah, okey. Dale besos a Samuel y Rocío de mi parte. Nos vemos mañana. Besos a ti también.

RUBÉN: Ay mi hermanito besucón, cómo te quiero.

ISMAYÁ: Y yo a ti, loco. Te veo mañana. Ciao.

RUBÉN: Buen viaje. Cuídate.

ISMAYÁ: Gracias, hasta mañana.

RUBÉN: Chau.

Tras hablar con Ismayá, Rubén comunicó a Samuel y Rocío su llegada; Rocío se alegró mucho, pues era uno de los primos a los que más quería. Pero no solo eso. Rocío guardaba un gran secreto de mujer: amaba a su primo Ismayá como hombre desde hacía mucho tiempo.

            Por su parte, Isaías Monteblanco llevó un book personal de fotos a una agencia de modelos madrileña en la que tuvo mucho éxito, ya que Veva Vega le prometió llamarle para protagonizar un spot publicitario, lo que comunicó a su abuela, que se enorgulleció más que nunca de su nieto.

ISAÍAS: Aunque yo creo que ha sido un poco por enchufe, y eso que yo no quería que nadie conocido me ayudara…

ALFONSINA: Pero eso da igual, querido. El fin justifica los medios. Lo verdaderamente importante es que vas a trabajar en lo que has soñado siempre. ¿Y qué mejor que al lado de gente que te conoce desde que eras un renacuajo como es la familia Vega?

ISAÍAS: Tenés razón, abuela. Lo mejor es trabajar entre amigos.

ALFONSINA: Di que sí, chiquillo. Que los amigos verdaderos son los que siempre están ahí para ayudarte.

ISAÍAS: Claro, pero todos mis amigos no significan lo que vos para mí. Sabés que te considero mi mejor amiga.

ALFONSINA: Y tú sabes que yo te quiero mucho también, que, aunque seas mi nieto favorito, no menosprecio a ninguno de tus hermanos.

ISAÍAS: Es que eso estaría muy mal.

            Paralelamente, Dámaris le preguntó a Mildred si le apetecía salir esa noche.

DÁMARIS: Tengo ganas de salir por Huertas, por Chueca…

MILDRED: Mañana comienzas a ir a la Facultad para comenzar tu carrera de Imagen y Sonido; ¿y querés ir de juerga? Yo me apunto, pero mañana no habrá quien te levante, che.

DÁMARIS: No importa. Voy a mi casa y nos vemos a las diez de la noche en el Kilómetro 0, ¿okey?

MILDRED: Okey, nena. Nos vemos allá.

DÁMARIS: Ciao, reina.

Dámaris se fue tras despedirse por unas horas de Elio, Mildred y Ámbar, que acababa de llegar de su trabajo en Telefónica MoviStar.

            Por su parte, Rubén, Samuel y Rocío salieron del piso del centro y fueron en dirección hacia la boca de metro de la estación Retiro hablando sobre la familia Monteblanco, a la que tanto había odiado la familia Bustamante durante tantos años. En esos momentos no podían siquiera imaginar que los destinos de las dos familias se volverían a cruzar de manera irremediable.

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